Prosapiens (9)

José Mujica, presidente de Uruguay.

José Mujica, presidente de Uruguay.

Novena entrega del poeta, ensayista y crítico literario uruguayo afincado en México, y que forma parte de un libro en curso –”un libro que escribo cuando me entra una especie de velocidad de ira”–, titulado ‘Prosapiens’.

Por EDUARDO MILÁN

Un vínculo de amor el vínculo con la poesía. Es difícil, por eso mismo, ser un poeta crítico. Negar una ladera de vincapervincas. Descubrir lo que hay debajo del paisaje idílico, ladeado, donde ruedan dos cuerpos adolescentes. No hay ganancia ni pérdida en dos adolescentes rodando abrazados cuesta abajo. El que pierde es tan amado como el que gana. Mentira: el amor fue vencido por un cheque en blanco. Vencejo por un cheque de 100 dólares. Un cheque de 300 por toda la noche. Toda la noche rodando cuesta abajo por 300 dólares, rodando debajo del mundo. El mundo pasa por encima de los amantes. Ningún amante va entre el mundo, entre los árboles, entre los abedules. Flotan. Sobre la montaña de los Altos de Chiapas, sobre el Cerro del Marco de Rivera. Lotes pasan por abajo, copas por abajo, personas no se ven. Difícil ser un poeta crítico en este mundo. Los vínculos se entrelazan al viejo estilo de las enredaderas tocando tumba con tumba. La distancia del águila  –halcón, milano, cóndor– la mirada del águila del poema crítico sobre el poema mismo, la vuelta entera de la órbita del ojo que logra recapturar a Orfeo lo pone a girar alrededor. Él volvía cabizbajo mirando antes de sus pasos, después sus pasos alcanzan la mirada. Él quería la unidad en el amor. Pero apareció la sombra del héroe. Él pensaba en una vida junta. A veces uno quiere algo más cálido que la soledad del canto, un camino claro, algo menos retórico que “un camino claro”. La ausencia sopla las velas con un aullido desgarrador. Piensa en un canto oculto. Piensa en la necesidad de un canto oculto para el tiempo. No hay noción de subterráneo. No hay metro para Orfeo. Toda mesura no será a la vista, ningún buey verá la luz del sol cuando se pone. Va la versura por debajo de la tierra. Va como vena de agua y como raíces viene. Del mismo modo un subterráneo. Del mismo modo la gente sale. Del mismo modo la gente ingresa. Hay momentos en que la multitud  parece una sola masa sin borde, sin pliegue, sin dobleces: la armonía tensa en el silencio. Un canto oculto sería así: un canto que al decir subyace, un canto que re-entraña, un canto que desaparece de encima de la piedra lisa todo rastro de víscera. Salvo José Mujica, la clase política –una verdadera distinción social que atraviesa el cuerpo del común con un filo frío, acerado– no conoce el subterráneo de la tierra, hablar con sapo para salvar la vida de la mente.

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