
Reseña de los dos últimos libros del poeta y crítico Miguel Casado, ‘Cosas contemporáneas’ (Libros de la Resistencia, 2025) y ‘Estos nuevos tópicos’ (Tusquets, 2025)
Por LUIS MARIGÓMEZ
El autor aúna la condición de crítico literario, de traductor y de poeta. A veces pareciera que una faceta oscurece a la otra; entiendo que, en realidad, las tres se apoyan entre sí. Ha traducido poemarios desde el francés, el portugués y el chino. Como crítico tiene una carrera larga y brillante. Sus estudios sobre Gamoneda, José-Miguel Ullán, Aníbal Núñez, Vicente Núñez, César Vallejo, Pessoa, Rimbaud, y tantos otros, son de referencia y, de hecho, dicta conferencias en Francia, Suecia, Portugal, Méjico, etc. y por toda España. A su buena tanda de libros de crítica, a menudo él los llama lecturas, desde aquel mítico ‘Esto era y no era’ (1985). Este año ha publicado una recopilación de artículos, ‘Cosas contemporáneas’. Sobre esta dualidad se cierne una paradoja que indica Casado: «La lectura escribe (…) la escritura lee.»
Paralela a esta actividad de análisis de la obra de otros poetas está la de la escritura de poesía, con seis libros que se han compendiado en su Poesía reunida, ‘Deseo de realidad’ (2023), y ahora aparece una nueva entrega con ‘Estos nuevos tópicos’ (2025). Sobre el sentido del primer título, el estudioso dice «La realidad aparece cada vez más como aquello que nos falta», y aclara «una reivindicación de la realidad que nada tenga que ver con el realismo». En estos dos últimos libros parece que la cuestión se centra en lo que pueda ser el ahora, las ‘Cosas contemporáneas’ del primer título se relacionan con ‘Estos nuevos tópicos’. El presente es el único tiempo que existe, dice el autor…
El poema tipo describe instantes, con elementos de la mirada, y también de la conciencia. Aparecen situaciones muy concretas y abstracciones,
Torcido está el postecillo metálico
que defiende la acera, y oblicuo
sobre las franjas de cebra. Escribir
es la forma de un tiempo vacío,
un excedente que no acaba
de asumirse; igual que en la mirada
una continua serie de hechos
y seres que no se retienen. Excedente
suena un claxon, pasa despacio
la gente como si estuviera la tarde
vencida, con un cigarro en la boca
el panzudo, esquivando el postecillo.
y entre los dos extremos se configura el poema. Hay una trenza entre lo que ve el poeta, el postecillo, la reflexión sobre la escritura, y la relación entre los dos hechos, que lleva a otro lugar / no-lugar, el del límite inefable de la poesía. Entre los recursos formales, se dan los encabalgamientos continuos y la ausencia de metáforas. Las rimas y medidas tradicionales de versos ni se plantean. Estas características hacen que su poesía tenga un ritmo y una sonoridad particulares, próximos a lo que podría ser un habla muy depurado. Para Casado, la poesía es siempre un hecho del habla, alejado de cualquier tipo de normativa. El poema se configura con sus propias reglas, mientras se construye. Y es solo a partir del poema cuando se puede empezar a indagar teorías, nunca con carácter normativo, sino analítico.
El libro está dividido en tres partes: Huertos callejeros, en la que aparece el pasado en algún poema, “Citas clandestinas junto a la vía / (…)”, en el que rememora una escena de la resistencia en tiempos de Franco; incluso se recrean momentos históricos, “Aecio de Amida lo escribió primero en griego. / (…) [la palabra es myopía] «(…) escribir una palabra / por primera vez encontrar el hilo / del habla y enhebrarlo en la pluma». No hay certezas definitivas ni modelos a aplicar, cada poema busca una forma propia, que surge de él mismo. «Probar a ir sin saber dónde / por si el dónde lo dice el ir.» El objetivo puede ser la aparición en el texto de la vida, y quizá también, la belleza: «(…) y él no pudo / eludir la anómala belleza, el instante / sublime, pues tenía / la belleza miedo y pensamiento.»
En Cuaderno de la torcedura los poemas son un poco más abstractos, quizá: «Por eso no alcanzan los números / sin una torcedura. Algo que estorbe, / interrumpa el curso / de lo previsto (…),» en los que se pregunta por el lugar del pensamiento en la poesía. «No sé bien qué intento pensar (…)»; también es más explícito un tono político que siempre se muestra de algún modo en la poesía de Casado. «¿Torcedura quiere decir revolución?» (Ibíd. P. 71).
Lo que sigue, lo que para, la tercera y última parte de libro, incide en los temas y las formas ya aludidos, como si las dificultades del hacer estuvieran ya desbrozadas y celebrara un hallazgo. «(…) Cuanto más tiemblan / más claro lo veo, lo que sigue, / lo que para.». Es como un hilo para seguir adelante, con las pausas que sean necesarias, con encuentros que aparecen, a lo largo de la vida, y ¿explican? el título del libro en el poema final, «(…) No sé si me acostumbro / a estos nuevos tópicos, y los anoto / pese al disgusto, al olor / que los acompaña. Pero es cierto / que vuelvo a casa con ánimo de celebración / (…) con sus reservas la vida nos desborda.»
«El poema crece (…) desde el no saber». «Porque el poema piensa con todo su cuerpo, con toda su acción de escritura.» Estas afirmaciones de ‘Cosas contemporáneas’, con otras muchas igual de estimulantes, animan a una lectura en paralelo de los dos libros para conseguir un aún mayor disfrute, intelectual, poético y somático.
