El Día de la Raza

Por SERGIO JORGE

Se cumplen hoy exactamente 76 años desde que la Universidad de Salamanca acogió uno de sus acontecimientos más oscuros. También de la historia de España. Fue el día en el que Miguel de Unamuno, entonces rector de la institución salmantina, presidía la fiesta de la Raza en el Paraninfo y no pudo menos que responder a los insultos de Millán-Astray, exaltado y animado por el apoyo de decenas de falangistas.

El diálogo entre el pensador asentado en Salamanca y el militar, con la unión de España y la crítica al País Vasco y Cataluña como punto de discordia, marcó lo que iba a ser una fiesta en la que estaba presente todo el poder emergente, el falangista.

“¡Muera la intelectualidad traidora! ¡Viva la muerte!”, llegó a decir Millán-Astray, en clara alusión a un Unamuno que, después de estar varios años en el exilio, ya había demostrado que su compromiso con el país no le había impedido cambiar su opinión respecto a la dictadura y a la República, una constante en su obra, que giró siempre sobre las dudas sobre todas sus creencias.

La respuesta del poeta no se hizo esperar: “¡Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis, porque para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho”.

Así terminó una de las alocuciones más famosas de la Historia de España, en la que se pone de manifiesto la eterna lucha entre la sabiduría y la ignorancia, la justicia y la violencia, la razón y la intolerancia. Un encuentro que no acabó en tragedia por la intervención de Carmen Polo, que detuvo a algunos militares falangistas, ya a punto para asesinar al rector. Pocas horas después, Unamuno sería expulsado del Ayuntamiento de Salamanca, donde era concejal, así como del Rectorado, por imposición de Franco.

El autor de ‘La tía Tula’ jamás se recuperó de esta afrenta, en la que se dio una estocada no sólo a su persona, sino a toda la intelectualidad española, la que exigía un cambio en el país, pero que nunca pensó que todo iría a peor tras el golpe de Estado franquista.

Ese ‘Venceréis, pero no convenceréis’, que fue utilizado décadas después por el Ayuntamiento para otros menesteres menos entendibles, fue el último grito de rabia que se pudo hacer en la capital del Tormes, la primera ciudad en la que Franco estableció su poder.

En estos tiempos en los que se continúa en la zozobra nacionalista (por todos los lados), las palabras del creador de ‘Niebla’ vuelven a estar de preocupante actualidad. ¿Vencerán los que, con el poder en las manos, quieren silenciar a la sociedad? ¿Convencerán a alguien los que se creen por encima del bien y del mal?

Acerca de Sergio Jorge

Fundador y coeditor de Tam Tam Press. Más en @sergiojorgeLNC.

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