El paraíso de las ortigas

La sabiduría de las ortigas.
La sabiduría de las ortigas.

Por TOÑO MORALA

De niños, todos en aquellos años nos ortigábamos como para ser más hombres, más chulos; menuda estupidez… los sarpullidos eran terribles, te rascabas de lo lindo durante un tiempo, hasta que la piel reseca se rayaba y quedaba casi en carne viva… En realidad era por pasar la frontera de las ortigas, las guardianas de las flores bellas… hasta los caracoles las temían… y las babosas tan lentas, daban rodeos de horas para entrar en el jardín encantado. En aquellos corros de flores siempre había algún cuento que llenaba la creatividad de los presentes; se iban contando historias de flores de varios colores que olían a sonrisas y felicidad. Aquella tarde, uno de los chicos intentó robarle a la tierra unas margaritas, pero las ortigas se pusieron terriblemente enfadadas y mostraron sus hojas llenas de pelos urticantes… mientras, las más altas, cortaron el paso… el niño se dio cuenta del error y les pidió perdón… Nunca se arrancan flores a la tierra, hay que dejarlas para la mirada de la belleza.

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