En el Centro Leonés de Arte (CLA) se inaugura este martes 30 de junio, a las 20 horas, la exposición «Virginia del Arco. La experimentación matérica: Estepitaco«, una muestra propiciada por el ILC que «invita a un recorrido sugerente por los caminos de la materia, pluralidad de materiales con historia, diversidad de texturas, multitud de colores, infinidad de ritmos…». Una invitación «a sentir un arte vivaz y contemplativo«, en palabras de esta creadora afincada en Maragatería.
Por LUIS GARCÍA MARTÍNEZ,
director del departamento de Arte y Exposiciones del ILC
Virginia del Arco nace en Barcelona en 1961, e inicia su trayectoria creativa en uno de los centros de mayor prestigio y reconocimiento nacional e internacional en el ámbito del diseño y de las artes, la Escuela Massana de Barcelona, continuando su formación en la Escuela de pintura Boter/Santaló, vinculada a la revisión del movimiento fauvista y la influencia de los pintores catalanes –Ramón Sanvicens y Francesc Gimeno– que, en cierto sentido, junto a la expresividad de Van Gogh, han influido en su obra por la intensidad cromática. Ha participado en múltiples muestras colectivas en Cataluña, Madrid, Castellón y León, y también ha expuesto de forma individual en Barcelona y León.
La serie Estepitaco, que se presenta para su exhibición en el Centro Leonés de Arte (CLA), en la planta baja, surgió a principios del 2010 tras el cambio que experimentó Virginia del Arco al trasladarse de la ciudad cosmopolita y con un intenso marchamo cultural de Barcelona, a un pueblo abandonado y aislado situado entre el Bierzo y la Maragatería, Manjarín, como nos indica la propia artista: “Esta obra la inicié después del radical cambio de mi vida urbana por la vida austera en los montes de León en el año 2010. Más austeridad, menos comodidad, más tiempo dedicado a la creación artística”. Esta soledad plena y deseada en Manjarín le permitió una unión y fusión espiritual integral con la naturaleza y los animales, dejándose fluir por el camino que le marcaba su interior, camino que le permitió generar una expresión creativa interior, pura y directa sin ninguna trava mediática.
Según Virginia del Arco este es el sentir del estepitaco:
“Estepitaco nos invita a un recorrido sugerente por los caminos de la materia, pluralidad de materiales con historia, diversidad de texturas, multitud de colores, infinidad de ritmos. Una apertura al mundo de la imaginación donde la improvisación, la intuición y el orden natural juegan a dibujar espacios de generosa hermosura. Una obra única llena de vida que nos induce a viajar a través de la experimentación visual y sensorial conectando con la emoción y el recuerdo. Se trata de una obra ecléctica y viva, única e irrepetible que se alimenta de historias del mundo y del respeto a la Naturaleza. Cada material y objeto reciclado que la componen tiene su importancia propia, pequeñas joyas que potencian su encanto en un curioso espacio de unión y creatividad. Un reencuentro con las laborales artesanales de nuestras antecesoras, mostrando y revalorizando su buen hacer. Una propuesta a sentir un arte vivaz y contemplativo.”
La muestra se exhibirá desde el 30 de junio hasta el 6 de septiembre de 2026, y aporta una visión amplia de la obra de esta artista surgida a lo largo de más de quince años, coincidiendo con dos fases diferentes, una primera fase centrada en obras creadas durante su primera estancia y vivencia cerca de la naturaleza en estado puro en el puerto de Manjarín, y la segunda fase cuando se traslada a vivir a Val de San Lorenzo, localidad de tradición textil ancestral en la Maragatería, donde reside y tiene su taller actualmente.
:: Fusión de técnicas y experimentación sensorial
‘Estepitaco’ es el acrónimo que procede, según la artista, de los siguientes términos: EScultura, TEjido, PIntura, TApiz y COllage. ‘Estepitaco’ es, por tanto, una fusión de estas cinco técnicas tradicionales de creación, que generan una plataforma técnica integral que funciona como eje clave para desarrollar las obras. En este caso la artista nos propone, por medio de un conjunto amplio de 43 piezas, un viaje a través de la experimentación visual que invita al espectador a conectar con el mundo de las sensaciones visuales y emocionales.
Virginia del Arco nos plantea un universo creativo tremendamente sugerente generado por medio de la articulación y reutilización de objetos y materiales reciclados, algunos de ellos con un fuerte sentido sensorial y emocional, materiales como testimonios y soportes de la memoria vivencial, social y humana; baste citar las puntillas tejidas por nuestras abuelas y madres. También plantea una reivindicación del valor del trabajo manual y creativo de las mujeres, recuperándolas en cierto modo del olvido e indiferencia.
La articulación o collage de los más diversos y variados artilugios, materiales y objetos, toman un nuevo sentido y enfoque en estas composiciones plásticas, constituyéndose en protagonistas esenciales de la obra por medio del diálogo entre elementos que emergen desde territorios totalmente dispares. Sus obras pueden plantearse como ordenaciones de materiales articulados con sentido pictórico, incluso interviene la pintura en ocasiones, pero también surge el volumen como tal, generando una aproximación al territorio textural inicialmente y escultórico con sentido pleno, e incluso en ocasiones se llega a dar un cierto sentido instalativo en el ordenamiento de las piezas dentro del espacio expositivo.
En su obra no faltan las citas y reflexiones explícitas sobre el taoísmo, que impregna su obra como un elemento esencial de su proyección vivencial y espiritual; sus propuestas son una parte más de su vida y personalidad, una extensión de su energía y diálogo con la naturaleza. Así, el Yin y Yang, están presentes intensamente en su trabajo como formula de acción y creación; por otro lado, se muestra una cita explícita en cinco obras que representan o sugieren, en cierto sentido, los cinco elementos o fases dinámicas de energía que explican la interacción del universo en el taoísmo, que son Tierra, Madera, Fuego, Agua y Metal. Pero, al mismo tiempo, también realiza un homenaje claro a la pintura barroca de Velázquez, con sus reinterpretaciones, y a la figura de Vincent van Gogh o las culturas ancestrales africanas, generando un espacio de diálogo de gran intensidad entre el pasado y el presente.
‘Estepitaco‘ nos plantea un paisaje personal, íntimo, intuitivo de evocaciones psicológicas, donde emergen presencias sutiles y efímeras junto a connotaciones contundentes y desafiantes que sumergen al observador en un espacio de belleza y encanto consiguiendo un armónico diálogo de exaltación y silencio. La explosión del color y las texturas procedentes de los más diversos componentes, tanto artesanales como industriales, nos introducen en un espacio sugerente y evocador de mil historias, cuentos y leyendas, como consecuencia de la potencialidad narrativa de los componentes de memoria que se integran en las piezas.
:: Sobre Virginia del Arco y su búsqueda vital
La creadora catalana Virginia del Arco mantiene unos vínculos afectivos, humanos, vivenciales y artísticos muy estrechos con la provincia de León, en la cual vive y reside desde 2010. En un primer momento se estableció en los aledaños de la localidad semiabandonada de Manjarín, un punto de inflexión del Camino de Santiago en León, conviviendo en plena naturaleza con los mínimos básicos y desarrollando una intensa actividad creativa. Virginia recaló en Manjarín durante una peregrinación a Santiago de Compostela, fue en este momento cuando se enamoró de la aldea situada en el puerto entre el Bierzo y la Maragatería, cercana al mítico Monte Irago. Aquí encontró su lugar, su hogar, su espacio vivencial de respeto, fusión y armonía con la naturaleza, potenciando su creatividad y dando otra dimensión y sentido a su vida, marcada profundamente por su compromiso con el taoísmo.
Esta creadora plástica residió en total soledad desde 2010 en plena naturaleza, en una zona muy próxima a Manjarín, a 1.460 metros de altitud, con inviernos de gran dureza climática, hoy un poco más atemperados por el cambio climático. En las proximidades de Virginia sólo estaba el albergue de peregrinos conocido como el Refugio Templario de Tomás Martínez de Paz, un personaje muy especial y singular que se instaló en 1993 hasta su fallecimiento en 2026. Hace unos años, Virginia se trasladó a la emblemática y genuina localidad textil maragata de Val de San Lorenzo, donde ahora vive y tiene su taller. Estos hechos nos facilitan una aproximación a la figura de esta singular creadora, una artista solitaria, independiente, valiente, tenaz y resiliente, de fuerte personalidad y carácter, comprometida profundamente con el sentido ético del ecologismo y el animalismo, creyente del respeto mutuo y convivencia en equilibrio entre los seres vivos, siguiendo el Tao.
Virginia del Arco pertenece a ese amplio grupo de personas qué, ante la desoladora y asfixiante situación social, urbana e industrial, en los años setenta, ochenta e incluso en la primera década del siglo XXI, deciden desvincularse, en cierto sentido, de la sociedad consumista, capitalista, industrial, contaminadora, insolidaria, incluso deshumanizada, para buscar un espacio de armonía social, sosiego, paz y tranquilidad fuera de los estándares sociales. Así surgen tendencias o enfoques sociales con un cierto sentido marginal pero renovadoras en Europa, inspiradas en el movimiento no violento de Mahatma Gandhi y en España vinculadas al filósofo italiano Lanza del Vasto que fundó La Comunidad del Arca, comuna que promovía la no violencia, el vegetarianismo y la autogestión económica con seguidores y actividades en Salamanca, teniendo una repercusión intensa en el movimiento de objeción de conciencia en España.
También el movimiento naturista y vegetariano, el movimiento ecologista, el movimiento neo-hippi, o el movimiento Rainbow Family, que, en León junto con la Comuna de Diego Segura en Genicera y la Ecoaldea de Matavenero, supusieron un hito muy significativo de este tipo de propuestas alternativas en relación al modelo de sociedad establecido. Propuestas de diferentes modelos sociales que en general han fracasado, aunque en estos momentos existen unos nuevos brotes y enfoques intermedios y renovadores que podríamos englobar en el término genérico, aunque existen muchos matices y enfoques, de movimientos neorrurales. Este fenómeno es de gran interés e intensidad en estos momentos, baste citar el caso del asturiano Rodrigo Cuevas y su proyecto La Benéfica, un ejemplo claro de respeto e integración social de la diversidad, la creatividad en todas sus vertientes como modelo de desarrollo personal y social, respeto a las tradiciones, la memoria, el pasado, el diálogo y el respeto a la naturaleza, una vuelta al campo y al contacto con la naturaleza de forma racional y equilibrada, planteándose el diálogo, el respeto y la felicidad como motores esenciales de acción social.
Este tipo de vertiente social, serviría en cierto sentido para enmarcar la figura especial de Virginia del Arco, si la articulamos con una intensa actividad creativa que se sitúa en el ámbito del territorio textil, utilizado el término en su sentido más amplio. Actividad textil interferida o impregnada de la acción pictórica y escultórica con un substrato estructural en el arte contemporáneo, que se puede observar en la importancia y relevancia que el territorio textil alcanzó y mantiene actualmente con figuras de la significación de Grau Garriga, María Asunción Raventos o Aurelia Muñoz, en Astorga está la artista búlgara Yablena Petrova, en León cabe destacar la figura emblemática de Francisco Chamorro.
:: Creadores singulares en Maragatería
Como hecho curioso, debemos reseñar qué en la Maragatería y proximidades, en algunas localidades, muchas de ellas con muy pocos habitantes que residan durante el año, nos encontramos con una serie de personajes singulares y de gran interés que coinciden en cierto sentido con el espíritu de Virginia del Arco y que están vinculados al arte en el sentido más amplio. Así podemos destacar la figura emblemática y pionera desde los años setenta del artista de la forja José Oré, con su taller y galería Grupo 18 en Castrillo de los Polvazares, un ejemplo resiliente, tenaz y cultural de la zona.
La escultora alemana Andrea (Andy) Schmidt, que realiza escultura en piedra con la técnica de la talla directa en la localidad de San Martín del Agostedo, después de haber sido una pionera integrante de los miembros que formaron parte del movimiento Rainbow Family, que participó en el primer encuentro en los montes de Genicera y posteriormente se asentaron en Matavenero, creando una ecoaldea, que en la actualidad sigue vigente. El escultor simbolista y expresionista iraní Masud Barghinobar, asentado desde hace años y que ha intervenido en varios árboles en Santa Colomba de Somoza. María José Requejo, otra pionera de la denominada nueva cerámica leonesa, que desde hace décadas tiene su taller de cerámica creativa en Boisán de Somoza.
También se cuenta con el Centro Artesanal de Santa Colomba de Somoza donde reside otra pareja de ceramistas magníficos en el ámbito creativo, Esther Alonso y Juan Albandea. Al mismo tiempo, reside en la zona, desde hace unos doce años, Nuria Antón, poeta, escritora y escultora en piedra. Residía la poeta Marí Paz Martínez en Andiñuela de Somoza hasta su fallecimiento en enero de 2025. También existe un amplio número de personas vinculadas a la pintura y la música, que se reúnen habitualmente en el Trechuro, en Castrillo de los Polvazares, donde se puede tomar un café y de repente escuchar un concierto magnífico improvisado entre los asistentes o una lectura de poemas.
Toda esta actividad dinamiza intensamente la zona desde la perspectiva cultural, social y económica, junto con la participación de museos como el caso del Batán Museo o la fundación recién creada por el músico Álex Cooper (Alejandro Díez Garín), Fundación Club 45, con exposiciones, charlas, presentaciones de libros y conciertos.








