«Malvivir», un viaje a la cara oscura del Siglo de Oro

Marta Poveda y Aitana Sánchez-Gijón en «Malvivir».

Dos grandes actrices, Aitana Sánchez-Gijón y Marta Poveda, junto a Bruno Tambascio protagonizan el montaje “Malvivir” de Ay Teatro, basado en las novelas de pícaras del siglo de oro. La dramaturgia es de Álvaro Tato y la dirección de Yayo Cáceres. Será este jueves 24 de febrero en el Auditorio de León, a las 20:30 horas.

Con fragmentos de: “La hija de la Celestina”, de Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo; “La niña de los embustes”, de Alonso de Castillo Solórzano; “La pícara Justina”, de Francisco López de Úbeda; y “Tres letrillas y un romance”, de Francisco de Quevedo.

“Malvivir” reúne sobre el escenario a dos intérpretes, Aitana Sánchez-Gijón y Marta Poveda, con el desafío de asumir todos los personajes, para dar vida a una pícara, Elena de Paz, y al mundo que la rodea. Una mujer libre, rebelde, ladrona, ingeniosa, embustera y fugitiva que desafía  todas las convenciones de su época y paga el precio de su libertad.

Los espectadores verán desfilar a lo largo de una hora y media a más de una docena de personajes que giran en torno a Elena de Paz: el pícaro Montuìfar, la bruja morisca Zara, el buhonero gascón Pierre, la dama viuda Teodora, el hidalgo perulero don Álvaro… recorriendo así, gracias a la transformación física, vocal e imaginativa, toda la España de la época: sus escenarios -ciudades, caminos, ventas, ríos, aldeas- y las distintas capas sociales de los personajes de una época turbulenta y fascinante: el Siglo de Oro.

Pero “Malvivir” es también la historia del amor desgarrado y salvaje entre Elena y Montuìfar; dos pícaros miserables en una España de esplendor y hambruna, de ensueño y engaño, de fe y brujería, de ilusión y muerte.

Con este montaje Ay Teatro presenta una visión tragicómica del siglo XVII, una reflexión sobre la libertad y la supervivencia y un rescate de la literatura picaresca femenina del Barroco.

Las claves del montaje

Las claves del montaje se inspiran en la síntesis de elementos, el aprovechamiento máximo de las posibilidades del juego escénico y una exquisita labor de vestuario, iluminación, música en directo y ritmo.

Una fiesta de la sugerencia y la teatralidad, con vaivenes entre risa y llanto, con la tragicomedia a flor de piel y las canciones originales (con letras quevedescas) resonando a lo largo de toda la pieza, a modo de aquel teatro itinerante y festivo que tanto se prodigan en la época al margen de las compañías oficiales de corrales de comedias.

Un regreso, pues, a las esencias, a las claves carnavalescas del fenómeno teatral barroco y pre barroco, para zambullirnos de pleno en el lado oscuro de la España áurea: el hambre y la miseria de las desposeídas y marginales que rompen todos los códigos éticos y morales en pos de la supervivencia y la libertad.

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