«La ética de la atención» / Reseña de ‘La inclinación justa’, de Luisa Pallarés

Ina Olvera, poeta y artista mexicana afincada en Madrid, reseña el último poemario de Luisa Pallarés, ‘La inclinación justa’ (Editorial Dilema, 2022), un libro de los que «nacen de la propia vida —que escriben al autor como el autor los escribe a ellos—» y, a la vez, «de los que no se rigen por el tiempo de la novedad, sino por el péndulo de la memoria».

LA ÉTICA DE LA ATENCIÓN

Por INA OLVERA

«Con ochenta y tres años mi madre tuvo un ictus, ya no podía cuidar de mi padre, impedido físicamente por un accidente de tráfico, y hubo que ingresarlos en una residencia. Del impacto ante la nueva situación y de la observación de los ancianos que allí vivían nació este libro». De esta manera, la autora, Luisa Pallarés, nos cuenta el origen de La inclinación justa: siete años de visitas, de conversaciones anotadas, de frases recogidas al vuelo, de espera, pero no fue hasta que su madre murió que comenzó con la escritura de este libro. Esa demora no es anecdótica, es ética. Crea la distancia necesaria entre el dolor y la escritura, entre la proximidad y la ternura de la forma.

El resultado es un poemario que dialoga con una tradición de literatura que sabe que la compasión también es inteligencia, como los diarios de Phillippe Jaccottet junto a su padre moribundo, como los poemas de Wisława Szymborska sobre los cuerpos que envejecen sin dramas. La inclinación justa nos instala en un espacio —una residencia de noventa habitaciones— que funciona no como un escenario, sino como cámara de resonancia: de la memoria, del deseo, del deterioro y del afecto. No se encuentra aquí el tremendismo que mira la vejez desde fuera, ni la distancia aséptica del observador clínico. Pallarés escribe desde la altura moral de sus presencias.

La fuerza de su estilo está en la condensación. Algunos de los textos funcionan como aforismos narrativos, poemas en prosa, pequeñas escenas de intensidad inesperada. En pocas líneas aparecen el amor, la culpa, el miedo a caer, la necesidad de compañía y el deseo de no desaparecer. «Si tú caes me quedaré sin esquinas», escribe. «¿Dónde iremos cuando se ha caído / todo lo que ordenadamente amábamos?». Son preguntas que la poesía formula sin pretender responderlas, porque la poesía —recordaba Baudelaire— revela la profundidad de la vida en cualquier espectáculo ordinario que tengamos ante los ojos. Así, una planta en una ventana, una canción, una silla empujada con ternura, se convierten en símbolos no forzados, rescatados para significar.

La segunda parte afina el tono. El miedo se pasea entre los versos como un animal doméstico, que convive en un terreno conocido. Pallarés lo nombra sin artificio y al nombrarlo lo humaniza. Y frente a la violencia de la pérdida, propone lo que podría llamarse, con Simon Weil, una ética de la atención: más que un consuelo fácil, una manera de permanecer, con cuidado, con lealtad, con una ternura que no rebaja.

La inclinación justa no es de reciente aparición, permanece en el tiempo silencioso que la poesía elige para aparecer-se, como los libros que nacen de la propia vida —que escriben al autor como el autor los escribe a ellos— que no se rigen por el tiempo de la novedad, sino por el péndulo de la memoria: ese movimiento que recobra la vida, la reordena, la reescribe para que entonces nos sostenga.

Estos textos encontrarán a su lector cuando él lo necesite, no cuando lo dicte ninguna agenda, porque La inclinación justa más que embellecer la vejez, la vuelve legible. Coloca al tiempo del no-tiempo en el centro de la experiencia humana, esa experiencia avasallada por el discurso de la juventud, la rapidez o la utilidad, dejando tras su lectura una forma extraña de gratitud: la de haber leído un libro que sabe acompañar la intemperie sin negarla.

Luisa Pallarés estudió tres años de filología y se licenció en Bellas Artes. Ha publicado los libros de poesía Dos vidas, Tiempo fiel y 1977, este último ha sido objeto de estudio por los alumnos de la asignatura de creación literaria de los alumnos de la UNAM (México DF) y leído en el teatro La Puerta Estrecha y en el teatro Pradillo por el grupo de teatro Cambaleo, en Madrid. La inclinación justa sigue la tendencia iniciada con 1977 de contar una historia sin salir del universo de la poesía.

La colección El Sexto Arco, de la editorial Dilema, está dirigida por Antonio Ortega y en ella tienen cabida muy distintas voces de la poesía actual. Sus libros siempre permanecen en catálogo.

 

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