No es la austeridad

"Usura".
“Usura”.

Por JUAN GONZÁLEZ VIZMANOS

No es la austeridad, es la avaricia lo que nos está crispando. No es la austeridad, es la injusticia social lo que nos está matando. La avaricia y la injusticia social van de la mano. La avaricia de unos malos gestores (financieros, políticos, empresariales), en quienes confiábamos, nos ha dejado un montón de deudas que tenemos que pagar entre todos, injustamente, acosados por los usureros internacionales.

El cuento de que el empobrecimiento impuesto a la población, a la investigación, a la sanidad, a la educación, a la atención a los dependientes es la única solución ya no es creíble. Las medidas de recortes que fracasaron en América Latina, en el África subsahariana y en parte de Asia, se quieren imponer en Europa…

Cuando un usurero te acosa para que pagues rápidamente tus deudas, te amenaza con que te llevará a la ruina. Un país amenazado por los usureros lleva a la ruina al 25% de la población, a la pérdida de calidad de vida al 50% de la población y a la riqueza desmedida al 5% de la población. El resto se quedan como estaban. A esta operación le llaman eufemísticamente austeridad.

A un usurero no le importa saber el origen de tus deudas, ni el estado de tus cuentas, no te va  a hacer una auditoría (ni  interna ni externa), solo quiere que estés en condiciones de pagar. Quiere que pagues cueste lo que cueste.

Para que la satisfacción de la deuda fuera equilibrada las cuentas deberían estar claras. Entonces la austeridad podría asumirse. Pero los malos administradores, los caciques, los corruptos guardan un juramento interno de silencio. Cuando se nos impone desde fuera la austeridad nosotros respondemos con la acumulación de bienes. Cuando nos avisan que puede haber restricciones de agua nosotros gastamos más por si acaso.

La austeridad voluntaria es una virtud cercana a la sencillez. Si se nos impone la austeridad buscamos desesperadamente el negocio. ¿Dónde hay negocio?, es nuestra respuesta al llamado de la austeridad. Hay negocio para un país cuando hay muchos clientes potenciales: los enfermos, los niños, los ancianos.

Pero no se trata de que cada uno pague un poquito, así no salen las cuentas, tienen que pagar al límite de sus posibilidades. Pagando mucho estimarán la bondad de nuestro producto. Un amigo mío compraba siempre barato aunque fuera bueno, pero muchos compran caro aunque sea malo. Otros muchos compran caro para ser la envida de sus vecinos. A veces les sale el tiro por la culata y consiguen la irrisión de sus vecinos. En bodas de gran boato los invitados se despachan a gusto criticando los esfuerzos del quiero y no puedo de los anfitriones.

Empobrecer la sanidad que había llegado a niveles de competencia respetables para hacerla privada resulta más cara y más limitada. Empobrecer la investigación es sembrar un erial. El gran éxito de muchos centros tecnológicos que actualmente colocan productos competitivos en el mercado internacional, se debe a que en su día las administraciones les dotaron de medios personales y de equipo.

El Estado debe garantizar unos servicios públicos, no eliminarlos o mutilarlos. La pobreza está rodeada de un aura de respetabilidad que no se merece. No se puede predicar la pobreza sino cómo salir de ella. En vez de pobreza debiéramos hablar de austeridad.

El oro de las Américas se usó para  boato de nobles y en defensa de la fe. Otros pueblos con ese mismo oro crearon compañías comerciales. El secreto de tantas iglesias magníficas en muchos pueblos austeros, que rondaban la penuria, está en los diezmos y primicias que ordenaban los mandamientos de la Iglesia. Pero claro eso es historia. Una historia donde la austeridad ha brillado por su ausencia. Pero nos ha dejado una herencia cultural.

No nos engañemos, la austeridad no es mala, es una virtud que permite que haya bienes para todos sin esquilmar los recursos naturales. Se nos dice que la austeridad impuesta es necesaria porque ya no hay dinero. Eso  es falso. El dinero no se destruye, se transforma. Se transvasa de unos bolsillos a otros. Es como el vino en las bodegas, hay que trasegarlo para  clarificarlo y filtrarlo y así se mejoran  sus propiedades.

Ser austero podría ser un título de orgullo de los ciudadanos. Pero nos lo quieren convertir en una maldición. Al austero no le falta autoestima. La austeridad tiene tres patas: transparencia, respeto por la naturaleza, autoestima. Se apoya bien en la tierra. Los recortes sociales tienen dos patas: crueldad, inutilidad. Es una perversión del lenguaje llamar a los recortes sociales plan de austeridad.

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* Juan González Vizmanos
, en representación del Grupo “Poniendo cara a la crisis”.

 Bibliografía:

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