Prosapiens (4)

pintura-surrealie

Cuarta entrega del poeta, ensayista y crítico literario uruguayo afincado en México, y que forma parte de un libro en curso –”un libro que escribo cuando me entra una especie de velocidad de ira”–, titulado ‘Prosapiens’.

Por EDUARDO MILÁN

Estaba el punto de ensayo sobre poesía ciego. La miraba sin verla. En aquel lugar del no decir, del decir poco pese a la profusión, a la procesión, palabras que quiebran, palabras fundidas al fuego de una fragua destinada al metal, al dinero del metal, no había mirada que se posara. Toda mirada da la vuelta cuando no hay estímulo evidente: limo, musgo, moho, cada uno en su lugar de adherencia, no llaman la atención. Las grandes detenciones en lo mínimo, la defensa entusiasmada del detalle que fue júbilo de un vínculo, la relación en sí misma como algo que la vida, vista no como fenómeno, permite cultivar como lo mejor de ella, los súbitos saltos que lo imprevisible ofrece a lo siempre previsto tendido como un mantel a cuadros rojos y blancos sobre el paisaje, una copa de vino que se cae hizo las delicias de un observador adolescente en su momento, están del lado negro de la infrecuencia. Todo se negocia, el decir se tuerce, sofocado, para que encaje. El viejo verso que ceñía materia para que no se derrame retorna por una nostalgia de época medida que atravesó épocas desmedidas. Desde el fuego que no se aprende. No es la nostalgia que convoca el estado de una escritura presente que se considere, no hay nada de ese hombre que añorar: la tendencia al registro está, una manera entre documental y ficción, equilibrio fino, tanta cantidad de agua, tanta cantidad de sal, poca pimienta, está. No hay allí quien todavía ensaye sobre poesía sin una libertad condicional: la del autor, la de la legitimidad escritural, la del lector que nunca es lo que se cree ni se espera pero cuya supuesta expectativa puede definir –y define– modos de escritura y modos de abordar temáticamente la escritura. Los ensayistas sobre poesía gozan poco. No escriben sobre afuera y autor, no escriben sobre adentro y autor: escriben sobre el autor y lo que deriva de él. El autor como proyector de áreas verdes, rector de álamos, piedra caliza y hormigas rojas, corregidor de una democracia falsa como un rey de hoy, olfato fino del dinero ilegal, oráculo de la ciudad donde acaba de temblar: testigo de escombros a distancia,  verificador de víctimas a intuición. El autor como acuarelista chirle. Y el ensayo, el modo idóneo de una época que  ensaya muy poco para lo que se presenta, última –no última, en realidad, hay más– gala de lo correcto en la lengua, perla incrustada, luz fósil –ostra, también puede ser una ostra que perdió el secreto– te conduce por el túnel húmedo donde la cucaracha alterna el reinado con la rata a la Real Academia, lugar de los bañistas de traje a raya, dueños del vértice, el vértigo amansado que ondea y la verticalidad a mansalva, se explaya. La esperanza de una escritura no frontal, horizontal por lo tanto, ronda mi aire. Una escritura que integre al autor pero donde el autor sea una referencia más, no la única ni la primera. ¿Una referencia más: qué quiere decir? Un ensayista.

Deja un comentario y fírmalo con tu nombre o no saldrá

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: