El asesino está entre nosotros

Por JESÚS SUÁREZ

‘El asesino está entre nosotros’ era el título que el gran Fritz Lang tenía pensado para su primera película sonora, una vez que el director alemán había revolucionado el lenguaje cinematográfico con ‘Metrópolis’. Al parecer, para no herir las susceptibilidades del partido nazi —los intolerantes tienden a ser ligeramente susceptibles— el título fue cambiado por ‘M, el vampiro de Düsseldorf’. La película cuenta la historia, en un resplandeciente blanco y negro y con la soberbia interpretación de Peter Lorre, de un psicópata que asesina niñas y es perseguido sin tregua por toda la comunidad.

El giro que han dado las investigaciones de la desaparición de los niños Ruth y José nos hace recordar aquello que alguien dijo sobre la banalidad del mal. Sólo la justicia resolverá si José Bretón asesinó y quemó a sus propios hijos, pero esta tragedia nos hace pensar sobre el rostro del crimen. Como en el cine, también en la vida real nos gustaría que los villanos fuesen personas físicamente repulsivas, cuya maldad se reflejara en su rostro, que no nos dejaran ningún resquicio para la duda o la compasión. Pero la realidad es que Bretón, como Peter Lorre en la magnífica película de Lang, parece un personaje apocado e inofensivo, incapaz de cometer los terribles actos que los indicios y pruebas parecen presumir.

Hay abismos de ignominia a los que las personas relativamente normales (toda normalidad es siempre relativa) no queremos asomarnos. Somos incapaces de comprender los mecanismos mentales que pueden llevar a una persona a matar a sus hijos, a aquellos a los que ha visto nacer, a los que ha acompañado a lo largo de su corta vida. No podemos saber si son enfermos, si no dominan sus acciones o si son simplemente unos malvados. Y el caso de los niños de Córdoba nos horroriza cuando nos percatamos de que el asesino puede estar entre nosotros y que no hay ningún signo externo que lo delate, o que tan siquiera nos avise.

Pero ‘El vampiro de Düsseldorf’ no es una simple historia de asesinatos y persecuciones. También nos enseña que la sociedad no debe comportarse tan abyectamente como los criminales. A pesar del dolor y de la rabia, el triste destino de Ruth y José no debería hacer que olvidemos la justicia y la decencia.

Deja un comentario con tu nombre

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .