Tiempo de festivales, ¿tiempo de música?

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Una llamada de atención en torno a las prioridades que se manejan para estar presentes en los festivales veraniegos de música…  ¿Qué es lo que nos mueve definitivamente a encaminarnos hacia ellos?

Por KEPA ARBIZU

Con la llegada del buen tiempo parece lógico, y hasta apetecible, sacar la música al aire libre. Si a esto le añadimos que por norma general se disfruta de más tiempo de ocio, ¿a quién le apetece meterse en una sala pequeña y oscura a disfrutar de sus sonidos favoritos? Así que dicho y hecho. Nos cogemos los bártulos necesarios y nos dirigimos a alguno de los muchos parajes que albergan, o albergarán, algún atractivo festival. Ahora sólo falta pensar, ¿qué es lo que nos mueve definitivamente a encaminarnos hacia ellos?

Observar a estas alturas imágenes de escenarios rodeados de miles de personas, mayormente jóvenes, es una fotografía que, sensible que es uno, puede llegar a emocionar. Pero en el segundo posterior al congojo creado por la emotividad, asalta una gran duda: ¿toda esa gran masa de gente dónde ha estado metida el resto del año en las diferentes actividades musicales? No es muy científico partir de la conclusión para crear una hipótesis, pero en este caso parece claro que algo no termina de encajar en esta situación.

Las generalizaciones ya se sabe que son injustas, pero también resultan necesarias. Así que no se trata de meter a todos en el mismo saco, pero una mayoría considerable de la audiencia que acude a estos eventos, la que los sustenta a la larga, guarda una serie de características o patrón de compartimiento que hacen cuanto menos plantearse algunas interrogantes en cuanto a la prioridad que tiene lo musical en esta algarabía veraniega.

Si alguien hace la prueba de acercarse a los escenarios en horario alejado del “prime time”, habitualmente ocupados en ese momento por grupos/músicos menos populares o con carreras todavía en expansión, se encontrará con un público reducido en cuanto a número y que parte de él no presta demasiada atención a lo que sucede en las tablas. Ya tenemos una paradoja clara, porque si algo tiene de bueno este formato es poder disfrutar de diferentes bandas, algunas difíciles de ver en otro momento del año y otras desconocidas que pueden resultar un agradable descubrimiento, durante un mismo día.

Las aglomeraciones y el interés general se arremolinan ante propuestas más “populares” y de moda, algo lógico pero en lo que no hay que obviar que suelen ser aquellas a las que se ha podido acceder a lo largo de infinidad de veces, incluidas en formato “festivalero”. Además, hay que ser sinceros y decir que la manera óptima de disfrutar de su talento no es precisamente en este contexto concreto (un recinto amplio y abierto). Todo ello nos lleva a la conclusión de que no es el interés intrínseco que despiertan, que ya ha podido ser saciado en ocasiones pasadas (probablemente con una afluencia mucho más reducida), lo que mueve a la multitud sino el contexto en el que se desarrolla.

Por lo tanto, abrazando ese “sancta sanctorum” que es la oferta y la demanda, la ecuación parece fácil: si la gente va mayoritariamente a una serie de opciones muy concretas y sobre todo a disfrutar del “ambiente”, es lógico pensar que los promotores hagan hincapié en buscar y centrarse en ese otro aliciente en detrimento del artístico. Una elección evidentemente respetable, pero si esa es la prioridad sería fácil señalar una variada lista de eventos que juntan un espacio al aire libre, algo de música, “fiesta” y encima gratis total. Pasar un buen rato en ellos estaría asegurado, aunque lo que ya no se puede garantizar es que al contar nuestras andanzas nuestros interlocutores suspiren con envidia o nuestro status se dispare.

Que nadie se lleve a engaños, todo esto no se trata de un ataque al festival (de verano) como método en sí mismo, sino una llamada de atención a las prioridades que se manejan para estar presentes en ellos. Al final, y la clave se encuentra aquí, se basa en reflexionar si esa cantidad de gente es capaz de saciar su disfrute por medio de lo musical o necesita otros reclamos. La respuesta parece obvia, simplemente hay que acudir a muchos de ellos y echar un vistazo a nuestro alrededor.

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