Prosapiens (6)

poetas_de_latinoamerica

Sexta entrega del poeta, ensayista y crítico literario uruguayo afincado en México, y que forma parte de un libro en curso –”un libro que escribo cuando me entra una especie de velocidad de ira”–, titulado ‘Prosapiens’.

Por EDUARDO MILÁN

Algo atraviesa la poesía, algo atraviesa la poesía latinoamericana en tiempos de crisis: la crítica a la poesía suele ocultar la crisis de esa poesía. No recuerdo haber leído un reconocimiento de crisis en la poesía latinoamericana. Salvo las posiciones de Huidobro —“la verdadera poesía nacerá”, etc— o ciertos manifiestos vanguardistas —martinfierrismo, algún texto de Girondo contra el idioma español, textos todos que anuncian un fin de poesía y su posible sustitución por otro comienzo de poesía—, reconocimiento de crisis y planteo de crisis no he visto. Raro. Se puede decir incluso, por la vía de algunos elaboradores finos de la situación del arte en la segunda mitad del siglo XX —un Hal Foster, un Rodríguez, un Boris Groys— que la situación del arte moderno es la permanente crisis. Pero no vi, en poesía, hablar de crisis, como si la crisis de la poesía no existiera. Si la poesía latinoamericana fuera una territorio y no la metáfora de un territorio hubo un olvido de lo que costó conquistarlo, de lo que podría llamarse su independencia poética (de la lengua española) y luego de su autonomía. La corta edad de esos períodos convulsos (fines del XIX, Darío, primeras décadas del XX, recepción y reelaboración local de las vanguardias) parece obligar a un pudor reflexivo sobre su estado: ¿una juventud tal y ya en problemas? El velo histórico levantado sobre su obligada continuidad fluida impide la consideración de la poesía latinoamericana dentro del marco de la poesía del mundo y, muy especialmente, su colocación en el ámbito general de los problemas del arte y su discurso.

Una ausencia recorre el subterráneo de la poesía latinoamericana. ¿Cabe hablar de subterráneo? ¿Hay algo que no se ve y prepara algo? ¿Algo que no se ve y define?

El mundo virtual sustituye el mundo de la ausencia. No es un mundo ausente. No es la ausencia del mundo. Es la ausencia en el mundo que la poesía moderna manejó como una gran característica de su habla. El reconocimiento de su crisis actual posibilitaría encontrar el hilo de la ausencia. Pero la crisis no se reconoce. ¿Cómo dar con la ausencia? El ansia de completud que habilita la virtualidad hace la mueca de soslayar, por un gesto, la brutal carencia de una cuarta o tercera parte de la humanidad. Pero es una mueca imposible. El lenguaje virtual corre por una vía paralela a la real carente.

La hipótesis de la ausencia es una certeza de la crisis. ¿Pero y si no hay crisis —la revelación de la crítica que no se desprende de la crítica sino que sirve para encubrirla, para desplegar ese arsenal verbal legitimador— y no hay más que cambio: un cambio en la vida de la poesía? ¿Qué se obtiene cuando se lee poesía latinoamericana, un cruce de añoranzas y de anhelos? O la aceptación de otro tiempo poético que ya está en ella. Si es así es probable que el arsenal reflexivo necesario para abordarla no sea el mismo con el que se abordó el tiempo anterior de la poesía —la metáfora del tiempo como barco probablemente tampoco opere por las mismas aguas— y una mirada en zigzag suponga otros ángulos de acercamiento para ¿el mismo ojo?

Deja un comentario y fírmalo con tu nombre o no saldrá

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: