Prosapiens (8)

Calle_Poetas_Laureados_Jerez_01

Octava entrega del poeta, ensayista y crítico literario uruguayo afincado en México, y que forma parte de un libro en curso –”un libro que escribo cuando me entra una especie de velocidad de ira”–, titulado ‘Prosapiens’.

Por EDUARDO MILÁN

Un pensamiento duro de nuez, duro de roer, de nuez dura de roer. Un pensamiento carozo. Un pensamiento salido de adentro, salido, de calle, circulante, de calle. Duro de nuez que conserve su nuez interior no negociable, libre, no negociable. Un pensamiento que no sea regulable de afuera, libre, no regulable. Manoseado no, abaratado no, la fuerza de la bajeza al sentido común del entendimiento común que arrastra a estos ciegos al abismo de donde no pueden subir –medianoche y siguen cayendo. Los que perdieron la dignidad por la bajeza que arrastra con su flujo cascadeado, cascoteado, adoquinado, vendido en barata para almacenar un después que se robó. Al pensamiento no lo regula nadie. Se regula la traducción del pensamiento al acto. Velar ahí, colibrí. Velar ahí. Velar el pasaje de la idea que aventó lejos su diosa y en la acción de su despojo es ya la acción, la acción misma. En algunas esquinas conmemoran la reivindicación de antiguos imposibles, cormoranes conmemoran el mar y su fondo imposible de tocar con un dedo. Mar: sixtina ausente, altaforte, mar: Capilla Sixtina donde los dedos no se tocan, mar atravesado de michelangelos sin fondo, ellos se ven allí donde tú no los ves. Mucho en el mundo vive así, viéndose sin que los veas, reuniéndose sin que te enteres. Ahí aparece el no entenado antenado, el que convive contigo bajo este techo sin que te enteres, atento a ti. Lo imposible no se ve y en eso choca con su invisible vendado. Ninguno de los dos se vende. El mundo que todo lo ve genera sus invisibles, los desaparecidos. Imposible, invisible, invendible, incomprable: figuras de este mundo que viven lo oscuro del no entendimiento. Figuras que no pueden dar la cara. Porque no la tienen –caracarentes– o por peligrosas carcarás que agarran, matan y comen. El cuidado de lo invisible era la yema de Juan de Yepes, no la clara. La clara fue capital de los fabricantes de balbuceo, unos poetas latinoamericanos de la segunda mitad del siglo XX que quisieron ser como locos, tan clínicos en su batas blancas de seguir a regañadientes la ley del rey, y como niños, tan diminutivos, tan evangélicos. Ejecutivos del capital de los niños y los locos se apoderan de la estatura escasa de su habla, esa que el Estado no reconoce. Poetas que se hacen de hablas pequeñas las revenden en forma de poesía a las instituciones del Estado. Para instituir una memoria potable, agua embotellada, alguna lleva escrita en su envase el nombre del cielo.

Un Comentario

  1. victor

    Grande, maestro, una vez más.
    Cuando revuelve, usted, con la mano el pozo del pensamiento pozo palabra
    nos sacude duro en la sed (del ser)
    Gracias

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