FETAL / El final del exilio

Imagen de mañana de El Coloso que abraza a quien visita Urones. Foto: Estrella R

Al caer el telón del Festival de Teatro Alternativo de Urones de Castroponce (FETAL), en Valladolid,, se marchan también los forasteros que han llenado los días de función las calles del pueblo terracampino, pero queda la belleza que ha sobrevolado los distintos escenarios y el regusto a haber disfrutado de un teatro comprometido y alegre. Nos llevamos puesta la piel y el olor del rocío, las flores y el aroma de la tierra cuando el sol se esconde, en palabras de Ethel Waters. A lo lejos, vemos que FETAL vive y que el exilio al miedo atávico de esta tierra áspera y conservadora, ha terminado.

Por ESTRELLA R.

Vuelve la calma a Urones de Castroponce, esa calma que a algunos de sus habitantes les acaba cansando. Se acabó el trasiego de coches por la carretera entre campos de girasoles, con las estatuas del Coloso y el Busto dando la bienvenida. Se acabaron las idas y venidas de caras forasteras desde la Casa del Teléfono hasta el teatro Corral de Anuncia. Las escuelas de Urones dejan de ser sala alternativa para los días de doble programación, y quedan vacías, a la espera de alguna reunión de la asociación de mujeres. Y el portón de carga y descarga del Corral de Anuncia permanece cerrado hasta la visita mensual de Circuitos.

Terminó el FETAL 21. Se acabó el Exilio en lo Bello y toca reincorporarse a la vida en las ciudades, los trabajos, las rutinas… Tierra de Campos se vuelve a despoblar, pero en sus rincones aún resuenan los ecos de una edición que ha dejado buen sabor de boca.

En el bar Velfer de Urones, comenta una asidua al festival durante todas sus ediciones “otros años hay días que no me gusta lo que veo, pero en éste me han gustado todos (los espectáculos)”.

La intención de su director, Álex Rodríguez, de hacer comarca sigue asentándose gracias a las extensiones. El Teatro-Corral de Comedias La Ermita de Valdunquillo se lleva la palma con dos funciones: Teatro Corsario y el joven cuarteto musical Flor de Canela, además de colgar en la primera cita el cartel de aforo completo. El público igualmente respondió con fidelidad a las funciones de Medina de Rioseco con Valquiria Teatro, la plaza de Villalón de Campos con el humor rosa de El Gran Rufus o la música de Malandro Club, que llenó la iglesia de Mayorga un domingo de fútbol.

Espectadores antes de comenzar el espectáculo en la extensión de FETAL en la Ermita de Valdunquillo. Foto: Estrella R

Aparte de las extensiones, necesarias como se está viendo, el núcleo central de FETAL sigue siendo la localidad de Urones. Muchas huellas perduran después del festival… Los Jardines Pintados de Calamar Teatro tardarán en borrarse del asfalto. Y el recuerdo de quienes han estado en las residencias se hace fuerte en las memorias.

Up-A-Tree Theatre nos conquistó con el estreno absoluto de Mujeres que corren con los lobos, pero igualmente lo hicieron Ximena, Marta, Esther y Andrea, las cuatro actrices que convivieron con el pueblo durante los días de la Residencia Creativa YESCA. Residencia que se lleva a cabo para visibilizar el trabajo de las mujeres entre quienes crean Cultura y empoderarlas, ya que este campo suele estar copado de hombres por lo que se generan unos contenidos culturales que refuerzan y potencian la desigualdad.

Teatro sin género

A este respecto, dice Ximena Vera, actriz, dramaturga y directora de la compañía, que “si yo voy a ver una obra de cuatro actores hombres, escrita por un hombre y dirigida por un hombre, no se cataloga ni vende como una obra de hombres, se vende como una obra de teatro. En el momento en que todo mi equipo, o gran parte, es femenino (el asistente de Dirección y el iluminador son chicos) entonces sí se convierte en una obra de mujeres. Que lo sigamos viendo denota que todavía no estamos en una situación de normalización. Y como espectadora también necesito sentirme reflejada, representada. No todos los aspectos de la vida dependen del género pero como mujer sí te sitúan en otro lugar. La sociedad, las familias… Esas perspectivas son necesarias para equilibrar culturalmente y más a través del teatro que es un ejercicio de empatía constante”.

Otra mujer con la que compartir un café se convierte en toda una experiencia es Luz Arcas (Premio El Ojo Crítico de Danza 2015) bailarina, coreógrafa y directora de La Phármaco. El último espectáculo de su compañía Miserere. Cuando la noche llegue se cubrirán con ella fue el broche de oro para esta edición número 21 de FETAL.

Ella confesaba que “dentro de la compañía que dirijo y de mi equipo el hecho de ser mujer no ha sido ni siquiera tema de conversación. Sí que es curioso que en el sector de la danza, donde hay un porcentaje muchísimo mayor de mujeres que de hombres, los coreógrafos de organismos oficiales -como la Compañía Nacional- o los coreógrafos más reconocidos en España acaban siendo siempre hombres y el porcentaje es desigual porque hay muchísimas más mujeres que hombres en la danza”.

Un momento del trabajo “Requiem” de Ester Bellver. Foto: Estrella R

Y respecto a iniciativas culturales como FETAL, Luz Arcas destaca que “actualmente vivimos un problema general para la cultura y más para la danza contemporánea que es la ausencia de público. Es decir, afición a la danza contemporánea prácticamente existe en las cinco capitales más importantes del país y aun así no existe una temporada de danza en ninguna de ellas. Soy absolutamente consciente de que hay que hacer un acercamiento de la danza a todos los ámbitos; rurales, pequeñas localidades porque la danza es necesaria y mucha gente no ha podido ni verla. Es un privilegio que en sitios como Urones pueda verse danza o teatro contemporáneos, es fundamental para que las artes escénicas sean necesarias en las vidas de las personas”.

Contar verdades

Pero no sólo las mujeres valoran positivamente la labor de FETAL en pro de las artes escénicas y, este año, de la visibilidad de la mujer. Xavo Giménez de La Teta Calva (nominado Mejor Actor Premios AAPV) hizo doblete con su Llopis en uno de los espacios alternativos, las antiguas Escuelas de Urones.

Al llegar a Valencia, compartía a través de las redes sociales esta reflexión que no tiene desperdicio: “Vengo de un festival de teatro ALTERNATIVO que se celebra en un pueblo diminuto y perdido en medio de campos y tractores, donde las casas son de adobe y las personas están curtidas por los veranos rasposos y los inviernos largos. El festival se llama FETAL y el pueblo es Urones de Castroponce. Las propuestas que allí se muestran son de diversa índole pero todas con un denominador común, diferentes. Teatro alternativo, independiente, “off” o como se le quiera llamar. Son esas propuestas que tanto se tildan de “difícil para mi público”. Ese público se acerca a lenguajes nuevos y a puestas en escena que van desde la performance, pasando por el trabajo de objetos, hasta teatro familiar. ¿Y sabéis qué? No son difíciles para aquel público. No, no lo son. El público no entiende de complejidades, las resuelven cada uno a su manera. El público va al teatro y a la mañana siguiente al campo a currar. Otros llegan desde Valladolid en autobús con su abono para no perderse una. No tratemos al público de pueblo pequeño como si sólo pudieran degustar la papilla más triturada. Llevemos, amigos programadores, teatro a los pueblos que sea comprometido con estos tiempos… El teatro alternativo es para la gente, para toda. No me vengan más con eso de que “mi público tal” y llamen a compañías que arriesguen y cuenten verdades. Dejen la papilla comercial para los teatros privados. Son muchos años de FETAL y va a más. Aquí estamos unos cuántos”.

Escenografía del espectáculo “Mujeres que corren con los lobos” (Up-a-tree Theatre). Foto: Estrella R

Espectadores con las antenas abiertas

Más contundente se mostró Tomás Fernández de Teatro Paraíso (Premio Nacional Artes Escénicas para Infancia y Juventud 2012) que reivindicaba la importancia de FETAL en tres aspectos: “Un festival como éste saca los colores a programadores más grandes. En los últimos años ha habido un retroceso muy grande en las artes escénicas. Y en cambio, en un pueblo perdido en la meseta castellana han sido capaces, a través de esas mismas artes escénicas, de elaborar un proyecto que supone una revitalización cultural y económica. Hay transmisión de ideas, de conocimientos, de emociones, de sensaciones… Y eso enriquece a todo un ecosistema porque FETAL no es sólo para la gente de Urones, es para toda la comarca”.

Reincidía Tomás Fernández a la hora de hablar del declive de los últimos tiempos, esta vez, a través del público: “Donde estamos pinchando es en la mala gestión que se hace de los públicos, por los precios, por la selección de espectáculos, poca originalidad, demasiada comercialidad, el reclamo de caras televisivas que no generan ningún valor añadido… Y eso ha sido una pérdida de valor. Los malos hábitos de los espectadores, porque en Urones ves que la gente es muy respetuosa, es un público fantástico, mientras que en teatros grandes y con presupuestos grandes es caótico porque los responsables no se hacen cargo, no pueden entrar los chavales con los bocatas y la merienda, y además como digas algo te la montan. Esa es la degradación. Mientras que aquí el público está ávido y necesitado de recibir estímulos y escuchar a gente que les sorprenda. Son espectadores que tienen teatralmente las antenas muy abiertas. Para el público de Urones y de Tierra de Campos, para el público de FETAL”.

El histórico director artístico de Teatro Paraíso finalizaba la charla con un alegato: “Son recursos públicos que están muy bien usados, hay una rentabilidad social enorme, también económica, y el público lo merece porque es fantástico. Es un lujo para nosotros, para mi compañía. Actuar en otros sitios no me pone tanto como venir a FETAL. Me conmueve mucho este festival”.

Bajado el telón, las impresiones concuerdan. Ha habido un intenso feedback entre compañías y público en los coloquios después de cada función en el Corral de Anuncia. También entre las compañías y residencias con los que lo hacen posible. Así como entre el público y la organización, que cada vez aprende a escuchar e interpretar las voces de quienes responden cada año, y ya son 21, a esta cita con el Arte y la Cultura.

Calle de Urones, larga y cargada de esperanza. Foto: Estrella R

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