

En bandada, libres
Ildefonso Rodríguez
Varasek Ediciones, 2026
Recogemos aquí el texto leído por Luis Marigómez durante la presentación de ‘En bandada, libres‘, el último poemario del músico y poeta leonés Ildefonso Rodríguez, que tuvo lugar el pasado 22 de mayo en la Fundación Segundo y Santiago Montes, en Valladolid.
SON
Por LUIS MARIGÓMEZ
La poesía está a medio camino entre el relato y la música. Del relato tiene las palabras, la mirada hacia afuera, quizá; la extrañeza ante la realidad que provoca la escritura; de la música, la búsqueda de un cierto ritmo, melodía, compases, armonías, disonancias… La poesía quiere el vuelo de la música, su mundo abstracto, y la música, a veces, las referencias que nutren la poesía, en las canciones, por ejemplo.
Ildefonso Rodríguez es músico y poeta. Conoce las dos vías. En su música hay la poesía profunda que va más allá de las palabras. En su poesía se notan sus conocimientos de las maneras que conforman la música. Pero la música es un concepto muy amplio, ¿qué tipo de música hace Ildefonso Rodríguez? Básicamente, jazz, una música que brota de todo el cuerpo, no solo desde la cabeza, en la que la improvisación es esencial, porque constituye el eje que la conforma, su vida, mientras se interpreta. Cita Rodríguez en un poema a Walter Benjamin: «Hoy en día nadie debe empecinarse en aquello que sabe hacer. En la improvisación reside la fuerza» (p. 115)
‘En bandada, libres’ es su último poemario, después de publicar su poesía reunida, ‘Escondido y visible’ (2008), el libro-disco ‘Inestables, intermedios’ (2014) y ‘Mandolina y jaula ante un espejo’ (2019), al alimón con Francisco Deco.
Ya en el primer poema, titulado entre paréntesis ‘(la canción del Pozo Pi)’son explícitas esas características de poeta/músico o músico/poeta. Para empezar, lo denomina canción. En la música son esenciales las repeticiones, para generar ritmo y esqueleto a su fluir: «así (…) como si (…) no como si (…) no es (…) es como si (…) como si…?» Se nombra también una pista de baile, porque la música que a él le interesa mueve los cuerpos de la audiencia. Lo que no hay es métrica, en el sentido tradicional; “esa superstición” le he oído alguna vez decir. De la rima a final del verso ni hablamos, aunque sea tan habitual en las canciones al uso.
En la música suele haber varias capas, la sección rítmica, el bajo continuo, la base que sujeta la melodía, y luego las florituras de los instrumentos solistas. En el jazz esto subsiste, pero cada instrumento tiene su tiempo estelar, la jerarquía es menos rígida. En esta colección de poemas, las distintas maneras se entrecruzan y hay párrafos en prosa junto a versos muy perfilados. Las distintas capas no se someten a jerarquía; aparecen según la conveniencia del poema. Pero, ¿de qué habla el libro?
«Y la pregunta que a todo esto parece que debería atañer:
¿tú que quieres decir?
O con más confianza:
Tú di lo que quieras decir
(vuelve la pregunta en su torno:
¿pero tú que me quieres decir?)» (Pág. 41)
Al cabo de unas páginas, se esboza una respuesta:
«rozadura:
años sintiendo que la mayor urgencia en la escritura
es el recuerdo y la alabanza —espectros míos— de los idos
fatiga y pesar y hasta un punto grotesco como un especialista
(¿quién será el próximo?)» (Pág. 48)
Es este un libro sobre el pasado del autor, sobre la importancia de lo pasado, en el presente, en el momento que fija la escritura. Sobre los que estuvieron muy cerca y ya no están, sobre los que siguen ahí, alrededor. «Así hemos sido, así hemos vivido». (P. 28) Hay referencias a títulos anteriores, ‘Libre volador’: «libre volador / en caída libre» (P. 148) uno de sus primeros libros; y a uno de los últimos, ‘Inestables, intermedios’. «Alguna cosa musical intermedia inestable» (P. 34) «Un reparar, un repasar sin remedio»
Aparece, claro, el mundo de los sueños, esencial a lo largo de la obra del autor. La ilación de imágenes sin causa aparente. «Es la lógica del arcoíris» (p. 113) Lo irracional como un componente nuclear en lo que cuenta. Invoca también al futuro, como un mago, «el poder de ver / lo no visto todavía» (P. 39)
La frescura del que busca, de quien no da nada por sentado —«Uno no sabe» (P. 77)— es la argamasa que utiliza el poeta para la construcción de su pieza, además de los desafíos que le salen al paso: «es un umbral / es sonoro / hay que cruzarlo» (P. 87). Cuando acaba el libro, empieza a mirarlo a cierta distancia: «esto es algo / que quisiera ser / son» (P. 130) Son es una de las palabras fetiches del autor, por su polisemia, por su musicalidad, por su aparente simpleza. Quizá engloba su propósito al escribir.