
Por TOÑO MORALA
Me dijo: —Cuando me pongo hipocondríaco, me levanto, me afeito aunque no lo necesite, me lavo, me peino, me pongo mi mejor camisa, el mejor pantalón… ajusto muy bien los cordones de mis zapatos nuevos… en fin, me “adonizo” como si fuera a salir a la calle… luego me arrepiento, y me pongo a escribir; y sí, escribo los peores versos del mundo. Mientras los rompo en mil pedazos… se me pasa la hipocondría, y vuelvo para la cama como si no hubiera pasado nada.