En el principio

© Fotografía: Agustín Berrueta.

© Fotografía: Agustín Berrueta.

Cuadragésimo quinta entrega del narrador y profesor universitario leonés, quien colabora en TAM TAM PRESS con una singular sección quincenal de pequeños relatos cuyo título, “Lenta es la luz del amanecer”, quiere ser todo un homenaje al fallecido escritor Antonio Pereira. En cada ocasión, los relatos aparecen ilustrados por el fotógrafo leonés AGUSTÍN BERRUETA.

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Por FRANCISCO FLECHA

  1. Los juegos del jardín

Cuando aquí, en el viejo jardín de las manzanas (como dicen que pasaba también allá en Macondo) el mundo era tan nuevo que las cosas aún no tenían nombre, él, el hombre (aunque entonces tampoco lo sabía) le pidió compañera al supremo arquitecto de las cosas.

Se la dio el hacedor y, por una temporada, se dedicó la pareja fieramente a aquel juego arrebatado y sofocante que practicaban el resto de los bichos del jardín.

Con el tiempo, sin embargo, se fue apoderando del macho primitivo la pereza y la desgana.

Perdió la ilusión. Pero no por la rutina, sino porque no tenía otros machos a los que contarles la experiencia.

Y así nació, según creo, la primera necesidad verdaderamente humana, que es, sin duda alguna, la cosa del fabular y novelar.

  1. La dieta

Cae la tarde de un otoño lento y frutal en Paraíso.

Eva tiene un antojo irresistible.

Pero resiste, como siempre, porque sabe que las manzanas le sientan como un tiro.

  1. El árbol del jardín

El árbol central del jardín de Paraíso no era un manzano. Los árboles de fruta (las higueras y el manzano) las puso el dios arquitecto de las cosas para alimento de los hombres y las bestias que había ido creando.

El árbol que el dios de las tierras y los mares plantó en medio del jardín, el que igualaba a los hombres con los dioses y que, al mismo tiempo, era capaz de hacer descubrir su desnudez a los humanos tuvo que ser, sin duda alguna, el que se llama, desde antiguo, el “árbol de la palabra”.

Al pie de aquel árbol frondoso y gigantesco, roto por fin el silencio, el más torpe de los monos comenzó a crear, como los dioses, este complejo universo de símbolos e historias.

Con solo su palabra.

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