TAC 2026 / ‘Cosmicomics’ de Cirque Hirsute / Imagina que vuelas al espacio

El espectáculo ‘Cosmicomics’ es un pequeño viaje compartido. Foto: Juan A. Berzal.

La compañía Cirque Hirsute invitó a los espectadores de Valladolid a realizar un viaje fuera del planeta sin sentir los efectos de la gravedad o el vértigo. Un experimento espacial, no exento de movimiento ni riesgos, aunque sus intérpretes lucharon por todos los medios para que el público no perdiera el humor ni la complicidad. La odisea espacial Cosmicomics concluyó con final feliz porque poesía y ciencia se aunaron para que, sin moverse de sus asientos, los aventureros encontrasen el equilibrio y la emoción que toda hazaña precisa.

Texto y fotografías: JUAN ANTONIO BERZAL GARCÍA

Es sábado a mediodía. La hora y el calor no son propicios para estar en la calle, pero no hay ningún impedimento para que el público de Valladolid se acerque a los espectáculos que nos ofrece el TAC 2026. Lugar, Acera de Recoletos. Sobre el recinto una nave que nos convoca a realizar un viaje interestelar a los confines del espacio. La lanzadera no tiene aspecto de cohete lunar, quizás se parece más a un columpio o a un astrolabio desde el que veremos volar a los dos cosmonautas/clowns que forman la compañía Cirque Hirsute.

El público que abarrota el graderío está expectante ante lo que se les viene encima. Por ahora lo único que observamos son abanicos, gorros, parasoles y ganas de disfrutar… TAC, TAC, TAC: el espectáculo va a comenzar.

Cirque Hirsute es una compañía francesa de circo contemporáneo Foto: Juan A. Berzal.

Casi sin previo aviso aparecen nuestros dos protagonistas sobre un vehículo que les acerca a la base de lanzamiento, dan unas vueltas quizás como presentación ante el público, quizás para observar el lugar desde el que van a operar. Ella es la astronauta que va a viajar, él su técnico orbital de confianza. Comienzan los primeros escarceos con el cohete: hay que averiguar cómo se pone en funcionamiento.

—¿Qué tal si utilizamos métodos rudimentarios?

—Perfecto, así lo vamos a hacer.

Mediante una cuerda consiguen poner en marcha la base de lanzamiento, después de algunas dudas sobre quién sube a la plataforma y quién no. Y aquí empieza realmente el espectáculo: la unión entre astronauta, columpio/astrolabio y técnico se convierten en danza. Girando, subiendo y bajando nuestra avezada heroína baila. Por momentos, nos recuerda la nave de 2001, Una odisea del espacio mientras suenan los acordes del vals “El Danubio azul”.

El viaje al espacio ha comenzado: mediante la danza nos imaginamos que está volando, que en breve se pondrá en órbita. Incluso, nuestro técnico/clown se ha sentado a observar la travesía.

El montaje combina acrobacia, humor y poesía visual. Foto: Juan A. Berzal.

Como si de una película se tratase, pasamos a una nueva escena, compartida por los dos intérpretes sobre la plataforma: equilibrios lentos, pausados, para mantener el columpio horizontal. Estos movimientos tan pausados nos obligan a pensar que han llegado a su destino: la Luna. ¡Cuidado, hay problemas! Pierden el equilibrio de la barra, pero consiguen volver a la calma mediante sus movimientos. ¡Qué grandes profesionales del espacio!

Tumbados, sentados, colgados boca abajo mientras el cohete gira en órbita estacionaria, la expedición continúa sin percances.  Estamos llegando al final del trayecto, pero queda lo mejor: un paseo por la superficie lunar en su pequeño vehículo todoterreno.

De un plumazo volvemos a la tierra. La nave ha aterrizado sin contratiempos. Los niños vuelven a parpadear, las constantes sonrisas del público se convierten en gestos de satisfacción y las manos rompen a aplaudir después de que Cirque Hirsute nos haya hecho disfrutar de un paseo por el espacio. ¡Viva el circo!

Los dos intérpretes evocan una imaginaria conquista espacial. Foto: Juan A. Berzal.

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