Noemí G. Sabugal: “El género negro tiene una gran carga de denuncia”

Noemí G Sabugal

Noemí G. Sabugal, autora de ‘Al acecho’. Fotografía de Pablo J. Casal.

Por SERGIO JORGE

La periodista y escritora Noemí G. Sabugal (León, 1979) publica nuevo libro, Al Acecho, que llega con la garantía del éxito previo, después del hacerse con el premio Felipe Trigo. Es su segunda obra después de El asesinato de Sócrates, finalista del certamen Unicaja ‘Fernando Quiñones’. Redactora todoterreno en prensa, donde ha pasado por La Crónica de León, Leonoticias o, actualmente, por Diario de León, la novela negra ha fijado hasta ahora su manera de alumbrar sus historias en el mundo literario.

—En ‘Al Acecho’ vuelves a situar la trama alrededor de un asesinato. ¿Es la novela negra un medio o un fin?

—No creo que ninguna novela sea un fin en sí misma, que se agote en sus márgenes. La literatura es una de las formas que tenemos de desentrañar nuestro mundo y a nosotros mismos. Y, siguiendo esta idea, la novela negra es aquella que nos pone delante lo más sórdido de nuestra sociedad. Ahí cada escritor y cada lector puede considerarlo de muchas formas, pero es evidente que el género negro tiene una gran carga de denuncia.

—En tu primer libro, la historia se desarrolla en León aunque no lo digas realmente. En la segunda es Madrid ¿Por qué eliges la capital?

—La historia lo demandaba. Durante el proceso de documentación de la novela iban apareciendo muchos hechos que quería introducir y todos sucedían en Madrid: la constitución del nuevo Gobierno, la detención de José Antonio Primo de Rivera, los atentados contra el teniente Castillo y Calvo Sotelo. Mi mirada sobre la República debía estar en Madrid, que además todos sabemos el papel que tuvo después del golpe de estado del 36. Verdaderamente fue la resistencia heroica de una ciudad ya en los huesos.

—¿Cómo fue la preparación del libro para conocer los detalles de la época?

—Leí a los historiadores, Gabriel Jackson y otros; novelas testimoniales como La llama de Arturo Barea y, sobre todo, la principal fuente de documentación fueron los periódicos del año 36. El Sol fundamentalmente, pero también revistas femeninas como Estampa. Los periódicos te dan acceso a la verdadera ‘temperatura’ de una época: las cosas de las que habla la gente en los bares. Si yo hiciera una novela de estos momentos lo encontraría todo ahí: el paro, los desahuciados, Bárcenas.

—Creo que incluso la portada tiene su historia.

—Sí, es una fotografía que encontré en el Archivo Rojo de la Junta de Defensa de Madrid. Son dos niñas refugiadas en un albañal y mirando asustadas al cielo, a un bombardeo aéreo. Es una imagen que coincide con la trama de la novela: unas niñas acechadas, como las que mueren en ella, y con el momento histórico. Sus autores son Albero y Segovia, fotoperiodistas deportivos durante la República y que con la guerra pasaron a fotografiar el horror. Una muestra de cómo cambiaron las vidas de los españoles.

—Es, además, algo poco común: España antes de la Guerra Civil, no como suele ser habitual, durante la guerra o en la posguerra.

—De ahí, y de lo mal que se ha tratado este tema en las escuelas (si es que se ha tratado) viene el desconocimiento sobre el periodo republicano. Pero es normal que la guerra sea más reflejada en las novelas porque lo cambió todo. Después, durante la dictadura franquista se hizo mucha propaganda adversa y errónea sobre lo que había sido la República. Los golpistas necesitaban justificarse.

—Hay hechos reales pero también ficticios, ¿Cómo consigues unirlos?

—La línea de ficción es la trama negra. Lo que cuento sobre el momento histórico es todo real, muchas veces extraído directamente de los periódicos: los nombres de los muertos, los atentados, los vaivenes políticos. Son dos líneas que se entrecruzan, pero que parten de lo mismo: cómo nos acechamos unos a otros y cómo nuestra estupidez y nuestra maldad nos puede llevar al asesinato o a una guerra.

—Dos novelas, dos premios. Supongo que no hay mejor forma de empezar una carrera literaria.

—Es una buena forma, sí. Los premios son siempre interesantes para los autores noveles porque cada mes llegan decenas de obras a las editoriales y no siempre se les da una oportunidad.

—Algunos aspectos unen ambas obras. Por ejemplo, una descripción exhaustiva de los personajes. ¿Se basan en personas que conoces?

—No y sí. No he utilizado todavía a ninguna persona que conozca tal cual es. Es decir, no la he convertido en personaje. Sin embargo, cuando se construye un personaje siempre vas tomando características y rasgos que has visto en tu vida o que tú mismo posees. Lo que pasa es que después hago una mezcla. Por ejemplo, un protagonista que tenga los ojos de un amigo y la mala leche del tipo que te colgó el teléfono ayer (es un suponer).

—Algunos dicen que el inspector Marcos Robles de El asesinato de Sócrates recuerda a Martín, el jefe de la Policía Local de León.

—¡Madre mía!, ¿en serio? Es la primera vez que me lo dicen. Nada que ver, afortunadamente. Martín es un tipo estupendo y mi inspector Marcos Robles es un tanto tipejo.

—¿Es un ‘defecto profesional’ hacer novela policiaca después de haber sido periodista de sucesos?

—No, ni siquiera un ‘efecto’ profesional. Aunque me ocupé de sucesos y tribunales varios años, llegué a la novela negra a través de las lecturas. Y, después, las historias que quería contar se adscribieron al género. Pero no hay duda de que en ocasiones puede ayudar.

—Ahora eres redactora de Cultura en Diario de León por poco tiempo. ¿Realmente eres periodista que escribe libros o escritora que a veces es periodista?

—La literatura estuvo antes que el periodismo. Es de siempre. Y si elegí periodismo como carrera y como profesión fue por las cosas que tienen en común, antes que por sus diferencias. Por el gusto por la palabra, la posibilidad de contar una buena historia, la comunicación, la curiosidad y la oportunidad de meterte en muchas vidas.

—¿Cómo ves el periodismo actual?

—Triste e injusto. La situación laboral de los periodistas nunca fue la bomba, pero es que ahora es pésima. Los medios intentan capear dos toros a la vez: el cambio de modelo que están imponiendo las nuevas tecnologías y la crisis. Y muchos están naufragando por el camino. Detrás van los trabajos de los periodistas.

—¿Hay salida posible? Te lo pregunto también como profesora que eres.

—Bueno, mi experiencia como profesora hasta el momento ha sido corta. Pero siempre hay salida, aunque sea la de emergencia. Lo que no hay duda es de que muchos periodistas tendrán que reconvertirse. ¿En qué? Veremos, el mundo de la comunicación es grande. Y, como siempre repetía mi profesora de Filosofía, todo tiene solución menos la muerte. Así que, con esa perspectiva, habrá que aprovechar los dos días que pasamos en este cuento.

Acerca de Sergio Jorge

Fundador y coeditor de Tam Tam Press. Más en @sergiojorgeLNC.

Un Comentario

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