‘Presentimientos’, la inquietante película de Santiago Tabernero

Cartel de la película.

Cartel de la película.

El director astorgano se adentra en ‘Presentimientos’, la última película de Santiago Tabernero, realizador recordado en tierras maragatas por el programa de radio que dirigió durante una temporada en la emisora de Astorga.

Por JAVIER GUTIÉRREZ, “SABERIUS”
Desde astorgaredaccion.com

Basándose en la novela de Clara Sánchez, acreedora del último Premio Planeta, Santiago Tabernero construye una historia desasosegante donde la realidad y el mundo del inconsciente se entremezclan para que el espectador participe en el desarrollo argumental de la misma, apelando a sus emociones y sentimientos, a su innato sentido de la lógica en medio del caos para reconstruir el devenir incierto de unos personajes insertados en un periplo donde la ausencia de linealidad se convierte en una constante y los avatares deben ser reconsiderados a medida que avanza la trama, bajo el marchamo de un destino cambiante, a tenor de las palpitaciones de ese subconsciente…

Lo que comienza como un viaje de placer, unas vacaciones necesarias en medio de la crisis por la que atraviesan Julia y Félix, responsables de un hijo casi recién nacido —a quienes dan vida Eduardo Noriega y Marta Etura—, se va transformando en una suerte de pesadilla a lo David Lynch (no en vano el propio director ha señalado posibles analogías con el citado director), donde los impulsos emocionales cobran una mayor importancia que los propios acontecimientos descritos para situarnos tras las huellas de la intrahistoria o crónica interior del desencanto amoroso…

Fotograma de la película.

Fotograma de la película.

En medio de una amarga discusión donde ambos sacan a relucir los respectivos defectos y carencias más acusadas, en un estado de exasperación tras el abandono del empleo por Julia para encomendarse al cuidado del hijo, ésta acude a comprar unos pañales en plena noche, y en el transcurso de este viaje desesperado, sufrirá un accidente… Se trata del momento clave de la película, proyectado al ralentí, aderezado con una profusión de efectos visuales, como si el director nos estuviera señalando el final del tramo realista y el comienzo de un territorio plagado de arenas movedizas, de tierras cenagosas por las que, a partir de entonces, se moverá tanto la protagonista como el espectador en una suerte de viaje iniciático.

En el transcurso del segundo tramo a Julia le roban en el coche y se queda sin gasolina. Vislumbra un local al que intenta acceder por la puerta trasera por falta de dinero para abonar la entrada y donde conocerá a un enigmático joven, Marcus, que resulta ser el propietario del mismo y a quien se ha definido como el catalizador del deseo de Julia…

Se nos muestra ahora el punto de vista de Félix, avisado del accidente que acaba de sufrir su mujer, a quien contemplará postrada, en coma, en la habitación del hospital…

A partir de este lapso al espectador se le sitúa en medio de crecientes realidades paralelas: la vivida por el derrumbamiento de la relación, la experimentada por Julia en la agitada noche donde descubrirá una nueva y más intensa pasión, la búsqueda desesperada cuando escucha el llanto de su hijo y trata de alcanzar el lugar donde se alojaban, la creada por la propia actividad cerebral, en cuyas injerencias se propone una cierta comunicación con el más allá, gracias a una serie de personajes que prestan su figura al más puro estilo de los mediums…

Como si de los propios vericuetos cerebrales se tratara, Julia se interna por la mañana entre las numerosas urbanizaciones que se extienden y multiplican en el perfil de Santa Pola sin ser capaz de hallar su propia vivienda…

Fotograma de la película.

Fotograma de la película.

Apreciamos una serie de flash-backs que reconstruyen las dificultades de la vida anterior de la pareja, la necesidad de ella por recuperar un empleo al menos de media jornada, las tensas relaciones entre el marido y su suegra (interpretada por Gloria Muñoz)…

Este peculiar mosaico intemporal y confluencia de presente y pasado constituye la mayor complejidad del guión y el principal desafío de la película, provista de continuos saltos del presente al pasado.

La aparición de un inquietante policía (al que da vida, de nuevo, con voz doblada, una asombrosa y transformada Gloria Muñoz, con un doble papel que recuerda a los excéntricos tipos que pueblan las producciones del mencionado Lynch y que insiste en que su marido ha decidido abandonarla) reincorpora nuevos retos a la peculiar y caleidoscópica narrativa del filme prolijo en meandros y ramificaciones.

Otra de las mayores originalidades son los puntos de conexión entre la realidad evidente y el mundo onírico en el que Julia habita, a través de las llamadas a viva voz de Félix cuando cree que ella vuelve en sí, y que se relacionan con la voz que ella escucha cuando intenta establecer comunicación telefónica, el llanto del hijo, las interferencias y coincidencias entre personajes como el de la madre sobreprotectora y el agente arrogante, ambos seres omnipresentes, etc…

El aludido universo del director independiente americano queda pues retratado en los aludidos y pintorescos personajes secundarios con un propio peso específico, a quienes se unen el extranjero encarnado por Jack Taylor, el primer ser capaz de comunicarse con ella y de ofrecerle su apoyo afectivo mientras la actividad cerebral de Julia registra una similar experiencia con la pareja británica que ahora ocupa su mismo bungalow; la cantante del local que reincorpora y homenajea al de Isabella Rossellini en Terciopelo Azul, etc… 

Igualmente desconcertantes y a  la vez esclarecedoras resultan las propias acciones de los protagonistas; esas evoluciones del personaje femenino tras sufrir un accidente, en busca de un lugar donde reencontrar sus raíces y algo de calor humano, presente en Mulholland Drive.

También existen homenajes a Stanley Kubrick. Desde el más evidente, en el monólogo cinematográfico con el que Félix seduce a Julia, y que está asociado directamente con las últimas palabras proferidas en su última película Eyes Wide Shut, la adaptación largamente anhelada de la novela Traumnovelle de Arthur Shnitzler que explora al igual que esta producción la crisis de pareja producida por la ambivalencia sexual de un supuesto matrimonio feliz, tratando de equiparar la relevancia de los sueños y de las hipotéticas relaciones sexuales con la realidad. Además, la película de Santiago Tabernero podría ser entendida como la versión femenina (se desarrollan los deseos ocultos del personaje de Julia) de Eyes Wide Shut.

Pero no únicamente comparte con Kubrick el tema general que la recorre; el influjo del maestro autodidacta del Séptimo Arte surge incluso en secuencias como la contemplación de la maqueta de las urbanizaciones durante la búsqueda de Julia, con bloques que parecen idénticos y que nos evocan a la maqueta del laberinto en El resplandor, pasando por algunas audacias en la puesta en escena como ese extenso travelling lateral en el supermercado cuyos pasillos Julia atraviesa con angustia procurándose alimento, algo que nos recuerda igualmente a los prolongados travellings  paralelos tanto de Senderos de gloria como de La chaqueta metálica.

Otras referencias aparecen en las películas de Hitchcock donde el elemento onírico sobrepasa la realidad (Recuerda, Sospecha), o en el surrealismo de Luis Buñuel.

Fotograma de la película.

Fotograma de la película.

Las asociaciones se podrían multiplicar como en un juego de espejos que abarcaría incluso el cortometraje de quien esto suscribe, titulado ‘Su propio reflejo’, donde el mencionado surrealismo onírico acapara por completo la personalidad y el comportamiento de la profesora protagonista, estableciendo con el espectador un juego constante entre la realidad y la ficción.

Las fotografías mostradas en los créditos iniciales que nos narran la relación bucólica e idílica en la época de mutuo conocimiento, repletas de entrañables instantes que en el pasado vivió la pareja, establecen todo un contrapunto fundamental, componen ese sustrato básico cuya función consiste en mantener el necesario equilibrio previo a los constantes e inesperados giros que la historia adopta a favor de los mencionados imperativos del subconsciente, con la dificultad añadida que supone mantener este ritmo marcado por el poder sugestivo de las imágenes y la búsqueda de la coherencia narrativa a través de la estética visual identificada con cada una de las pulsiones emocionales, de las relaciones y vínculos que establecen estas experiencias de forma independiente, al margen del consabido hilo de Ariadna que recorre las clásicas narraciones.

Santiago Tabernero mantiene un adecuado pulso, abierto en ocasiones a la propia participación del espectador atrapado por el poder sugestivo de su propuesta, junto a un elaborado guión coescrito por el mismo Eduardo Noriega que se traduce ante todo en las salas de montaje y mezclas, lugar donde toda esa amalgama adquiere una verdadera significación proporcionada por sus imágenes más allá de otras implicaciones.

Película independiente, allí donde las haya, que propone mucho más de lo que expone en virtud de una recreación de atmósferas y ambientes más adecuados para la fascinación de la experiencia fílmica directa antes que para la interpretación racional, que incorpora las nociones de desasosiego, deseo y realidad caracterizadoras de la novela original de Clara Sánchez, en cuya transposición visual el propio director asume haber apostado por “estructuras de relato donde el naturalismo no siempre funciona”, ofreciendo “opciones de narración como gaps que quedan en el aire para que el espectador pueda completarlos y sugerir su punto de vista al respecto”, Tabernero apuesta por alternativas que continúan la línea iniciada en la igualmente inquietante Desvío al paraíso, uno de sus primeros guiones coescrito con Daniel Monzón, y las materializa gracias al talento de un notable equipo técnico y artístico, donde destaca un grupo actoral en estado de gracia, tanto el inspirado terceto de cámara principal como las adecuadas réplicas ofrecidas por sus secundarios.

Presentimientos logra hacer honor a su propio título y adelanta ese cúmulo de sensaciones intuidas por los partícipes de esta singular aventura emocional: en ocasiones, y como ocurre en los propios sueños, de forma espasmódica, y en otras afianzando sus estímulos hacia la consolidación de un final donde el sentimiento de culpa y la necesidad de adoptar honestas perspectivas incorporan una definitiva humanidad a lo que tanto el autor de esta crítica cinematográfica como el mismo realizador definieron sucintamente, y al estilo borgiano, por medio de un calificativo juego de palabras, como una película de ‘afectos especiales’…

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