Un viaje por los laboratorios químicos del XIX y el XX en León capital

“La probeta. Viaje a los laboratorios químicos del siglo XIX y primer tercio del siglo XX en la ciudad de León”. Así se titula la conferencia que impartirá Rocío Rodríguez Herreras, licenciada en Ciencias Químicas, el sábado, 25 de enero de 2020, a las 17:30 horas, en el Museo Etnográfico Provincial de León, ubicado en la localidad de Mansilla de las Mulas. Actividad gratuita.

La Diputación de León a través del Museo Etnográfico Provincial de León, y dentro de la Actividad “Pieza del Mes”, ha programado para este mes de enero una conferencia que lleva el título: “La probeta. Viaje a los laboratorios químicos del siglo XIX y primer tercio del siglo XX en la ciudad de León”. En esta ocasión será ocío Rodríguez Herreras, licenciada en Ciencias Químicas, quien hable de esta probeta que el Museo alberga en sus fondos y que procede del Instituto Provincial de Higiene.

Según la conferenciante, fue en los laboratorios, esas “estancias sagradas”, como los denominó el célebre químico francés Louis Pasteur, donde se produjo a lo largo de los siglos XIX y principios del XX, el despegue industrial, científico, educativo y de la salud pública en la ciudad de León.

La probeta forma parte de la importante cultura material utilizada durante la investigación que se lleva a cabo en los laboratorios químicos. Por otra parte, la probeta es un icono cultural y científico que incluso da nombre a los bebés nacidos por la técnica de “fecundación in vitro”.

En esta conferencia la probeta sirve de pretexto para iniciar un viaje a los edificios cuyos laboratorios inundaban León hace más de 100 años. Al lado de la Catedral, en el siglo XIX se levantaba la primera gran industria químico–farmacéutica de la ciudad, la Fábrica de Productos Químicos. La importancia a nivel provincial, nacional e incluso internacional de esta industria fue espectacular. En la calle Ancha se ubica todavía la Farmacia Merino, fundada en 1827 y situada en su localización actual desde 1901. Su propietaria, María José, amablemente abre las puertas del laboratorio, actualmente en funcionamiento, que custodia las probetas que en otro tiempo sirvieron para la elaboración de fórmulas magistrales que sanaban las dolencias de los leoneses. Tanto la fábrica como la farmacia fueron gestionadas por la familia Merino.

Cerca de la Plaza de Santo Domingo se puede descubrir el lugar que acogió durante más de 100 años al Instituto General y Técnico “Padre Isla”, elevado recientemente a la categoría de Centro de Enseñanza Histórico. Entre las probetas del laboratorio de Química, alumnos y profesores disfrutarían con pasión de sus trabajos de investigación. Algunos instrumentos de laboratorio se conservan cuidadosamente en una vitrina situada en el actual Instituto de Secundaria “Padre Isla”.

De la mano de la probeta los asistentes podrán conocer la fachada del edificio que albergaba el Laboratorio Municipal y la antigua Casa Socorro, inaugurado durante el verano de 1926 y que fue dotado con abundante material de laboratorio.

En este viaje por los antiguos laboratorios de la ciudad de León, se llega también al edificio que un día albergó al Instituto Provincial de Higiene. Orgullo de los leoneses desde que se construyó en 1927, estaba dotado de una importante colección de instrumentos volumétricos, entre los que se encontraba la probeta protagonista de la ‘Pieza del Mes’, necesaria para la realización de análisis de alimentos y para la administración de vacunas que tantas vidas de leoneses salvaron.

El viaje con la probeta finaliza en el emblemático “Edificio Abelló”, cuya imponente chimenea sigue dominando el cielo azul de la ciudad. Dos inscripciones en sendos edificios “Productos” y “Químicos” recuerdan que hubo un pasado con mucha “química“ en el interior de los rojizos ladrillos que por un momento se podrían trasladar a algún barrio de la capital británica que atraviesa el Támesis. La Papelera Leonesa, más tarde Unión Química Española y finalmente Fábrica de Productos Químicos Abelló se instalaron en este edificio durante la primera mitad del siglo pasado, contribuyendo al desarrollo de la Industria Química y Farmacéutica de la ciudad de León. La construcción ha sido declarada Bien de Interés Cultural desde 1991 y constituye un ejemplo de arquitectura industrial, que bien merecería alojar un Museo de la Química y de la Farmacia, que impulsaría definitivamente el desarrollo del Turismo Científico en León, aunando así Cultura, Turismo, Ciencia y Tradición.

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