Murió Chávez

 Chávez muralPor ANTONIO BERMEJO PORTO

Tenía andares simiescos y aspecto de centurión africano, alma cesarista, verbo populachero y la apreciable cualidad de no dejar indiferente a nadie. Sobre todo después de oír sus interminables emisiones radiofónicas con “¡Hola holita Patria linda, Patria bella!” “¡Gracias millón!” y así entre seis y ocho horas de tabarra americanista.

Decía que era bolivarista –signifique lo que signifique– y admiraba la dictadura cubana en la que sorprendentemente veía la idílica Utopía gobernada por Fidel el Mesías. En eso coincidía con Evo Morales, ya saben, ese indígena que lleva tiempo creyéndose Atahualpa con jubón de colores. Lo cierto es que la controvertida figura y el confuso pensamiento del venezolano Simón Bolívar han sido bandera en el subcontinente americano de corrientes políticas que van desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha. En Venezuela se lo sacralizó como ser perfecto, intachable y adornado de cuantas virtudes puedan imaginarse. Bolívar es grande y Chávez su Profeta

Hugo Rafael Chávez Frías no esperó a ser General (como Bolívar) para dar golpes de Estado y lo intentó en 1992 junto a otros milicos de medio pelo. Como siempre le tiraron los medios de masas, pidió que lo dejaran rendirse por la tele. Luego ganaría una elección tras otra, se piensa que con algún amaño. Alguno creerá que tuvo la prudencia de no ascenderse a General, pero es que a su graduación de comandante se le añade jefe y la foto del Che Guevara y mola mucho más. Lo original de Chávez fue que se acercó al poder absoluto sin destruir las instituciones del Estado, trasformándolas a su medida con una Constitución como patente de corso para su indigenista Reich.

Su lema “Patria, socialismo o muerte” vino a versionear en plan cuartelario el cubano “Revolución o muerte”, en ambos casos la cosa es que acabe mal. A mí me dan mucho miedo los tipos que acaban sus consignas con la palabra muerte, porque es la parte del programa que cumplen con devoción.

Sustituyendo la navaja de Ockham por el sable de Bolívar se le ocurrió que en Estados Unidos habían creado una máquina capaz de inducirle el cáncer a él y a la ciclotímica de su colega Cristina Fernández, la presidenta argentina que ha sentenciado: “Hombres como Chávez no mueren, se siembran”. Esperemos que al menos sea en barbecho. Sobre el momento de su fallecimiento corren rumores y discrepancias horarias, siempre ocurre con los dictadores. En España parece que hasta se hizo coincidir falsamente la muerte del General superlativo con el aniversario del asesinato del fascista José Antonio Primo de Rivera. De Chávez la casualidad ha hecho que muriera el mismo día que José Stalin, otro Prometeo del socialismo.

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