“¡Ciao!” (A Luis Laforga)

rey en f connection

Por VÍCTOR M. DÍEZ

La película de hoy empieza con un solo de trompeta que suena a final. Aquél adiós lacónico con la mano que Fernando Rey nos dedicaba en French Connection. Las gafas sobre la mesa y un purito encendido junto a la cámara que hecha humo. Réquiem por Luis Laforga, el compañero que retrató nuestra época. Le conocí antes de conocerle, desde aquella foto mítica en que él mismo fotografiaba un tranvía de Lisboa. Después, con veintitantos, tuve la suerte de trabajar con él durante años en SEMINCI. Yo era un muchacho apasionado que tenía su primer trabajo que merecía la pena: plumilla en una revista de cine. De Luis aprendí, él estaba de vuelta, a tomármelo con calma. Los jefes le temían: cuando ellos llegaron, él aún estaba allí. Yo le transmitía las órdenes y él las recibía con Buf o un puaj de lo más escéptico e instructivo: ¡Diles, que con calma! y cogía la moto y salía zumbando. Le recuerdo por los pasillos alfombrados del Hotel  Palace, donde se presentaba el festival en Madrid, diciendo: chaval, pregunta si están nuestras habitaciones listas. Sólo ibamos a trabajar: fotos y entrevistas. Coge a ésa Luis, coge a ésa, le decía yo. Sí, respondía él con su voz nasal, está ésa como pa cogerla.

Tenía un instinto natural para reconocer a desconocidos que parecían importantes. Entérate de quién ese de la barba, me susurraba. Es el embajador húngaro, Luis. Pues le tengo trece veces, al feo ése.

Fotógrafo taurino de los de casta, no me le imagino recibiendo a la muerte a puerta gayola. Más bien le veo haciéndose pequeño en la barrera, mirando con rayos x en los ojos al morlaco. Viéndole pasar por acá y por allá, fijándose en cómo quema al pasar. Haciéndole cien fotos antes de sacar su bicho, la cámara. ¿Cómo fotografiamos la muerte, Víctor? me preguntaba años después, mientras caminábamos con Carmen por Barrio de Nuestra Señora. Los tres en silencio, buscando a Urdiales entre los álamos. A él le gustaba buscar sus rincones secretos en el río, acertó a decir su hermana. Y nosotros, como tres almas perdidas tirando al aire. Les juro que sonaba a rifle cada vez que Luis apretaba el disparador, se asustaban los animales y huían como espíritus. Fotos en el cementerio, fotos en la casa familiar del pueblo… Vamos, tío, Fernando ya no está aquí. Te lo dije, Luis, Fernando está en nuestros corazones y en tus fotografías. Vamos al Húmedo a tomar unos vinos, seguro que por allí escuchamos sus gruñidos, musitó.

Muerte sobre muerte, de este jodido invierno que no deja de matarnos. Ahí va José Luis Sampedro del bracete de la Montiel. Y he leído que en los cines de Barcelona quieren vender conos de jamón ibérico cortado a mano (el cono es de bambú) a 5’50. A mí no me jodas, Bigas Luna, esto ha tenido que ser cosa tuya, como una última carcajada amarga. Diciendo: me río (de Janeiro) de esta gran depresión. Adiós, muchachos.

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