Casta

Caricatura de James Gillray contra Napoleón.
Caricatura de James Gillray contra Napoleón.

Por LUIS GRAU LOBO

Con furia reaccionan algunos lacayos de la “casta”, calificativo que el líder de Podemos aplica con asiduidad al establishment político y económico del país. Como si fuera concepto y nombre nuevos. Casta. Toda la vida hubo castas, pero precisamente un sistema democrático y social está llamado a diluir sus límites, a cuartear su estanqueidad mediante el aprecio de los más capaces, independientemente de su extracción social, y la protección de los menos favorecidos. Un país en que cada cual tenga oportunidad y un lugar en el mundo: un país del que sentirse orgulloso ciudadano. Ese era el camino, pero la balanza empezó a desequilibrarse hacia los de siempre, alojados bajo la estructura caciquil y nepotista de los partidos políticos y sus camarillas, aliados a la vieja oligarquía del dinero, la misma que lleva gobernando desde que mataron a Viriato. La casta. Esos tipos que, ganen o pierdan elecciones, ahí siguen, imperturbables. Que se aferran a cargos y prebendas a golpe de riñón y de codazos. Que, sin oficio ni aptitud, se alzan con canonjías y las exhiben, impúdicos e irresponsables. Que ni se inmutan cuando oyen lo de casta, porque creen que lo son, de forma natural y meridiana. La finca es suya y hacen lo que les da la real gana. Para el debate están sus palafreneros. Esos que ahora esgrimen la Constitución como si fueran los Principios fundamentales del Movimiento, algo sacrosanto y descendido de los cielos en brazos de la diosa Transición. O como un pimiento del Padrón, que unas veces se cumple y otras no (derecho al trabajo, a la vivienda…). Esta generación no es aquella, señores, y no reverencia pactos que no firmó o votó; los cuestiona y, llegado el caso, los redacta de nuevo. Se llama progreso.

Y ahora se va el Borbón que venía en aquel lote. Una autoridad cuyos privilegios de sangre se heredan y transmiten indefectiblemente. Algo que ni es democrático, ni lógico, ni nada. Pero… un Borbón sale y otro entra; sin más. Porque de casta le viene.

(Publicado en La Nueva Crónica de León, el 7/6/2014)

1 comentario

  1. Lo que la casta y la caspa definiría como revolucionario, antisistema, bolivariano, son estos razonamientos que desgranas, justos, claros, de sentido común y que una gran mayoría respalda. A veces es tan obvio que parecería un episodio de barrio sésamo (arriba y abajo), y mientras … aquí seguimos, todo atado y bien atado…

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