Calendario (22)

© Ilustración: Avelino Fierro.

Después de 125 entregas (y tres libros consecutivos, publicados en Eolas Ediciones), el autor anunció que iba a dejar de escribir el “Querido diario” por algún tiempo, que necesitaba un cambio de rumbo… Y abrió nueva sección, “Calendario”, asimismo ilustrada. Esta es su vigésima segunda entrega:

CALENDARIO

22

Por AVELINO FIERRO

Como en esta noche, como en otras noches, el ayer rezuma, la vida sangra. Y estás a la espera. Porque puede que en un instante te posea un gesto, una brizna de aire, un espacio entre dos miradas. Algo que te redima o tranquilice o te devuelva la confianza en el ser de los días que pasan. Ya sólo en algunos barrios se ve la lepra en las cornisas y la ropa tendida. Y siluetas pegadas como grafitis a los muros en aceras estrechas, perros sin dueño, paredes sin sujetar, desenclavadas. Y huele dulce o turbio, pero todo dice algo, se desliza entre tus pasos o se encarama a tus espaldas. Hay un pasado tuyo que no sé si tiene que ver con lugares pobres, maderos viejos y tapiales, bocanadas de campo y tierra mojada, álamos vibrando, luminarias. La infancia, para resumirlo todo. Y vas buscando en las calles de la ciudad ese alma pobre. En los barrios que se estiran hacia el norte, en salgueras que se miran en el agua, en un letrero pasado de moda, en ese bar con un camarero que se aburre tras la barra. ¿Qué ha podido suceder en el aire para que todo se desmorone, no sirva de nada, y esté teñido hoy de puros presentes iguales, todas las vidas enjalbegadas con la misma pintura, marcando el mismo paso, pendientes de los brillos de mercaderías insanas? Hasta que Prometeo hurtó el fuego y lo entregó a los hombres, estos estaban desnudos, descalzos, sin abrigo y sin armas. No sé si esa edad era la de la pureza. Ahora en la superchería tantos nadan. Y les parece que todo está en orden y con reconocer sus propias manos les basta. Estoy tan solo. ¿A quién pediría ayuda, qué ángeles transeúntes me oirían si yo gritase o pidiera limosna para mí, y para estos caminantes nocturnos que pasan a esta hora tardía de vuelta a sus casas? Estamos abandonados cada vez más a nuestra suerte. Lo siento así, bajo este toldo amoratado que me cobija y desde el que miro la plaza –con su skyline que era modesto y terrestre a la medida de los pasos del hombre, ahora arruinado por una terrible estatua–, buscando esos gestos del pasado, de los dioses del ayer, que yo creo que nos salvan.

  1. Rosalía

    Triste é o cantar que cantamos, mais, ¿qué facer si outro mellor non hai?

  2. Nicolás Miñambres

    Querido Avelino…”sursum corda”. Muy bonito el texto, pero triste. Que los antiguos dioses te devuelvan la alegría.

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