‘Ginkgo biloba’, a la sombra de un árbol ¿milagroso?

Ginkgobiloba

Por ANTONIO MARTÍN

Esta semana han concluido las obras de peatonalización de la calle Azafranal de Salamanca, una de las principales de su casco antiguo. Junto a la vía, se ha modificado el entorno urbano de la plaza del Empresario, que está en uno de sus extremos. La obra ha suscitado la típica división de opiniones de este tipo de actuaciones urbanísticas. Los partidarios de restringir la circulación se congratulan porque la ciudad se vuelve más amable para el viandante. Los detractores suelen atribuir a la desaparición de los coches problemas de movilidad y perjuicios para el comercio. Nihil novum sub sole. Ya en los años 90, los tenderos de la calle Toro se manifestaron contra la peatonalización de la vía argumentando que sería el declive de sus negocios. Hoy, más que antes si cabe, es la arteria de tiendas de ropa y complementos de la ciudad.

Las peatonalizaciones suelen conllevar un aumento del arbolado en las vías, ahora recuperadas para el peatón. Retirados los vehículos, queda espacio para el verde. No es el caso general en Salamanca, cuyo Ayuntamiento suele restringir este tipo de decoración urbana a las vías principales y parques. En la plaza del Empresario sí ha optado por plantar ocho árboles. Concretamente, ejemplares de Ginkgo biloba, un árbol caducifolio procedente del Este asiático. Se trata de una especie alóctona, es decir, que no es propia de este ecosistema. Hubiera estado mejor escoger cualquiera de los árboles autóctonos de la región, esto es, los que no han sido importados de otros hábitats por el ser humano. En todo caso, los técnicos tendrán sus razones: de mantenimiento, de costes o, llanamente, estéticas. El Ginkgo biloba es un árbol de porte mediano y copa en forma de cono que, en plenitud, aliviará con su sombra algún sofoco veraniego. Cumplirá efectivamente su misión en este espacio urbano.

Sobre su tronco recae, no obstante, una fama por ahora inmerecida. Resulta que Ginkgo biloba es muy apreciado por defensores de la medicina natural. A sus activos se le atribuyen toda suerte de propiedades beneficiosas para la salud humana: retrasa el envejecimiento, favorece la circulación sanguínea… incluso se puede emplear en el tratamiento del alzhéimer. Eso defiende, por ejemplo, este portal de “salud, bienestar y tradiciones” (sic). Como ocurre otras veces en la denominada medicina natural, estas afirmaciones suelen tener poco sustento científico. Quizá detrás de todo ello esté su carácter de fósil viviente.

El Ginkgo biloba es el único representante de su género, familia, orden y clase. Una especie realmente única. Por ello, contiene algunos compuestos que no se hayan en ningún otro lugar de la naturaleza. Se da la circunstancia que estos compuestos han sido empleados en la medicina tradicional china y japonesa y de allí han saltado a herbolisterías y parafarmacias. Es fácil encontrarlo en España a la venta como suplemento dietético.

En octubre pasado, la web de noticias ‘Materia’ publicaba una información sobre la poca rigurosidad de los supuestos beneficios de este simpático árbol. En ella se referenciaba tres estudios científicos que, en poco más de un mes, habían rechazado ciertas propiedades curativas. Derrotados por la evidencia científica, la popularización del Gingko biloba como ornamento puede ser ahora una agarradera donde asirse los defensores de los por ahora poco probados beneficios para la salud de esta planta. En ciudades como Madrid, ya puebla importantes espacios públicos. Por ahora, lo mejor es quedarnos con su sombra.

2 Comments

  1. Acabo de encontrar esta más que curiosa anécdota sobre el precioso árbol ‘Ginkgo biloba’ en la Wikipedia:
    “Un año después del estallido de la bomba de Hiroshima, en la primavera de 1946, a cerca de un kilómetro de distancia del epicentro de la explosión, un viejo Ginkgo destruido y seco empezó a brotar, mientras que un templo construido frente al mismo fue destruido por completo. Para Hiroshima se transformó en símbolo del renacimiento y objeto de veneración, por lo que se le llama “portador de esperanza”. El árbol fue documentado y fotografiado como el ginkgo de la bomba atómica de Hosenbo en Hiroshima. Después del desastre se despertó la curiosidad en la ciencia médica por estudiar las propiedades curativas del Ginkgo biloba”.

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