Por ELOÍSA OTERO.— «Lo cierto es que la lectura de este libro se me fue demorando, en busca de un tiempo tranquilo. La reservé para un viaje en tren, León-Madrid ida y vuelta. Y en ese viaje pude al fin desgranar sus palabras, trazando en sus páginas ventanas con el lápiz, abiertas a nuevas lecturas…»