‘Más allá del olvido’. Andrés Martínez Oria

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‘Más allá del olvido’
ÁNDÉS MARTÍNEZ ORIA
Astorga, CSED, 2013, 283 pp.

Por LUIS MIGUEL SUÁREZ
(astorgaredaccion.com — Contexto global)

Seis años después de su primera edición, se reedita, ahora bajo el sello de la editorial también astorgana CSED, la primera novela de Andrés Martínez Oria. Cuando apareció por primera vez, en 2007, Más allá del olvido obtuvo una buena recepción crítica (aunque quizás un tanto limitada): llegó a ser finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León, en competencia con otras obras de narradores consagrados como Juan Manuel de Prada o Luis Mateo Díez; y un prestigioso crítico la incluyó entre las diez mejores novelas españolas del año. Sin duda, sorprendió entonces la inusitada calidad de esta primera salida —al año siguiente aparecerían Silencio púrpura y El raro extravío del viajante Eterio en el pinar de Xaudella, redactadas con anterioridad— de un escritor por entonces prácticamente inédito, que luego alcanzaría una nueva cima con Jardín perdido (2009), su monumental novela sobre la saga de los Panero.

Releída, Más allá del olvido conserva la capacidad de fascinación que produjo su primera lectura. Narración rica y compleja, todo en ella —historia, personajes, estructura, estilo…— refleja una cuidadosa y meditada elaboración literaria. Construida en torno a un personaje, Egriseldo, y a un pueblo, Poimala, Más allá del olvido es, ante todo, la novela de la memoria. Egriseldo, personaje zarandeado por la vida, regresa años después —tras saldar sus deudas con la justicia y vagar por diversos lugares sin hallar nunca lo que busca— a su Poimala natal para encontrarse con un panorama desolador. Condenado a la soledad e incapaz de reintegrarse en una sociedad de la que se sabe definitivamente excluido, marcado por su culpa, solo le queda la memoria: “Regresar a Altiva no era volver al mundo de los vivos sino seguir instalado en el comodín de la memoria donde solo moraba la presencia de las sombras” (p. 14); “Adónde vas, Egriseldo, sin memoria, si es lo único que te queda, si es lo único que para lo que vives” (p. 204).

En esta tierra inhóspita y yerma, y finalmente abandonada, que ahora acoge a Egriseldo solo moran las sombras; pero son precisamente ellas las que activan la memoria: “¿Cómo saber quién le hablaba si Poimala estaba llena de sombras en permanente coloquio, si Poimala era un diálogo de voces entrecruzadas, si en Poimala hasta las piedras musgosas tenían su conversación callada” (p. 128); “Cuando los hombres abandonan una comarca, vienen a poblarla las sombras de los que moraron allí en otro tiempo, para que no se apodere de todo el vacío indescifrable. Y no se dejan ver así como así más que a algún hombre de fiar, un alma ingenua, un pensamiento limpio” (p. 266).

Narrados de forma fragmentaria, con continuos saltos del presente al pasado, los recuerdos de Egriseldo reconstruirán su propia vida fracasada y las vidas miserables de los otros habitantes de Poimala. Unas vidas marcadas por la pobreza, por los instintos primarios, el rencor y los odios atávicos de los que resulta imposible sustraerse, pues incluso el maleficio se cierne sobre aquellos que se aventuran a desafiarlos —véase, por ejemplo, la historia de Adonina Cañigueral y Crisanto Balangay (pp. 46-47)—. Estas circunstancias parecen condenar a sus habitantes a la huida, como hacen los más sensatos o los más decididos, o a una lenta muerte en vida, si deciden permanecer allí.

Entre los personajes que desfilan por estas páginas, todos bien perfilados y la mayoría dignos de conmiseración, destacan la simpática figura de Pin de Lis —hombre desdichado pero que intenta aferrarse a la vida—, Domiciano —el amigo y consejero leal, sustituto de la figura del padre— y  Antidio —encarnación del mal e inevitable antagonista de Egriseldo—; y algunas figuras femeninas —Lina, Clo, Quintila— que adquieren el perfil lábil y quebradizo de un sueño, una posible tabla de salvación a la que, sin embargo, resulta imposible aferrarse, pues Poimala parece pudrir también todos los sueños.

Situada en un territorio entre real y mítico —su entorno geográfico se corresponde casi siempre con lugares reales a los que se alude con su propio nombre (El Teleno, el Tuerto, Piedras Albas, la Somoza, la Sequeda…) o con nombres inventados (Altiva, Higueruela…)—, en Poimala se funden realidad y literatura. A esta dualidad obedece su propio nombre, que, por un lado, remite a un lugar bien conocido cercano a la comarca maragata (p. 196) y, por otro, a la mítica Comala de Pedro Páramo.

Este relato de Juan Rulfo, con el que guarda ciertas concomitancias claras, es uno de los referentes literarios fundamentales de Más allá del olvido. Pero también resuenan ecos más o menos explícitos de la Odisea (en cierto modo, como una anti-Odisea puede leerse la historia de Egriseldo), de la Ilíada, de Ausonio, del Cantar de los Cantares, de Juan Ramón Jiménez, del Quijote…Todos estos elementos cultos se fusionan con otros de la tradición popular como los relatos orales de los filandones con sus historias de aparecidos, licántropos, etc.

En cuanto a la técnica narrativa, la historia, como se ha señalado, se cuenta de forma fragmentaria, a través de distintas secuencias de extensión variable que reproducen —fundamentalmente en forma de monólogo— los vaivenes de la memoria del protagonista, cuya voz —a veces desdoblada— alterna con un narrador en 3ª persona. En estas secuencias destaca la mezcla de presente con el pasado, de lo real con lo imaginado o lo soñado, lo que, a veces, envuelve ciertos detalles en un halo de ambigüedad y de misterio, que constituye sin duda un atractivo más de la historia.

Por último, el estilo constituye un magnífico ejemplo de riqueza lingüística y capacidad verbal. El léxico culto alterna con el popular y con las voces dialectales, el hablar vivo y directo de los personajes con la prosa elaborada de las descripciones o los arranques líricos del protagonista. De hecho, muchas páginas constituyen una hermosa muestra de prosa poética, con un marcado ritmo conseguido a través de diversos recursos sintácticos (anáforas, paralelismos…).

En suma, todo ello deja patentes las virtudes literarias de esta extraordinaria novela. Solo cabe desear que en esta segunda salida editorial alcance la difusión que merece.

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