“1612”, una exposición del pintor leonés Rafa Anel en Oporto

Cuadro del pintor leonés Rafa Anel.

El artista leonés Rafa Anel repite exposición en Portugal y traslada la recientemente clausurada muestra “1612” de Lisboa a Oporto. Se podrá contemplar hasta el 30 de septiembre de 2017 en el Hotel Eurostars Das Artes 4*, en Oporto.

Esta nueva muestra en Oporto constituye la tercera exposición de Rafa Anel dentro del Proyecto Eurostars Exposiciones. Tras haber sido seleccionado para el proyecto en 2016 –el artista ya ha mostrado su obra en Madrid y Lisboa–, en estos últimos días de agosto inaugura la exposición “1612” en el Hotel Das Artes de Oporto, antes de retornar a Madrid a finales de 2017. La muestra reúne los últimos trabajos del pintor leonés repartidos en tres secciones o tipos: una primera compuesta obras de gran formato, y dos series en pequeño formato, una de acuarelas y otra de habitantes.

“Rafa Anel es un artista que lleva trabajando incansablemente desde hace varias décadas y cuya producción artística ha evolucionado en los últimos años hacia una abstracción total”, señala la nota remitida por El Cajón del Arte que gestiona en León Marta Uribarri. “Su obra actual, articulada en torno a la soledad del ser humano y la inmensidad de los paisajes que le rodean, no imita ni representa la realidad exterior, sino que trasciende la apariencia formal de las cosas valiéndose de las técnicas esenciales del lenguaje plástico, cómo la línea y el color. Rafa Anel es un pintor discreto, poco amigo de lo público y lo colectivo, que se mueve en otro mundo más personal e intemporal y que ha logrado un lenguaje autónomo que evoca sus propios sentimientos”.

Y la nota continúa:

“A pesar de la falsa apariencia de automatismo que subyace en sus obras, éstas son producto de un largo tiempo de reflexión en busca del ensimismamiento más propio de un proceso de trabajo clásico que de un artista expresionista, destapando las paradojas del mundo hipermoderno. No encontramos en sus pinturas la violencia o pasión de los informalistas, sino una abstracción más sistemática y rigurosa a través de la cual el artista busca sobre todo la autenticidad de la pintura, del puro acto de pintar, es decir, de las manchas y las texturas, de la caligrafía propia, en una gradual huída de la forma.

Los suyos son paisajes sutiles, despojados y vacíos, en los que apenas ocurre nada y en los que esa nada es organizada con un mínimo de elementos. Imágenes que nos resultan familiares, similares, que siempre nos transmiten la aspiración a un momento de reflexión, de tranquilidad y sosiego, pero muy diferentes entre sí, en los que se vislumbra una gran evolución debido a la constante experimentación con el color y con los diferentes materiales utilizados. Campos de color en los que la turbulencia de los cielos nublados se contrapone a la serenidad de la tierra que los soporta.

En algunas de sus obras aparecen trazos, frases enigmáticas volcadas en las composiciones como reminiscencias de la existencia del ser humano. Esta ambivalencia hace que cuando contemplamos sus lienzos no observemos una pintura de paisaje, sino la unión de la razón y el sentimiento, de lo lírico y lo analítico. Formalmente estas líneas enfatizan la contención, a la vez que acentúan el ritmo pausado y sereno del espacio horizontal. Como consecuencia, se revela una obra poética, sugerente, que se encuentra vinculada plenamente a múltiples referentes artísticos como los paisajes románticos, la pintura abstracta americana o el minimalismo.

Realizando los bocetos para estas pinturas de gran formato es cómo el artista descubrió las posibilidades plásticas de las acuarelas y las capacidades expresivas de los pigmentos, una nueva vía de creación que se ha convertido en el elemento principal de su producción y donde mejor se aprecia la evolución de su trabajo. El pequeño formato utilizado obliga a concentrar la inmensidad de esos paisajes, convirtiendo su contemplación en un acto íntimo en el que el espectador descubre el placer estético de lo esencial. El resultado son unas obras de gran intensidad que concentran todo ese rigor, ese despojamiento y expresividad contenida.

En su serie habitantes el artista presenta un paisaje antropizado. Dioramas que reflejan la soledad contemporánea en los que un personaje anónimo se encuentra solo ante un vasto paisaje, sensación que se ve acentuada por el carácter monocromático de las obras, con unos volúmenes creados a partir de diferentes materiales como el polvo de mármol. Un juego de contrastes que genera una tensión en el espectador al enfrentar lo micro y lo macro, lo tangible frente a lo intangible.

Las obras de Rafa Anel tienen algo de espiritual, son espacios que transmiten una sensación de tensa calma que invita a la contemplación y a la meditación, transportando a aquel que las contempla a un espacio silencioso y de dimensiones inabarcables.”

Información relacionada:

El pintor leonés Rafa Anel.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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