Prosapiens (11)

images-1

Undécima entrega del poeta, ensayista y crítico literario uruguayo afincado en México, y que forma parte de un libro en curso –”un libro que escribo cuando me entra una especie de velocidad de ira”–, titulado ‘Prosapiens’.

Por EDUARDO MILÁN

Mis estudios sistemáticos sobre poesía entregan el siguiente resultado: se trata de una arbitrariedad elegida una cierta poesía, un tramo de las modernidades para acá. No todo interesa, una cierta poesía. “Entregan”: de ese modo se entregaría el equivalente a un capitán, después de la conquista esta es la espada, el equivalente a la espada, mi arma, mis amuletos, el anillo de mi dedo. A través de su hueco puedes ver el sol, a través de tu ojo puedes taparlo. Así empieza no: así no empieza nada, así es como sigue lo que venía, la historia de un sometimiento, una España, una América. Esto es como siempre: con sumo cuidado el uso de siempre, su posibilidad de coartada, su revés de guante blanco. Así, siempre pasa al caer la tarde el piadoso que pretende la ausencia de guerra pasada, ni la primera ni la segunda Irak, todas las Gazas. El buen deseo del buen capital, el honorable presidente negro. Menos el poema todo es mesías, el que rodeado de doce se sienta a la mesa. Yo le dije a Regis en aquella entrevista un año antes de su elección en plena campaña todavía: “Nosotros queremos”, los latinoamericanos, los hermanos de la fiebre en la delicia del delirio, sea en Francia, en Estados Unidos o en el antiguo México, el hospitalario, “nosotros queremos”. Pasa el crepuscular con el deseo hundido hacia atrás, en retroceso, el inventor de escrúpulos posibles, el abismo en la espalda. Fundamenta en la tolerancia excesiva el fundamento. Ningún hecho posee tal generosidad. Se revela lo arbitrario a medida en que el individuo asoma la cabeza del huevo, la cáscara hace las veces de pares de la aparición, el resto de una corte de extraña cortesía, el sofocamiento, su pedacería no cristalizada en el suelo, no polvo. De ahogos como ese muere el sin amor, muere el demasiada amado, la sonrisa apenas dibujada bajo la mirada celeste. Verdad: sin dioses somos poca cosa. Pero con dioses prácticamente nada: un destino cuando el viento es favorable, en el mejor de los casos favorables –el de los dioses–, hijos del polvo en el caso del dios. Lo arbitrario se muestra en el desvelamiento, en las velas reales –que se apagan– de armas. Strip-tease del espectro ante la mirada del mundo. ¿Una mirada del mundo? Sí, en la medida en que existe un espectro, en la medida en que existe un acto. Una mirada desconsolada. Ella quisiera cubrirlo todo, recubrirlo todo de naturaleza, hierba y piedras como la vieja japonesa que va a morir a la montaña. La escena del poema arropado, ya imposible. Es posible levantar templos arruinados –eso es lo que dice de un tiempo para acá. Dame tu mano, amiga mía. La cosa viene de letanía esta noche.

Deja un comentario y fírmalo con tu nombre o no saldrá

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: