El Gatopardo

Por JESÚS SUÁREZ

Todos recordamos la primera vez que vimos El Gatopardo, la espléndida película de Luchino Visconti en la que cobraban vida los personajes que creara Giuseppe Tomasi di Lampedusa. La película, como en su día hacía la novela, narra la decadencia del Antiguo Régimen, sacudido por la Revolución de Garibaldi y el nacimiento del nuevo orden en el que la clase emergente, una burguesía enriquecida y vanidosa, quiere dictar las normas. En la película algunos quedaban impresionados por la serena elegancia que despliega el Príncipe Frabrizio de Salina, encarnado por un Burt Lancaster en una de sus más memorables interpretaciones. Otros quedamos cautivados por la turbadora presencia de Claudia Cardinale, capaz de detener la pantalla cuando se muerde el labio, ese gesto breve y sensual cuyos ecos llegan hasta la Anastasia Steele de las Cincuenta Sombras.

La frase más recordada de ‘El Gatopardo’, cínica y pragmática a la vez, pertenece al Príncipe. Cuando le ofrecen la posibilidad de ser senador en la nueva Italia él rechaza la oferta, alegando que está demasiado ligado al pasado y que ‘es necesario que todo cambie para que todo siga igual’. Nunca la política, en el sentido más abyecto de la palabra, fue resumida de forma certera.

Y en España, azuzados por el miedo al rescate y el inminente descalabro del Estado del Bienestar, se lleva tiempo hablando de racionalizar la Administración, de plantear un nuevo modelo de territorio y no sé cuántas cosas más. En toda esa palabrería se percibe un sustrato muy lampedusiano: se quiere cambiar todo para que todo siga igual, es decir, para que sigamos teniendo más políticos de los que nos podemos permitir. Y, en el camino, los cráneos privilegiados que nos gobiernan pretenden liquidar las Juntas Vecinales, única Administración que no supone ningún gasto para el sufrido contribuyente y que son gestionadas de forma desinteresada.

Con este panorama, con nuestros gobernantes atornillados a la poltrona, no sé por qué alguien se extraña de que los indignados quieran ocupar el Congreso. Yo optaría por volatilizarlo, como en las películas de marcianos, pero entonces Cospedal me llamaría golpista. Quizás ella debería bailar un vals con el Príncipe Frabrizio, y relajarse. Están tensos con esto de la crisis.

Un Comentario

  1. Claro que me acuerdo de la primera vez que la vi: en el cineclub de la facultad de empresariales, en los jardines de San Francisco.

    De lo demás, casi casi prefiero ni opinar, que me pongo malo.

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