¿Dónde duermen las limusinas?

Por VÍCTOR M. DÍEZ

‘Cosmópolis’ es un poema enfermo, una dislocación de la percepción contemporánea de nosotros mismos. La precipitación de la hiperinformación y del economicismo hacia un abismo inevitable. El fin cocainómano del neoliberalismo como máscara de lo humano.

La insatisfacción permanente de un mundo que ha superado el umbral de la novedad y no tiene nada que llevarse a la boca. Si la película se les antoja retórica y retorcida, créanlo: el mundo en el que viven se parece a eso. Pueden retwitearlo y ponerlo en Facebook un millón de veces. Si el “careto” insoportable del protagonista les irrita, piénsenlo: ése quizás sea el tipo de rostro insoportable de su mundo. ¡Qué hallazgo, haber elegido al odioso vampiro de ‘Crepúsculo’!

Quizás sea una simpleza decir que Cosmópolis, la última película de David Cronenberg, es una metáfora del final del capitalismo. También ese título suyo, Cosmópolis, es una simpleza en sí mismo, y eso no oculta, a mi modo de ver, la complejidad que bulle en las entrañas de este interesante film. La poética de Cronemberg se basa en su capacidad de ponerse en el lado en sombra, para permitir ver la penumbra en que se sostiene lo aparentemente luminoso. Que “los malos” sostengan la narrativa. Esta catarsis inversa, ya ensayada por él en sus anteriores títulos (Promesas del Este, Una historia de violencia, Un método peligroso) pone en marcha, al menos, una vocación de complejidad que se agradece. En el crepúsculo de nuestra era sólo es posible un cine crepuscular. ¿Quién puede hoy ya resistir al “bueno”, plano de los westerns y de la mayoría de la basura audiovisual al uso?

La caída de Icaro. Ese personaje que en su viaje al centro de su destrucción va perdiendo las gafas, la corbata, la pasta, la chaqueta, se corta el pelo, pierde cualquier ilusión, asesina a su guardaespaladas, lleva merengue en la cara, se dispara en una mano (¿para ver, para palpar el agujero del clavo?)… Y se encuentra con la ruina aparente de la humanidad (genial interpretación de Paul Giamatti), un hombre putrefacto que recita a San Agustín, con una toalla sobre la cabeza, habla con un hongo de su pie y caga en un agujero hecho en su salón. Hay, como siempre en las películas de Cronemberg, sexo y violencia marca de la casa. Un tránsito a través de un mundo infecto, metido en una cápsula tan absurda (limo), como el mundo insonorizado que se intuye afuera. Qué bien contado está lo poco que les raspa nuestra ira. No les importa llamar rata a la divisa, estar enamorados de un artista patético como el “rapero sufí”, que muere (émulo de Lady Gaga o Madonna…). Viven en un mundo de dos ascensores (hoy Satie, mañana el rap) a dos velocidades, dependiendo del ánimo. Se quieren comprar la capilla de Rothko. Tienen maridos o esposas, como la del protagonista tan rica, tan bella, tan fría, tan maniquí, tan diluyéndose en el agua. Tan sin alma como el mundo del que se esconde enfermizamente.

Son curiosos en su patetismo los personajes: el genio adolescente de las finanzas, la farlopa y la tecnología, la filósofa contratada para una hora de charla trascendente, el doctor que hace la revisión diaria, la marchante erótica Binoche, el rapero negro de 200 kilos llorando como un niño, la guardaespaldas sin grasa, el peluquero metafísico o el chófer penitente. Uno pide por favor no ser uno de esos que llevan las ratas, ni el estúpido que colecciona tartazos en la cara de los poderosos (¡qué triste!). Y uno se ve, sin embargo, más como el verdugo que ha sido contratado, teledirigido, amamantado para ser quien ayuda a suicidarse al “mundo”. Rothko, el visionario suicida Mark Rothko es una clave para interpretar esta película. El otro día, en una conferencia, el escritor Iwasaki contaba que en Perú se le había preguntado a un chamán cómo veía él esto del fin del mundo de los Mayas. Será como todos los finales del mundo, dijo. Y ¿eso? El mundo terminará y se reiniciará igualito, pero distinto; respondió.

“Nadie odia a los ricos, todo el mundo cree estar a diez minutos de convertirse en millonario”, llega a decir el protagonista.

Deja un comentario con tu nombre

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.