Parque de las Hervencias Bajas o de Fuente Nueva en Ávila (I)

Fotografía aérea. Fuente: Bing Maps.

Fotografía aérea del territorio que ocupa el parque en Ávila. Fuente: Bing Maps.

Un jardín en movimiento en un campo que lo volvió a ser, azarosamente

Sexta entrega del arquitecto y paisajista vallisoletano sobre jardines singulares de la Península Ibérica. En esta ocasión se centra en un parque periurbano gestionado por el Ayuntamiento de Ávila especialmente agradable en primavera y otoño, con perspectivas visuales complejas y sugerentes, y con distintos niveles de disfrute.

Por JOSÉ CARLOS SANZ BELLOSO

Algunos espacios, allí donde la ciudad comienza a desdibujarse, en una ciudad sin un límite claro, se dejan por un tiempo a la espera de ser convertidos en algo concreto, en espacios abiertos de uso definidos. Mientras tanto no se sabe muy bien que son, han sido, ni en qué van a acabar.

EN UNA CIUDAD CON LÍMITES DIFUSOS

Las ciudades generan muchas veces en sus bordes (el pomerium de la cultura clásica romana) extraños y confusos fenómenos de metamorfosis, fluctuación e imbricación entre lo urbano y lo rural, entre el suelo dedicado a la urbe, a vida ciudadana y a lo rústico, entre el campo y la ciudad.  Bordes de conflicto y colisión (Ciudad Collage) donde se dirime el uso, configuración y aprovechamiento del suelo. Desaparecidas las murallas físicas la ciudad se expande, en oleadas planificadas ordenadas o en una suerte de metástasis descontrolada.  Ideas como “aldea global”, ciudad continua que encadena núcleos urbanos y zonas residenciales en solución de continuidad… nos son familiares, con algunos crecimientos o expansiones denominados “en mancha de aceite”.  Los límites, que son ahora virtuales, se encuentran dibujados en planimetrías (Planos normativos de Calificación y Clasificación Urbanística) con tramas coloreadas que indican expresamente, con meridiana claridad, qué es y a qué está destinado cada suelo, en cada municipio, provincia, comarca, región, territorio, comunidad… qué usos le son permitidos y cuál es su grado de protección o su “valor” y sobre la necesidad de  su salvaguardia y en qué términos en relación a la “calidad de su naturalidad”. Y sobre lo antes referido, del “aprovechamiento” se especifica hasta la extenuación un concretísimo tipo de “producción” y en algunos casos la cantidad de la misma. Así se sabrá si hablamos de cosechar cereales, otras verduras, de aprovechamientos forestales… o bien de “cosechar” edificabilidad, según los casos. Aclarando que son  unas reglas de juego aceptadas, consensuadas y asumidas por todos, y por tanto perfectamente legítimas.

Vista invernal. © Fotografía: José Carlos Sanz Belloso.

Vista invernal del Parque de las Hervencias Bajas. © Fotografía: José Carlos Sanz Belloso.

PERIFERIAS

Será en las periferias, aunque no solo en ellas, pero sí especialmente, donde veremos más espacios vacantes, baldíos, solares destartalados, descampados, terrenos abandonados, en ocasiones con escombros y vertidos, con restos de todo tipo de cosas, enseres (desechos de una sociedad occidental generadora de grandes excedentes y con un desarrollado sistema de despilfarro), a veces semi-ocultos por la vegetación. Muchos de esos suelos fueron anteriormente huertas, sembrados, labrantíos, barbechos, rastrojeras… es decir lo que se entiende generalmente como campo.  Campiñas, que en atención a su cultivo o plantación dominante, fueron: Linares, espartales, jarales, prados, pradillos y pastizales, mimbrales, majuelos y viñedos… olmedas, choperas, alamedas, pinares, olivares, pomares…  y otros menos “cultos”, en el sentido de cultivado agrario,  se conocían como ejidos, baldíos, espinales, retamales, piornales, juncales, carrizales, cambroneras, matorrales, cañaverales, sotos y sotillos silvestres… roquedos, roquedales, berrocales, zarzales,  bardales… y… a completar por el lector.

Espacios de las afueras generalmente, pero también surgidos o generados, dentro del tejido urbano más o menos consolidado, como solares y huecos vacios devenidos por edificios derruidos o desaparecidos, como solares urbanos resultantes de los restos y vestigios de patios y jardines abandonados o perdidos, o espacios para edificar que no encontraron ni  comprador o promotor que los “desarrollase”.

Lugares que en algunos casos se ha intentado encuadrar dentro de un tipo de no lugares, aunque seguramente sí lo sean  en cualquier caso. En otros escenarios son reclamados como “lugares de oportunidad”, aunque no sabríamos muy bien para qué tipo de oportunidad. Sí se conocen las actuales operaciones exitosas de recuperación de solares, descampados, jardines abandonados… como los de la ciudad de Zaragoza  y otras operaciones de intervención en el paisaje urbano que  están dando “frutos” en  toda la geografía hispana, en los conocidos y cada vez más numerosos, y primorosos, huertos sociales, urbanos, participativos… que se asientan legal o ilegalmente en esos espacios maltratados, olvidados, arrinconados… recuperándolos para los habitantes de los barrios y  para la ciudad.

Para los antiguos existían los pagos, esos lugares y bosquetes encantados; cada lugar era (es) especial, algunos extraordinariamente singulares como los cruces de caminos, en los que surge espontáneamente el agua, ciertos roqueros… y se manejaban saberes arcaicos que creían en el genius loci, algo así como un ente o espíritu protector o custodio del lugar. Desde ciertas disciplinas se atiende con especial sensibilidad a la “vocación” de cada espacio o lugar, con un acercamiento respetuoso a él; inquiriendo e intentando desvelar qué es, fue o quiere llegar a ser.

© Fotografía: José Carlos Sanz Belloso.

© Fotografía: José Carlos Sanz Belloso.

LAS HERVENCIAS BAJAS DE ÁVILA

Curioso nombre; a su historia y particularidades etimológicas nos remitimos. En la salida hacia Madrid, hacia Oriente, en el lateral sur de la Avda. Juan Carlos I se dispone un parque “periurbano” de más de cinco hectáreas que se divide en dos zonas. Una en vaguada con un tratamiento más visible y más como “parque periurbano” y  otra, más elevada y más al este, con forma triangular, más natural configurada por un pinarcillo con un somero sendero que lo atraviesa y poco más.

El parque se trazó tras adjudicarse la obra en un concurso público por el Ayuntamiento de la Ciudad de los Caballeros (la más alta capital de la Península), con posterioridad al “fallo” de otro anterior de ideas con más de veinte propuestas que incidían sobre un modelo de diseño-uso-conformación para éstos espacios. Esta zona dotacional “verde”, según asignaba el Plan General de Ordenación Urbana, estaba destinada a convertirse en parque de la ciudad a extramuros y tras la vía férrea. La idea ganadora, bajo el lema “Jardín Interior”, por alusiones históricas y programáticas, propuso revertir ese espacio a su estado original de campo berroqueño. Estos lugares habían venido siendo zona de tránsito y paseo histórico. Vaguada y aledaños que alojaban además parte del sistema de viajes de agua del s. XVI a la ciudad, con dos bellas arcas incluidas.

La normativa nacional y regional urbanística asigna un porcentaje mínimo para las zonas dotacionales y que sean “reserva” destinada a parques y jardines públicos en proporción a la superficie total desarrollada, y por tanto e indirectamente, al aprovechamiento urbanístico traducido en metros cuadrados construidos de vivienda (en sus múltiples tipologías) y para otros usos complementarios dotaciones (religioso, deportivo, comercial…). Además han de cumplir otros requisitos métricos y de otros tipos.

El solar o “suelo dotacional” más grande, el de la vaguada,  se transformó poco a poco con la urbanización de las calles perimetrales en una isla de campo-escombrera. Espacio que al ser rodeado por viales y edificaciones casi completamente (salvo el lateral con el otro espacio “verde” triangular y separados por una calzada con dos aceras) se fue llenando, más en su perímetro, con parte de los bolos y el material granítico del desmonte y voladuras de los procesos constructivos limítrofes. Se encontraron cascotes graníticos, tierras y otros materiales diversos de carácter antrópico (producidos por la mano humana), incluidos restos del “sobrante” de hormigonados, de las cubas de hormigón, como artificiales lenguas de “concreto” en remedos de un “Land Art” no intencionados, como  vertidos distraídamente, como si de fenómenos volcánicos imaginarios o apócrifos se tratasen. Varios grandes letreros anunciaban, en la parte más visible, publicidad comercial.

El parque es hoy un grato espacio de estancia, paseo, encuentro, lectura… lugar que reúne otros ámbitos para la sorpresa y el juego. Cuenta con un programa didáctico y lúdico de variado contenido, incluido el medio ambiental, y con referencias históricas y literarias.

Detalle. Jardín en movimiento. © Fotografía: José Carlos Sanz Belloso.

Detalle. Jardín en movimiento. © Fotografía: José Carlos Sanz Belloso.

EN CAMPO ABIERTO

Una de las premisas era que volviese a recuperar su identidad anterior semi-natural, de campo abierto, con grandes praderas rústicas, plantas autóctonas como escaramujos, juncos… y con seriaciones de gramíneas y herbáceas anuales y bianuales, en rotativos ciclos estacionales… es decir como un “Jardín en Movimiento” en gran parte del parque. Roquedales existentes y nuevas agrupaciones de piedras resaltan éste carácter. Se realzaron rincones con refuerzos de vegetación y recrearon pequeños bosquetes, como un pequeño encinar, una incipiente fresneda… y se mantuvo a salvo el pinar (con unos queridos y protegidos quirópteros). En diversos lugares se acomodaron unos macizos de aromáticas y medicinales en pequeñas bancadas y terracitas. En otros ámbitos se plantaron especies tapizantes y otras más ornamentales, pero sin querer romper la organicidad del conjunto ni “su naturalidad”. Los taludes con la avenida de resolvieron con gaviones escalonados y plantaciones “caóticas” de prunos y “Malus”.

Plantas tapizantes.  Juegos de color, textura y sombra. © Fotografía: José Carlos Sanz Belloso.

Plantas tapizantes. Juegos de color, textura y sombra. © Fotografía: José Carlos Sanz Belloso.

En tan amplio lugar también se acomoda un área de juegos infantiles, aunque los mejores son las propias peñas que afloran. Se atendió a la demanda de los jugadores de calva, que tienen varias pistas con sombra. Un estanque que funciona como depósito de equilibrio en un sistema de recirculación de agua y recogida de las pluviales de escorrentía y aferentes, además de ser lámina de espejo, refresco y para que beban aves y otros animalillos. Encontraremos recintos abiertos e hilados, para encontrarse (Plaza de pasos perdidos…) o para tomar el sol en invierno, con muros que cubren nuestras espaldas del Norte, en un lugar más formal… Una gran plazuela circular con sombra y fuente, sirve para llevar a cabo encuentros, teatro de verano, guiñoles… con una previsión para una caseta-bar. Un gran paseo central lo recorre de Este a Oeste y diversas sendas y paseítos invitan a que sea recorrido en innumerables vueltas y revuelas con  descubrimiento de muchas y pequeñas sorpresas en un sencillo tejido de caminos que se entrelazan.

Jardineras con flor de temporada y soportes de enredadera. © Ilustración de José Carlos Sanz Belloso.

Jardineras con flor de temporada y soportes de enredadera. © Fotografía: José Carlos Sanz Belloso.

Se primarían en el parque los criterios de la xerojardinería, los de agostamiento de las praderas, de la utilización de especies autóctonas y afines  y más cosas que allí se pueden ver y comentar en otras partes (II y III).  Es accesible y por una banda discurre, sin estridencias, “a la chita callando”, un tramo de una magnífica cañada real. Al poco de su reaparición-recuperación como parque-campo empezó a ser poblado por extraños seres metálicos. Un túmulo alargado se tiende plácidamente como elemento.

Detalle de la fotografía aérea y, debajo, dibujo en planta cenital del Túmulo.

Detalle de la fotografía aérea y, debajo, dibujo del Túmulo.

Dibujo en planta cenital del Túmulo. © José Carlos Sanz Belloso.

Dibujo en planta cenital del Túmulo. © José Carlos Sanz Belloso.

Parque de las Hervencias Bajas: En suelo del municipio y de los ciudadanos de Ávila, gestionado y administrado por el Excmo. Ayto. de  Ávila, con los servicios de parques y jardines de mantenimientos y empresas externas para  su cuidado. Se trata de un amplio espacio abierto y en gran parte accesible y despejado destinado en primer término “a satisfacer la demanda ” de los vecinos de las urbanizaciones circundantes, a la vez que abierto a los habitantes de la ciudad y a todo visitante o turista que se acerque curioso a él. Especialmente agradable en primavera y otoño, y aunque muy frío (incluso casi totalmente nevado en ocasiones) también gratificante en invierno; con perspectivas y visuales complejas y sugerentes; admite diversas lecturas y niveles de “utilización” y múltiples de disfrute.

Datos:

  • Localización. Latitud: 40º 39´25” N.  Longitud: 4º 40´42 “ W.
  • Altitud en torno a 1.000 m  s.n.m. Como un punto de acceso a pie y con un estacionamiento de vehículos cercano. En el extremo opuesto, a Oeste, existe otro cómodo acceso.

Bibliografía:

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