El bulo en la era de la tecnolatría

1-card-hoaxPor VIKI COSTAS

Cada día salta un nuevo bulo a la red y se viraliza de tal forma, a través de las redes sociales y el posterior boca a oreja, que su desmentido acaba por ser una labor titánica, casi imposible para los que se empeñan en que se imponga la verdad. En un artículo publicado por el presidente de la Asociación de Internautas, Víctor Domingo, en Huffington Post (ese medio de comunicación, vinculado a PRISA, que cuenta con artículos ofrecidos de forma gratuita o altruista por sus colaboradores) manifiesta que los que nos oponemos a la proliferación de la mentira pura y dura a través de blogs nada serios, redes sociales e incluso, ¿y por qué no decirlo?, medios de comunicación, estamos en realidad en contra de la libre circulación de la información.

Siento disentir totalmente de la opinión del señor Domingo, creo que se debe escribir más aún sobre la propagación incesante de los bulos. Y el año que ahora termina ha sido terrorífico en esta materia.

Imagínense, por ejemplo, la situación del astrofísico David Morrison, que en el popular blog de la NASA, “ask an astrobiologist” ha recibido más de cinco mil preguntas sobre la profecía que data el fin del mundo el 21 de diciembre de 2012. La tesis ampliamente difundida en internet de que el planeta Nibiru va a impactar contra la tierra es absurda, fundamentalmente porque no hay rastro de él. El propio Morrison advierte que miles de científicos y aficionados a la astrología dedican una parte muy importante de su tiempo a observar el firmamento, dado que se acusa a la NASA de ocultar información. Otras teorías similares hablan de una tormenta solar gigantesca, un alineamiento de planetas, una invasión extraterrestre u otras marcianadas, nunca mejor dicho, inventadas o generadas por webs paranormales, por llamarlas de algún modo. Es, sin duda alguna, el mayor bulo del año.

Un amigo periodista ya acuñó el término de tecnolatría para referirse a la creencia ciega en todo aquello que se difunde por internet frente a lo que publican los medios de comunicación tradicionales. La deriva suicida del periodismo en España es responsable, sólo en parte, de que muchos creyesen durante años que la información veraz sólo se podía encontrar en la red.

Pasemos a exponer unos cuantos bulos del 2012 con los que aún hay que luchar. Iniesta no donó su prima de 300.000 euros a los afectados por los incendios de Valencia, como se hizo circular por internet. El eco del bulo llegó hasta un periodista deportivo que le dio carta de naturaleza.

 ¿Alguno ha recibido un enlace bajo el epígrafe de “los 56 días de Hollande”? Es falso. El historiador y “friki” según propia definición, Javier Fornell, lo desmonta en su web, Catandur. Pero el grupo de música Love of Lesbian lo publicó en su página de Facebook. No fueron los únicos.

¿Qué me dicen de la carta que comienza llamando hijo de puta al presidente Rajoy, cuya autoría se atribuyó a José Luis Sampedro? También falsa. En su página web se mantiene aún el desmentido a pesar de haberse difundido en el mes de julio.

El más popular, por escandaloso, quizá sea el bulo de que España tiene 440.000 políticos, publicado el 25 de abril en el diario digital El aguijón y firmado por Javier Fonseca.

El listado no tiene desperdicio. Es muy llamativo que, por ejemplo, haya 700 políticos, nada más ni nada menos, en Protección Civil; 2.470 en organismos de gestión catastral (¿dónde los esconderán?); ó más de 7.000 en seguimientos de medios de comunicación y gabinetes de prensa (ni con Franco había tanto comisario político). Es lo que parece, se trata de personal vinculado a estos organismos, y como muy bien observa Bethencourt en su blog La tiradera, sólo les ha faltado contabilizar a los conserjes, ujieres y personal de limpieza.

Los bulos se extienden por ignorancia, como dice Rosa María Artal, pero también por demagogia política y, en muchas ocasiones, por quienes deberían velar para que la verdad se imponga, sobre todo en los medios de comunicación más reaccionarios, pero no sólo. Se está perdiendo el buen juicio de contrastar las noticias antes de publicarlas, suponiendo que si las redes sociales lo dicen, y la noticia se extiende como una mancha de aceite, hay que darla cuanto antes.

Textos manipulados

Y así ocurre que el embuste llega a extremos increíbles. La manipulación de un texto de Vicenç Navarro sobre el fraude fiscal, bajo el título “El NYT publica los nombres de los grandes defraudadores españoles” en el que se cita con nombres y apellidos a más de cuarenta políticos españoles a los que se acusa de tener cuentas en Suiza, hace que la supuesta noticia publicada en el blog Waldendos el 4 de octubre corra como la pólvora en redes sociales, blogs, páginas de denuncia, periódicos digitales, páginas de activismo y algún que otro medio de comunicación. El bulo sigue circulando pese a que el autor solicitase, tan sólo once días después, el desmentido a todas las publicaciones digitales que localiza por internet, urgiendo se publique la información real, aparecida en la revista digital Sistema el 21 de octubre de 2011, y en la que no se cita a ningún personaje público ni político, salvo a Emilio Botín y al presidente de Telefónica, César Alierta.

 Vincenç Navarro es plenamente consciente, y así lo dice en su blog, de que es muy difícil desmontar una noticia falsa como ésta y considera que la ingente publicación de falsedades sin contrastar en medios de comunicación digitales y tradicionales tiene mucho que ver con la baja calidad de nuestra democracia. No seré yo quien le lleve la contraria.

¿Nos falta experiencia en el manejo de redes sociales, como expresa en su artículo el señor Domingo, o nuestra capacidad crítica y nuestra formación dejan mucho que desear?

¿Quién nos defiende de las falsedades, información sesgada o manipulación descarada que sirven a cada rato muchos medios de comunicación tradicionales y también la red?

Cuando alguien no cuenta toda la verdad para obtener un beneficio está manipulando. Y este comportamiento está demasiado extendido. Entre manipulación, rumores sin fundamento, bulos y mentiras puras y duras nos están convirtiendo en personajes zafios, desinformados, acríticos que mantienen verdaderas disputas dialécticas al otorgar a la red una condición que nunca tuvo. No tiene el monopolio de la verdad pero ocurre, y cada vez más, que internautas experimentados prefieren dar por sentado que el gurú que todas las noches se asoma a su ordenador para interpretar la realidad practicando una mezcla de periodismo ciudadano y rumorología diversa, es bastante más fiable que una información bien hecha, contrastada y documentada. El primero practica esa mezcla repugnante de información de baja calidad y opinión; el segundo expone los hechos con rigor y profesionalidad. Preferimos creer al que coincide con lo que sentimos o pensamos en lugar de cuestionarnos si estaremos en lo cierto.

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