Una pizca de arte en las revistas científicas

Pinzones-de-Darwin
Charles Darwin. Dibujos de los picos de los pinzones en Islas Galápagos.

Por ANTONIO MARTÍN

“No verás realmente una planta hasta que la dibujes”.

Esta frase, atribuida a Goethe (literato y científico), muestra la importancia que tuvo la ilustración científica en la época en la que no existían métodos mecánicos para registrar la realidad observada, como la fotografía o el vídeo. Tenemos clara la imagen del científico de la era preindustrial, especialmente el naturalista, como un perspicaz observador agarrado a una libreta y un carboncillo en la que escribía sus notas y dibujaba bocetos de aquello que le llamaba la atención. Esta escena de Master & Commander, en la que el ficticio Stephen Maturin y su ayudante recogen muestras biológicas y anotan sus características en una de las islas Galápagos, responde bastante bien al tópico.

Precisamente de Galápagos proceden las ilustraciones quizá más famosas de la historia de la Ciencia. En su célebre viaje alrededor del mundo a bordo del HSM Beagle, Charles Darwin observó durante el otoño de 1835 en este aislado archipiélago que los picos de los pinzones tenían características morfológicas diferenciadas en cada isla. Recolectó unos cuantos y los llevó a la Sociedad Geológica de Londres. Además, para hacer constar su descubrimiento negro sobre blanco, realizó también unas ilustraciones en su Diario de investigaciones. En la actualidad, esos dibujos de los picos de los pinzones (en la imagen superior) son la mejor representación gráfica de la teoría darwiana de la evolución por selección natural de las especies que nos ha quedado, aunque no fueron publicados en El origen de las especies.

Frente a las técnicas fotográficas, videográficas o informáticas, la ilustración no ha perdido vigor en los tiempos presentes. Sin embargo, en la era de las cámaras de fotos acopladas a nuestros teléfonos móviles y de la comunicación instantánea, sorprende encontrar en las actuales expediciones científicas ilustradores que registren los hallazgos. Pero los hay todavía.

Un reciente caso es el de Miguel Alcaraz, del Centro Mediterráneo de Investigaciones Marinas y Ambientales. Este biólogo se embarcó en la Expedición Malaspina, que en 2010 circunnavegó el planeta en memoria de aquella otra que el oficial de la Armada Alejando Malaspina emprendió en 1789. Por la analogía de la época y del trayecto recorrido, no cuesta trabajo imaginar a los naturalistas participantes de aquella aventura registrar sus hallazgos como lo hacía en las islas ecuatorianas el personaje del film de Peter Weir.

En el búque oceanográfico Hespérides, Alcaraz se encargó de testimoniar los organismos vivos que la roseta (un instrumento circular cargado de sensores y botellas y anclado a un extenso cable) extraía del fondo del marSus acuarelas se pueden observar aquí. Éste es uno de sus bellos dibujos, de un pterópodo.

Pterópodo-Cavolinia

La ilustración frente a la fotografía

La fotografía es una técnica de reproducción magnífica, colosal. Desde su aparición y popularización, la Humanidad ha conocido realidades que generaciones anteriores no habrían imaginado. Es, además, capaz de reproducir imágenes que se le escapan al ojo humano y, posiblemente, el sistema más empleado en la actualidad para registrar un hecho: desde el nacimiento de un hijo a la última atrocidad de una guerra lejana. Sin embargo, no siempre es útil para el trabajo científico.

La ilustración tradicional, a mano como hacía Darwin y como continúa Alcaraz, permite “ofrecer esquemas claros de estructuras orgánicas y bioquímicas” y distinguir, con ellos, “sus elementos de forma más sintética que la fotografía convencional”. Por ejemplo, en dibujos anatómicos. Además, sitúa al objeto representado (una parte del cuerpo, un animal o vegetal) en una “actitud prototípica”. Así lo recoge Óscar Hernández Muñoz en su memoria para acceder al grado de doctor La dimensión comunicativa de la imagen científica. El trabajo, realizado en la Universidad Complutense de Madrid en 2010, es bastante fácil de encontrar en Google. Esta visión idealizada de la que habla el autor permite superar las características que le son propias al objeto observado y que pueden distorsionar la intepretación. Por ejemplo, si un biólogo marino se encontrara con el simpático pececito Nemo y su especie fuera de interés científico, al fotografiarlo, aparecería su aleta deforme. Esto podría llevar a equívocos sobre la función de una aleta tan minúscula para quien viera la fotografía. La ilustración científica, al idealizarlo como prototipo de sus congéneres, salvaría esta circunstancia ya que se representaría la aleta en la forma que la tiene, por ejemplo, su padre. La planta, o en este caso el pez payaso, diría Goethe, aparecería entonces ante nuestros ojos.

Para aprender más de la ilustración científica, existe un manual en inglés muy interesante: Guild Handbook of Science Illustration.

Más en la bitácora de Antonio Martín.

Deja un comentario con tu nombre

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .