Calendario (2)

Calendario (2). © Ilustración: Avelino Fierro.

Después de 125 entregas (y tres libros consecutivos, publicados en Eolas Ediciones), el autor anuncia que va a dejar de escribir el “Querido diario” por algún tiempo, que necesita un cambio de rumbo… Y abre nueva sección, “Calendario”, asimismo ilustrada. Esta es su segunda entrega:

CALENDARIO (2)

Por AVELINO FIERRO

También ahora tú estás restregándote los ojos entumecidos por la noche, levantando sin ruido la persiana y preguntando un poco por ti misma, toc toc, a ver quién de verdad eres en esta mañana de niebla. Este sábado nueve de febrero. No puedo ayudarte, sólo tengo en el cuenco de mis manos unos granos de silencio. Y tanto tiempo extendido por encima de esta mesa que siempre ha sido como una ciudad con sus calles del centro y vaguadas y sus barrios pobres, con sus torres de libros. Y este manuscrito de dos años, un bebé de muchas horas, que ahora llevaré a la estafeta escondido en un sobre verde de burbujas. Y Dios dirá; no volveré la cara en la despedida, no quiero sentir más. Como no siente la ciudad, con sus casas sin rasguños entre el algodón de la niebla. Y que ahora dejo atrás; entro en los campos. Está el runrún del motor y esta música, elegía que te oprime el pecho y te rodea como una corona de espinas, como un cilicio. El paisaje está difuminado; algo así será –pienso ahora– ese limbo que le dicen de los justos. ¿Y si por casualidad acabara ahí, en el peor de los casos, mi libro, no bautizado y lleno de ternura, engordado con días y días de desvelo, lleno de esperanzas, no como esos viejos almanaques que se mustian lamidos por el tiempo? Siguen y siguen esparcidas sobre el mundo estas sábanas de bruma. Sólo una cuña de luz deja ver a lo lejos la nieve golpeada por un rayo en la cumbre del Teleno. Sementeras pardas, espino albar, ateridos y mustios maizales, tapiales ya sin sangre, santos caminos hacia el perdón antiguo. Quiero también nombrar el hielo en las charcas, cardos de barba blanca que mece el viento, espadañas como caprichos en la llanura desvaídas como un cuadro de Galano, parejas dispersas de grajas… y este aire sin peso. No puedo más a veces; y nada digo cuando las palabras se me ocultan vagando en el cielo de la boca al arreciar los recuerdos en estos páramos de la niñez, como espectros o salteadores de caminos. Porque tú y yo estaremos de acuerdo en que sobre todo en invierno los años que pasan y pasan dejan mantos de escarcha fría y lánguida sobre los hombros y el pelo, y puede que en el corazón y sus ventrículos.

 

  1. José Luna Borge

    Son estas unas reflexiones de tan hondo calado poético que son prosa poética sin más. Entradas ensimismadas de un diario que trascienden la medida de lo humano y temporal quedando convertidas en pura creación literaria.
    Enhorabuena, Avelino.
    José Luna Borge

  2. José Luis Avello Álvarez

    ¡Ay caminante del amanecer y dibujante de la esencia! Me gusta leerte para captar las nuevas inherencias de tus palabras. Al final nos damos cuenta que cualquiera de nosotros ha percibido esos mismos paisajes de soledad y tiempo. Tú nos ayudas a recuperar el pasado, ya olvidado en los hangares de nuestras turbulencias pasajeras.
    La imagen es magnífica. Muy clásica, por lo equilibrado y la pureza de sus líneas. Nuestra percepción recrea fácilmente las partes ausentes.Pero no deseamos añadir nada pues está todo.

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