El niño salvaje y el buitre sabio

Por ANTONIO MARTÍN

El 26 de mayo de 1828 apareció un extraño adolescente de 16 años en el mercado de Núremberg. Tenía un aspecto descuidado y llevaba consigo una carta. En ella, un autor desconocido explicaba que se le había confiado aquel joven a los pocos meses de nacer y que nunca había salido de casa. Se pedía a un capitán de caballería que lo instruyera en su regimiento, ya que era hijo de un soldado, decía la carta. Pronto recibió formación y cuidados. Cuando lo encontraron, el chico apenas probaba otro alimento que no fuera pan y agua y sólo sabía escribir su nombre: Kaspar Hauser. Todas las atenciones permitieron recuperar algunos trazos de su infancia y educarlo en las costumbres de la época. Sin embargo, no se pudo conocer su origen familiar y la causa de su extraño cautiverio. Murió a los cinco años. El caso de este niño salvaje agitó la sociedad alemana, entonces dividida en varios estados independientes.

Autor: Michael Zaschka

El caso de Kaspar Hauser contribuyó a popularizar la figura del niño salvaje, que es como se conoce a la persona que durante su infancia ha vivido alejado de la sociedad y ajena, por lo tanto, al contacto humano. La tradición y la literatura nos ha presentado algunos personajes sobradamente conocidos que cumplen estas condiciones: Rómulo y Remo o Tarzán, por ejemplo. Han existido, además de Kaspar, más casos reales. Quizá el más reciente en saltar a los medios de comunicación fue el de Rochom Pngieng. Pronto, estas personas se convierten en objeto de estudio. Es interesante conocer las consecuencias que se producen al vivir una experiencia de este tipo. Nos puede permitir saber algo más de todos nosotros: qué y cómo aprendemos o cómo nos comportamos ante determinadas circunstancias. En el terreno de la Psicología se ha definido el síndrome de Kaspar Hauser como aquél en el que el niño se ve privado del afecto de sus padres y le causa un trastorno. También hay trabajos en el campo de la Etología, trasladando la experiencia de Kaspar a los animales.

El buitre sabio

La Etología es la rama de la Biología que mide el comportamiento entre los animales. Básicamente, el comportamiento puede ser aprendido o genético. Si es aprendido, el animal ha adquirido la conducta de la observación y aprendizaje con otros de su especie. Si es genético, el comportamiento le llega como una herencia. Hace más de 30 años, Félix Rodríguez de la Fuente realizó un interesante experimento etológico ante las cámaras de televisión. Quería conocer si los alimoches, aves necrófagas como los buitres, aprenden de otros ejemplares o conocen de forma congénita una actividad realmente curiosa. Los alimoches, como los seres humanos , son una excepción en el reino animal. Ambos utilizamos herramientas. En el caso de esta especie carroñera, y por tanto, oportunista, con sus picos sujetan piedras que emplean sobre los huevos de avestruz que capturan para abrirlos. De otra manera, no podrían acceder a su interior y alimentarse de ellos.

Autor: 2H Photography

Los alimoches viven en África, donde tiene sus cuarteles de invernada, y también en España, que visitan en verano. Como es sabido, en condiciones naturales no se encuentran huevos de avestruz en la Península Ibérica. Rodríguez de la Fuente sometió a un joven alimoche que capturó como polluelo a un curioso experimento. Dado que aún no habría visto este alimento, ¿cómo se comportaría un esta cría nacida en Europa y que nunca ha cruzado el Estrecho de Gibraltar, ante un huevo de avestruz? ¿Utilizaría una piedra como sus semejantes, emplearía otra táctica para abrir el huevo o lo ignoraría? El equipo de El hombre y la Tierra descubrió y filmó su comportamiento: al poco de toparse con el huevo, había tomado la medida a su presa y había encontrado una piedra que lo abriera. Su conducta, tan extremamente elaborada para un ave, era, por lo tanto, resultado de un mecanismo genético.

El experimiento que realizó aquel programa divulgativo de televisión es del tipo Kaspar Hauser, porque se aisla al animal objeto de estudio de sus congéneres para analizar su comportamiento, como se aisló a aquel joven del resto de la sociedad. Félix se llamó a su joven alimoche Gaspar, que en dialecto bávaro se dice, precisamente, Kaspar.

Deja un comentario con tu nombre

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .