Pentti Sammallahti

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Por JOSÉ RAMÓN VEGA

Es difícil encontrar una foto de Pentti Sammallahti en la que no salga un perro, de frente, de lado, debajo de un coche. También es difícil que alguien lleve las botas limpias, pues en las tierras del bueno de Pentti, el buen tiempo, lo que la mayoría de la gente entendemos por buen tiempo, seco y soleado, se prodiga lo justo. Cuando Pentti viaja a otros confines del mundo puede cambiar a sus perros por vacas, pájaros, caballos, ranas o monos, pero sigue siendo Pentti, con su recurrentes debilidades, con su disparo fugaz y certero.

Descubrí a Sammallahti no hace tanto, éste mismo año. Fue en Madrid Foto, que este año se celebró en la naves de antiguo matadero, un sitio ideal para este tipo de eventos, dentro del casco urbano de la ciudad. Esta feria está considerada un mini-ARCO exclusivamente fotográfico y a ella acuden gran cantidad de galerías, españolas y extranjeras con sus obras más atractivas buscando la venta directa. El tipo de obra que predomina es, podríamos decir, de carácter decorativo, grandes ampliaciones, trabajos perfectos, bien acabados, llenos de técnica exquisita, preparados para colgarse en sitios, digamos, elegantes y de buen gusto. Allí, en medio de aquella riqueza de luz y color, me di de bruces con una reproducción en formato panorámico de Pentti Sammallahti que me cautivó a primera vista y a la que tuve que volver un par de veces más para fijarla en mi retina. Un coche atascado en medio de barrizal, tres niños empujando desde el maletero intentado que las ruedas cogiesen tracción, otros dos en primer plano mirando al objetivo, dos perros merodeando, el reflejo en el fango, una casa de madera con las luces encendidas, la luz invernal, un frío de cojones que se masca en el ambiente, perfecta, simplemente perfecta, poesía visual.

A partir de esa revelación fotográfica he intentado profundizar en la obra de este autor, Pennti Sammallahti (1950), finlandés de nacimiento, fotógrafo y profesor de fotografía, meticuloso en su técnica y alejado de modas y tendencias efímeras. Lleva su discurso fotográfico donde quiera que va, y gracias a su calidad y reconocimiento ha ido a varios sitios, especialmente al este de Europa y a la India. En sus imágenes, en sus paisajes, sus pobladores vagan sin rumbo, hacia ningún sitio, como queriendo salir de la escena. Perros huidizos, niños cogidos por sorpresa, mayores con pocas ganas de congeniar con la cámara, deambulan por la imagen con la mirada perdida, con una indiferencia natural difícil de fijar. La presencia del hombre en sus fotografías es escasa y cuando aparece es en un papel secundario. Tampoco busca un paisaje virginal, sino un paisaje en ciertas ocasiones inverosímil, curioso, mágico, modelado por la mano del hombre, aunque éste apenas aparezca. La tierra, el aire, el barro, los animales con los que convivimos.  Lo que verdaderamente importa es la escena, el encuadre, el momento, la luz, la fotografía, de eso hablamos.

Fotos de José Ramón Vega en:
http://maqroll.shutterchance.com/photoblog/

Un Comentario

  1. un descubrimiento. he estado buscando por ahí y me he quedado impresionado. todo un cazador de momentos decisivos. otro para la lista de favoritos…

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