Por ELENA SOTO
En los cristales los átomos se ordenan según patrones repetidos que forman simetrías. Este orden regular, que es común en gran cantidad de sustancias, sirvió para que se estableciera una regla básica: “Desde el punto de vista químico, los sólidos se clasificaban en cristalinos y amorfos”. Pero contra todo pronóstico, en 1982, el cristalógrafo Daniel Shechtman observó al microscopio electrónico una aleación con una estructura considerada imposible, al menos hasta entonces. El primero en cuestionarse el hallazgo fue él mismo: “Una criatura semejante no puede existir”, pero estaba allí. Romper con este dogma de la Química le supuso la burla de buena parte de la comunidad científica y a punto estuvo de costarle su puesto de trabajo.
Unos años más tarde dos investigadores relacionaron los resultados de Shechtman con previsiones matemáticas anteriores y al llevar a cabo análisis de otros materiales comenzaron a observar patrones muy parecidos. El descubrimiento de Shechtman confirmaba las predicciones realizadas anteriormente por algunos matemáticos.
En la naturaleza se encontró por primera vez en 2009 cuando analizaron un mineral encontrado años antes en el cauce del río Khatyrka (Rusia). Actualmente se sintetizan cuasicristales en laboratorios de todo el mundo.
A partir del descubrimiento de Shechtman sabemos que existen estructuras regulares pero no periódicas en la materia, los cuasicristales, cuyas estructuras atómicas se asemejan al diseño de los mosaicos de la Alhambra de Granada.
En 2011, Shechtman recibió el Premio Nobel de Química por haber descubierto un nuevo tipo de material que desafiaba los conocimientos científicos vigentes hasta entonces.
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En el límite del cristal, en el límite del ars magna
En el cauce del río Khatyrka
cubierta por el musgo
yace dormida la piedra de la locura,
los salmones en el desove la rozan con sus lomos.
Como un verso,
al borde del ars magna,
la simetría prohibida
se unge con esferas diminutas
suspendidas entre el cristal y el no cristal,
–el cuasicristal–
en un reino mineral anfibio
donde descansan los sólidos que se creían imposibles.
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Genial vídeo explicativo:
Muy bueno Elena.
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Me parece que ésta es una de las secciones más bonitas de la revista Tam Tam… Poesía y Ciencia… por Elena Soto… SÍ!
SHI
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Estoy totalmente de acuerdo contigo Elo. Cada colaboración la disfruto más que la anterior. Nada descabellada es esa simbiosis de poesía y ciencia, y Elena hace una maridaje con mucho arte.
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A Luz, contentísima de que te guste (éste, tiene mucho que ver contigo). Al Pájaro (la mezcla es un poco Bacterio, pero como no llego la ciencia en fórmulas númericas, se me ocurrió de esta manera. Y, Elo, la que hemos liado, ya me veo revisando los cuadernos de apuntes -tengo poemas, medios poemas, frases…que he ido escribiendo después de entrevistas de virus, bacterias, átomos, láseres… – porque algunos los terminé, pero otros han quedado esperando… Un abrazo chic@s.
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ja ja jaaaaaaaa Me encanta liarla y que te líes… es/eres maravilloso/maravillosa!
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Elo, el que he estado editando hoy, Rajarshi Roy (físico que experimenta sistemas caóticos y otras hierbas) en una de las preguntas que le hice sobre los estados de quimera en física me contestó:.
«Una quimera es un animal mitológico que combina diferentes aspectos incongruentes en una sola criatura -cabeza de león con cola de serpiente-. En los sistemas físicos se puede tener en un mismo sistema, simultáneamente, sincronización y no sincronización y ésta es una de las propiedades de los sistemas dinámicos más sorprendentes. Uno de los ejemplos son los delfines que tienen una parte del cerebro que duerme mientras la otra está despierta, dos estados simultáneos en el mismo sistema. Una parte, la del sueño de ondas lentas, está sincronizada y la otra parte, la que está despierta, no. Este sería un ejemplo de estado de quimera en neurociencia.
Las quimeras e incogruencias no deben de ser tan malas como nos las habían pintado.
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Pues claro que noooo….. sobre todo porque esto supone abrir puertas a otros mundos, o a otras dimensiones, o a otros aspectos de la realidad no menos importantes por no vistos, o no conocidos, o no intuidos… uf! Todo esto me resulta fantástico y apasionante, nenita
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Esto es de las pocas cosas que tengo claras. De todas formas, en breve te veo introducida en la ‘secta’ científicopoética.
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Hummmmm…. no sé yo, odio las sectas… Pero guardo como oro en paño ‘Big Bang’, un librito plateado de Severo Sarduy (Tusquets, Barcelona, 1974… lo compré después, claro), del que te reproduzco un poema ad hoc para vos, que no sos precisamente alquimista, sino druida:
«EL AGUA une sus vidrios, cubre los rombos negros. Sobre el azulejo van
apareciendo las sombras, los gestos, el rondel de las cúpulas.
Ya repercuten
los oros, los rostros visibles a cada golpe de agua.
En los jardines negros
entre columnas húmedas,
los conos de las tumbas.»
Creo que fue este librito el que me introdujo, hace mil años, en las cosas del querer… kuántico.
Más del ‘Big Bang’ de Sarduy (1974):
«Cangrejo
Desde hace algunos años la nebulosa del Cangrejo era conocida como fuente de rayos X, pero el descubrimiento del pulsar óptico del Cangrejo, en 1968, llevó a H. Friedmann, del Naval Research Laboratory, a un nuevo análisis de sus resultados. El astrónomo encontró que un nueve por ciento del flujo X de la nebulosa se emitía en forma de pulsaciones. La energía de cada pulsación es equivalente a la que nuestra civilización pudiera producir, en forma de electricidad, durante diez millones de años. (…)»
Te adoro!
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¡Qué bueno! No lo conocía, estos versos son magníficos.Tengo que buscar el libro. A mi siempre me ha gustado mucho El Big Bang, del Canto Cósmico de Cardenal,.y éste me encanta. Creo que lo volveré a leer otra vez antes de ir a dormir.
Lo de las nebulosas ya es tema de otra galaxia…y en lo de las sectas totalmente de acuerdo.
No se me ocurre mejor despedida que la del otro Big Bang.
«Buscando,
(según el misterioso canto de la Polinesia)
ansiosamente buscando en las tinieblas,
buscando
allí en la costa que divide la noche del día…)
E. Cardenal
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