Chinatown

Por JESÚS SUÁREZ

‘Chinatown’ es sin duda una de las películas más interesantes en la irregular trayectoria del realizador Roman Polanski, un espléndido ejercicio de cine negro en el que se entremezcla la corrupción política y empresarial y los oscuros secretos familiares. En la película destaca no sólo la sugerente presencia de Faye Dunaway o el gran trabajo de John Huston en su papel de magnate, sino también la sólida interpretación de Jack Nicholson, el cínico detective privado que va descubriendo la podredumbre que se esconde en las cloacas del dinero y del poder. Y otro personaje que sobrevuela la pantalla es Chinatown, el barrio Chino de Los Ángeles, donde todo empezó y donde todo termina.

Rajoy, como eje central de su estrategia contra la crisis, ha tenido la brillante idea de convertir España en Chinatown. El gallego que nos dirige —por decir algo— pretende conceder el permiso de residencia a los extranjeros que compren pisos por un importe superior a 160.000 euros. Como la mayoría de los inmigrantes no tienen ni para pagar la asistencia sanitaria que les han quitado este mismo año, parece que la medida va dirigida a otro tipo de extranjeros, como los chinos o los rusos, mejor vistos desde el poder, quizás porque son más trabajadores o más pudientes.

El Gobierno sigue dando palos de ciego. Lo mismo implanta abusivas tasas para exprimir a los que tengan la peregrina idea de litigar en defensa de sus derechos que se saca un conejo de la chistera para animar la alicaída situación del tan querido —para ellos— sector inmobiliario. Pero quizás no sea suficiente la concesión de la residencia, y al que compre una vivienda le otorgarán ventajas adicionales, como una sustanciosa rebaja fiscal (en la línea Eurovegas) o, directamente, el derecho de pernada. Aunque lo llamarán ‘ius primae noctis’, que queda más fino aunque sea lo mismo. Es lo que hace Montoro cuando nos habla de regularización de activos ocultos en lugar de amnistía fiscal.

Pero la propuesta nos hace preguntarnos para quién gobierna Rajoy. Y parece que siempre, entre los beneficiados, aparecen los mismos. En este caso, los señores del ladrillo, los mismos indocumentados que nos han llevado hasta aquí. Hay muchas formas de corrupción, no sólo las que Nicholson descubría en Chinatown.

 

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