Cerebros muy antiguos

Dibujos anatómicos realizados por Leonardo Da Vinci: un estudio del cerebro humano y el sistema nervioso.

Dibujos anatómicos realizados por Leonardo Da Vinci: un estudio del cerebro humano y el sistema nervioso.

Por ANTONIO BERMEJO PORTO

Lea todo lo rápido que pueda el siguiente párrafo: “Sgeun etsduios raleziaods por una uivenrsdiad ignlsea, no ipmotra el odren en el que las ltears etsen ersciats, la uicna csoa ipormtnate es que la pmrirea y la utlima ltera esetn ecsritas en la psiocion cocrreta. El retso peuden etsar ttaolmntee mal aun pordas lerelo sin pobrleams, pquore no lemeos cada ltera en si msima snio cdaa paalbra en un contxeto. ¡Presnoamelnte, me preace icrneilbe! ¡Ptua mrade! ¡Tnatos aoñs de colgeio praa ndaa!”

Este texto circula desde hace tiempo por la red y evidencia lo bien entrenado que está nuestro cerebro para determinadas aplicaciones. Sin embargo el cerebro humano es muy antiguo. Su evolución desde los primeros mamíferos similares a las musarañas hasta el homo sapiens culminó hace ya 200.000 años, y poco o nada ha cambiado hasta la fecha, apenas un tuneo del cerebro del homo habilis. De aquellos oscuros y violentos tiempos de caza, recolección y arrastre por los pelos de hembras hasta la gruta, el ser humano (en menor medida los ejemplares machos) ha ido adquiriendo una superestructura mental formada por la memoria colectiva y el sistema de valores, que incorpora pautas sociales no optativas contrarias a la libido que domina sus pensamientos y deseos. Desde Spinoza se sabe que no deseamos las cosas por que sean buenas, sino que las consideramos buenas por que las deseamos.

Para implantar con éxito el complejo axiológico en un cerebro tan primitivo es necesaria una rígida educación conductista determinante de que los niños estén constantemente recibiendo premios y castigos, y continuamente berreando por los segundos y clamando por los primeros. El niño tiene el hardware legado por los padres pero el software no viene incluido, por lo que los principios de propiedad y prioridad (esto es mío y yo lo vi antes) y el voluntarismo (quiero mi merienda y la voy a tener) rigen su conducta antisocial –que no procede de una enfermedad mental que remita con el tiempo, como se llegó a pensar– sino que es la más pura expresión de lo que verdaderamente somos: unos egoístas asustados.

Las reflexiones anteriores valen para comprender la causa de que cuando los adultos llegan a posiciones sociales, políticas o económicas de poder, al sentirse impunes, se desprenden de la superestructura de valores y vuelven a la feroz infancia y sus atavismos, llevándose a casa cuanto juguete encuentran y marcando jerarquías a base de garrotazos. Los demás sueñan con que la Ley, la poli y los jueces eviten el descarrío, pero con eso no basta, son demasiados y se encubren los unos a los otros. Cmoo nioñs que no dajen de jedor con la pleota.

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