Cicatería universal

Estampa de Goya titulada "Contra el bien general", un símbolo que ilustra el fondo de este artículo.

Estampa de Goya titulada “Contra el bien general”, un símbolo que ilustra el fondo de este artículo.

¿Quién no diría que las leyes están aprobadas, firmadas y publicadas en los Boletines Oficiales para atender al ciudadano? En muchas ocasiones, todo parece indicar que dichas normas se hicieron para calmar la conciencia de sus creadores, conseguir el voto de sus conciudadanos y, a la hora de la verdad, los hechos indican que las administraciones miran para otro lado cuando tienen que dotar económicamente a esos derechos.

Por JUAN GONZÁLEZ VIZMANOS

Da la impresión de que los parlamentos españoles son generosos en sus leyes fundamentales Así, nos sentimos orgullosos de que los ciudadanos tengan derecho a una vivienda digna, un trabajo adecuado, una ayuda en casos de dependencia. Se nos garantiza una sanidad universal y gratuita…

En el estatuto de la Comunidad Autónoma [de Castilla y León] la renta garantizada de ciudadanía es un derecho de los ciudadanos de esta vasta región, como sucede en el resto. Hasta ahí perfecto. Sin embargo, tenemos la impresión de que las distintas administraciones son muy cicateras en su aplicación como si buscaran subterfugios para que dichos derechos se ajustaran apenas justo a la letra pero en contra del espíritu del legislador.

Con cierta frecuencia y con estupor –otros derechos allanados– nos enteramos de que se desahucia a familias y las consecuencias de estos hechos hieren nuestra sensibilidad hasta la crueldad extrema. La situación de muchos trabajadores es de una inseguridad y penuria límites que rondan la indignidad. La ley de dependencia ha sufrido tales recortes que alcanzan la ignominia y el ridículo.

Sería bueno leer las recomendaciones de los distintos Defensores del Pueblo que están cargadas de sensatez. Por ejemplo, el Procurador del Común de Castilla y León, nada sospechoso de populista, hace recomendaciones que, quién lo iba a decir, no son asumidas por nuestras administraciones.

Cito solo los enunciados de algunas de ellas por no alargar el discurso. Se critica la incompatibilidad de la renta garantizada de ciudadanía y el subsidio de desempleo de cuantía escasa; se proponen medidas para proteger eficazmente el derecho constitucional a una vivienda digna y adecuada; se advierte de prestaciones económicas destinadas a la atención de necesidades básicas de subsistencia en situaciones de urgencia social; se aconseja que se revise la valoración de inmuebles a los efectos de obtener la reta garantizada de ciudadanía. Podría añadir otros muchos casos que, con frecuencia, son denunciados por los medios de comunicación y los ciudadanos en manifestaciones muy frecuentes. Pero los responsables hacen oídos sordos…

Una aplicación cicatera de dichos derechos crea tal incertidumbre en los que pueden disfrutar de ellos que, en muchos casos, da la impresión de que el disfrute de los derechos es una especie de abuso por parte de los beneficiarios. El colmo.

Pero no solo son las administraciones públicas las que sufren del mal de la sordidez, también las compañías privadas se consideran intocables porque estamos en un régimen de libertad de empresa. En el momento que reciben una concesión para un servicio que en principio era público, actúan con los empleados y con los usuarios de dichos servicios con una tacañería hiriente.

¿Sería posible cambiar la cultura de enriquecerse a toda costa por la cultura del justo juicio y la buena fe? El crecimiento económico basado en recortes despiadados de los derechos consolidados de los ciudadanos es monstruoso. Aunque se solape con términos hipócritas como reformas estructurales, en el fondo, lo que se está consiguiendo es empobrecer a la población, para mejorar las rentas del capital. Ese presunto crecimiento, a la larga, se vuelve contra el crecimiento económico. Un país despojado de sus logros conseguidos con tanto esfuerzo deriva en un territorio anodino, sin incentivos, apto para consumir bazofia cultural, incapaz de competir en un mundo cada vez más complejo El único valor que se está promocionando es la apariencia de ser ricos.

Esas aparentemente brillantes leyes españolas son el retablo de las maravillas donde los ciudadanos observan agujeros negros que las administraciones llenan con titulares de propaganda complaciente, que compran con dinero escaso para promover el desarrollo.

— — —

*Juan González Vizmanos es miembro de la Red Ciudadana “Poniendo cara a la crisis”.

Deja un comentario y fírmalo con tu nombre o no saldrá

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: