Una casa para el arte en el DA2

El cartel de la muestra, sobre la obra de Juan Ugalde "Amor en la ciudad" (1994).

El cartel de la muestra, sobre la obra de Juan Ugalde “Amor en la ciudad” (1994).

Recorremos las estancias de la exposición LA CASA, en el DA2 de Salamanca, de la mano de Carlos Trigueros, comisario de esta muestra compuesta por una selección de fondos —82 piezas sobre distintos soportes de 73 artistas— de la colección Coca-Cola y DA2 (Domus Artium 2002). Pintura, fotografía, vídeo, escultura e instalaciones… para reflexionar sobre los espacios que habitamos. La exposición se inauguró el 23 de junio y se podrá visitar hasta el 20 de septiembre de 2015.

Casa con piscina

Por CARLOS TRIGUEROS

Cuando cualquiera nombra su propia morada suele distinguir entre casa y hogar. Quizás gane en menciones casa sobre hogar, ya que la referencia a este último puede resultar cursi o demasiado íntima y personal. La casa suele ser común y multiforme, no necesariamente se trata del espacio que se habita usualmente o de referencia (a diferencia del hogar), ni siquiera la propia. La casa son cuatro o más paredes con techo y suelo, eso es lo común. Exenta y con tejado a dos aguas es la casa dibujada por los niños, la rural y la de clase alta. También exenta, pero con tejado plano, suele ser tanto la casa denominada chabola misma forma, paradójicamente, que la casa de lujo de diseño minimalista. Y un módulo integrado entre otros similares, formando un todo denominado edificio, es la casa de las clases medias y bajas (hoy en día indiscernibles sus sutiles diferencias).

Existe mucha literatura, filosofía y sociología dedicada a la casa. En este caso la tomamos como un espacio para el arte, aunque sin olvidar las funciones que en ella se desarrollan: comer, dormir, ciscar y muchísimas más, incluso trabajar y divertirse. Para ello se ha elegido una casa, anteriormente dedicada a ser hogar de presos y hoy en día gentrificada como morada de obras de arte. Este es el destino que habitan, temporal o definitivamente, en sus aposentos: salas y almacenes. Por otro lado este tipo de casa plantea algo poco usual, la continua visita pública de un hogar ajeno. Muchas de las obras que habitualmente residen en sus almacenes, como parte de la colección de arte de la Fundación Coca-Cola y la del Ayuntamiento de Salamanca, para esta ocasión se han dispuesto en los habitáculos donde habitualmente reposan unas pocas piezas selectas, las salas blancas, ocupando la lógica disposición de una casa según el sentido común.

Al acceder como visitante a la casa propiamente denominada Domus Artium 2002 (del latín: casa del arte) lo primero que se contempla es la fachada, el exterior. Estas imágenes son las que pueblan la Sala 2, casas de cualquiera, observadas y replanteadas por diferentes artistas en distintos soportes. A continuación un hall y un pasillo con diferentes piezas que dan paso a la cocina en la Sala 3. El visitante se percata entonces de que ha entrado por la puerta del servicio doméstico y colindante a ésta está el cuarto de baño, relación normal de espacios ya que ambas estancias comparten tuberías de desagüe. Una vez se sale de los espacios diariamente más utilizados se puede acceder al recibidor y de ahí tanto a la piscina, en la Sala 5, como al salón, Sala 4. Esta sala de estar posee mobiliario variado que, como en muchos hogares antiguos, da paso a las estancias más privadas. En la planta baja se pueden visitar tanto el estudio, donde los moradores trabajan, como la habitación de juegos para niños o mayores, seguidas del vestidor. Subiendo las escaleras se puede pasar a la biblioteca, así como visitar dos dormitorios, uno en el que descansar resulta dificultoso y en el otro paranormal. Ambas alcobas dejan claro, para quien no se hubiese dado cuenta antes, de que ésta no es una casa normal, de que ciertas cosas se parecen a las de nuestros hogares pero que, a su vez, nunca entrarían en ellos. Se trata de una casa poco funcional, una casa para el arte.

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Estancias de LA CASA

Al acceder a la exposición LA CASA nos encontramos con un magnífico cuadro de Abraham Lacalle, Hemos hecho nuestro interior. Estamos en el HALL y lo que nos indica esta pintura es un mapa subjetivo de la casa-taller del artista. Estancias mezcladas y dispuestas en el mismo plano, múltiples divergencias y caminos de izquierda a derecha pero también para bajar o subir por las escaleras.

Si continuamos el paseo, hacia la derecha de este cuadro, podemos contemplar los EXTERIORES de distintas viviendas, Sala 2. La primera es una casa con raíces dibujada en rojo con escarcha de poliéster por Xavi Muñoz, una ensoñación del lugar estable, la casa como la piel del hogar. A continuación una serie de miradas fotográficas de La costa, tomadas por Rubén Acosta, que contienen detalles de diferentes viviendas tomadas en una población del litoral. La casa fragmentada, bien como cúmulo de distintas viviendas o bien como observaciones parciales de una misma se traducen en diferentes cuadros formando un políptico de Rubén Guerrero, en este existe un regusto a nostalgia y recuerdo, a pensamientos extraviados o a presencias fantasmales (pero de las que no dan miedo).

Políptico de Rubén Guerrero.

Políptico de Rubén Guerrero.

En el panel que continúa se muestra una composición pictórica de Enrique Larroy Zubero con un enorme círculo cromático de diferentes tonos de gris como síntesis de la fotografía antigua de un bungalow vacacional, con coche aparcado debajo, pintura y fotografía se relacionan como el índice de lo real y la sublimación de éste. Recorriendo ese muro aparece la sala de proyección con la visita pública de una de las primeras viviendas, una cueva o (Ir. T Nº 513), Zuloa. Un vídeo con marcada factura doméstica sobre una acción pública de Ibon Aranberri. Al salir de la proyección por contraste podemos deleitarnos con una casa construida digitalmente cuyas estancias, fijándonos detenidamente, son las fachadas de diferentes comercios clásicos, un bricolaje de tiendas a modo de centro comercial autóctono realizado por Isabel Brisol, Maravilhas de Portugal #5. Al lado tres fotografías realizadas por Michael Danner de edificios de bloques que podrían ser el mismo pero que corresponden a tres zonas de Salamanca: el Rollo, el paseo de la Estación y el barrio San José.

Obra de David Escanilla.

“Atelier”, de David Escanilla.

Atravesando la sala nos encontramos con una minúscula casa, Atelier, suficientemente grande como para no ser una maqueta y sobre la que David Escanilla ha acomodado formas geométricas a través de cortes, pintura y luz negra. También sobre el suelo de la sala aparece un perro, una escultura de José Noguero, a la expectativa y vigilante de lo que pueda provenir del otro lado de la ventana. Cerrando la visión exterior un edificio de pisos en un barrio cualquiera y en el que confluyen simultáneamente diferentes historias particulares, como en la Rue 13 del Percebe, son representadas a través de la intervención pictórica sobre fotografía de Juan Ugalde, Amor en la ciudad. Y, como suele suceder en todas las ciudades, alrededor de las colmenas de pisos en los barrios aparecen distintos ejemplos de chabolismo que reconstruye Santiago Mayo como pintura objetual.

De nuevo en el hall lo sobrepasamos hacia el PASILLO en el que nos encontramos la tarima levantada con una persona y una vestimenta haciendo el símil de otra en su interior sin que esté claro por qué han sido atrapadas en esta instalación Para acabar aún II de los hermanos MP&MP Rosado.

Nos adentramos en la vivienda atravesando el pasillo hacia la cocina, como en toda gran casa y siendo visitantes anónimos arribamos por la puerta de servicio. En esta COCINA, Sala 3, se armoniza una alacena de técnicas artísticas desde objetos hasta dibujo pasando por pintura y fotografía. Sobre peana al entrar se muestran un par de cafeteras, deconstruidas por Bestué-Vives, como punzones del ánimo en Cafetera realizada por herrero. Recorriendo el muro un dibujo con grafito de Joan Cardells muestra los teresianos pucheros que se utilizaban hasta no hace tanto. Una fotografía de Eulalia Valldosera sobre una mujer que se desvanece sobre el mostrador y fregadero revelando tanto la tópica y patriarcal propiedad femenina de este espacio así como su desapego a esta etiqueta en La Cocina. Serie Apariencias.

El frigorífico tumbado de Victoria Gil.

El frigorífico tumbado de Victoria Gil.

Una botella de Portikus water. From the source of a well by drill como objeto apropiado de Jason Rhoades y Hugh Pocock exhibe agua selecta como obra de arte. El frigorífico preside la cocina del DA2, no obstante esta tumbado, además de estar pintado por Victoria Gil a partir de un anuncio, representación de la muestra de un deseo que, a su vez, contiene otros frescos. Dos cuadros con manchas marrones de Emilia Azcárate, uno con la serie ordenada y otra con un orden algo desmadejado puede llevarnos a rememorar los papeles sobre los que se pone la masa del pan hasta salpicaduras de grasa. Incluso podrían ser las de la escultura de Olga Adelantado que aparenta una masa de mantequilla, de esa que se cuajaba directamente a partir de la leche de la vaca. Y salimos de la sala tras contemplar dos fotografías, Casas Habitadas de Rita Magalhães, con una mujer de espaldas en dos momentos de espera, quizás tras haber preparado la comida.

Como sucede en la mayoría de los hogares el SERVICIO está situado pared con pared con la cocina, ya que coinciden en la tubería de desagüe. Como muestra de este conducto se ha presentado metafóricamente en el centro de la sala a través de una pieza exenta de Carmen Marcos, que consiste una cilíndrica gran ola azul, Navegar y volar. Al entrar al servicio desde el pasillo tenemos la imagen más normal en este recinto, el reflejo en el espejo, en este caso mostrado por una fotografía de Bruce Nauman como chico dorado por el mercado del arte burlándose con una gran mueca en Coyeke Lips.

A continuación se muestra el lavabo, o lavabos de un recinto público en un cuadro de Guy Van Bossche. Una de las actividades atópicas que se realizan en el servicio es teñirse el pelo, en este caso se reconstruye a través de una fotografía de Santiago Sierra en la que 133 personas remuneradas para teñir su pelo de rubio. Esta gran masa de personas hacinadas recuerdan a la emigración hacia Estados Unidos por Nueva York que es alegorizada en un cuadro de Javier Utray utilizando el urinario de Duchamp como un símbolo más en Bandera de desembarco. A través de la bañera el servicio se transforma en cuarto de baño que felizmente usa una pareja de Transsexuals fotografiados por Lise Sarfati y cuya acepción más clásica de bañistas es mostrada a través del cuadro de Carlos Franco.

De nuevo en el PASILLO se pueden observar dos fotografías, de Miren Doiz de su serie Capriccios, en las que el espacio ha sido intervenido con pintura rompiendo la cotidianidad y continuidad de las áreas de acceso.

Fotografía de la serie 'Capriccios' de Miren Doiz.

Fotografía de la serie ‘Capriccios’ de Miren Doiz.

Antes de entrar en el SALÓN, Sala 4, se encuentra un divertimento en forma de futbolín de tres patas por el que los jugadores han derrapado hasta una caja, una escultura de Guillermo Paneque. Según se ingresa al recinto principal y central de la casa se puede contemplar una maqueta dispuesta como instalación de Baltazar Torres, We are ok, que podría ser tanto de la residencia que estamos visitando como de cualquier otra. Al lado se encuentra un cuadro de grandes dimensiones de Xesús Vázquez que nos recuerda exactamente en donde estamos, entre sofás, sillones y mesitas en Trafalgar. A la vuelta de la esquina aparece una escultura de Pello Irazu, The green family; que continúa con un díptico de Manu Muniategiandikoetxea, Izenbururik gabe (ate gorriak), mostrando unos bastidores; para pasar a un cuadro de Joan Hernández Pijuan, Paisatge en blanc II; que puede recordar a una ventana. El recorrido es interrumpido por una silla realizada figuradamente con lienzos sin pintar de Pep Agut, Aforismo, y prosigue con una fotografía de Jesús Portal que muestra un escorzo de un salón y, al lado, una pieza de madera de Begoña Goyenetxea. Se cierra este muro con la dificultad de dormir en el salón, o entre tarimas como representan los hermanos MP & MP Rosado, Sueño.

Atravesando el salón pasamos junto a una pieza de escultura blanda de Elena Blasco, Amor a la Geometría, para dar con un muro de sillas acumuladas. Tres obras sobre asientos: una fotografía con tratamiento digital de Concha Pérez, Olvido, un collage de Javier Baldeón, Silencio, y otra fotografía de Joâo Penalva, A pile of 5 chairs. Este salón, en una distribución clásica de casa burguesa, conecta con las distintas habitaciones.

Adentrándonos en las estancias inferiores la primera es el ESTUDIO. Una mesita con diferentes mármoles y un taco de papel en el que un lapicero realiza equilibrios de José Batista Marqués, Deus na Mobília (Dios en el mobiliario), rememora la dura y ardua labor creativa. A continuación una representación de sombras en fotografía de Mabel Palacín y la desesperación ante el estrés en el trabajo fotografiada por Silvia Martí Marí. Al llegar al centro de la sala podemos observar un diálogo sordo o el enfrentamiento de miradas pausadas durante un proceso colaborativo, imagen de Jesús Segura. Al salir del estudio las inclemencias del clima, como pensamiento ofuscado, se apoderan del espacio de trabajo en un collage fotográfico de Gonzalo Puch.

"Amor en la ciudad" (1994), una obra de Juan Ugalde.

“Amor en la ciudad” (1994), una obra de Juan Ugalde.

Atravesando de nuevo el salón accedemos a la SALA DE JUEGOS, que no de juguetes. Un lugar de esparcimiento en el que pueden participar una, sentada en un sofá trasteando con sus uñas en una fotografía de Lise Sarfati (Micha during break from drugs in his friend Phil´s parent´s apartment St.Petersbourg), o más personas. Juegos para edades indeterminadas que van desde de una güija fotografiada por Javier Baldeón; un juego de espejos y vanidades en fotografía de Miguel Ángel Gaüeca, Nobody Knows Vermeer told me this; de reversos de la realidad con un jarrón bocabajo fotografiado por João Penalva, Quince and Iris; o de muebles desplazados en la Universidad de Salamanca según muestra, también en fotografía, Candida Höfer.

Junto a la sala de juegos se encuentra el VESTIDOR, otro tipo de divertimento es la elección e intercambio de ropajes. Comienza la visita de este cuarto con diferente prendas (Abrigo, Camiseta, Jersey, Camiseta) de cerámica de Sol Martínez dobladas sobre una repisa y dispuestas para su uso o contemplación. Continua el recorrido la imagen Flash de Patricia Dauder sobre una persona anónima, con una luz que emerge de su cabeza en la que solo es visible su ropa, que puede aludir en este contexto a un maniquí. El cuadro de Laura Mosquera muestra coloridamente los múltiples cambios de vestuario en el comercio, It´s when Everything Changed. En la serie de cuadros Aquiles de Manuel Sáez se pueden observar las múltiples posiciones de un zapato y, para cerrar el recorrido, en un potencial zapatero, Lamp Factory, aunque se trata de una pieza exenta de constructivismo traslúcido de Liam Gillick. Al regresar sobre nuestros pasos reconstruimos la lógica natural de este vestidor, desde el mueble, las prendas, la elección hasta la disposición sobre el sujeto del vestuario elegido.

Ascendiendo por las escaleras nos situamos en la BIBLIOTECA. En ella se exhiben los cuatro pilares de toda institución bibliotecaria: la colección, el uso, la organización y el personal que gestiona. En la sala no solo se presenta una colección organizada de fotografías que remiten al coleccionismo de libros sino, también, de discos y casetes en una fonoteca doméstica, como muestra la fotografía Gram Parsons de Félix Curto. Un muro de libros, aludiendo posiblemente a la construcción del pensamiento, es fotografiado por Chema Madoz que nos traslada a un fotocollage de una biblioteca histórica inundada de Pablo Genovés. Para terminar con una imagen de un alzamiento sobre libros de la artista Tere Recarens como mejor trabajadora premiada ante sus compañeros en Miss work.

La función primera de toda casa es la de poder guarecerse y descansar, de ahí que los dormitorios sean esenciales para nombrar una vivienda como tal. Aunque en el DORMITORIO 1 el descanso es algo dificultoso debido al sonido de unos gatos de juguete. La durmiente que aparece en la pantalla de plasma es una maja (tanto desnuda como vestida) desfallecida en el suelo que es acosada por gatos de peluche en un vídeo de Javier Núñez Gasco. Mientras tanto los colchones están vacíos, acrílicos de Teresa Moro; la cama, The Bed, evanescente también está desocupada, en una serigrafía sobre fieltro de Lorna Simpson; y en el somier crece un árbol, Dreaming Tree dibujado con escarcha de poliéster por Xavi Muñoz.

En el DORMITORIO 2 si que se duerme, pero este podría ser el sueño definitivo. Al entrar se contempla una fotografía de Nuno Cera con reflejos de una habitación de hotel, una situación de película de serie negra, en A room with a view (InterContinental, Hong Kong), mientras se avanza una fotografía de Félix Curto advierte La última vez que me suicidé y al frente se muestra un cuadro de Marina Núñez con una yacente arropada a la que sólo se le distingue el torso. A su vez, cabeza con cabeza, aparece otro yacente, Ikcha. Colony for Reeducation, fotografiado por Lise Sarfati.

El comisario de la muestra, Carlos Trigueros, en el centro, durante una visita guiada por la exposición.

El comisario de la muestra, Carlos Trigueros, en el centro, durante una visita guiada por la exposición.

Con mal cuerpo salimos del dormitorio, pasando por salón y hacia la cafetería cuando nos encontramos con la PISCINA 1, Sala 5. Una casa de prestigio, como lo es en la que nos encontramos, ha de tener su propia piscina. En este caso dos. La primera es una piscina artificial, o doméstica, como muestra la fotografía de Cristina Fontsaré. A continuación una piscina más humilde, una maqueta construida y fotografiada por Chust Peters. Junto a ella un Pensador rellena la suya propia en un cuadro de Gonzalo Sicre. Frente a ésta unas piernas de mujer con tacones en cristal, escultura de Juan Muñoz, que podrían tratarse de las de la chica que se cayó en la piscina durante la fiesta.

Un cuadro de Guy Van Bossche con un joven haciendo el pino desnudo centra la sala. Mientras que la fotografía de Candida Höfer muestra otro tipo de piscina, más técnica, en el otro lateral una fotografía de Ronland Fischer con un rostro de una joven emerge del agua (quizás sea la chica que hundió en la piscina).

Sin embargo la PISCINA 2 es la natural, la salvaje. El agua al revés es pintada por Ferrán García Sevilla, mientras que otro cuadro de ondas de purpurina de Kate Bright preside el muro siguiente. La fotografía central es de Tom Hunter y en ella actualiza el clásico tema de las bañistas. Y para cerrar la sala un hombre disfrazado de militar o superhéroe se esconde tras unos matorrales que van a la deriva en un díptico fotográfico de Cristina Martín Lara.

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