Hombres de negro

Manifestación de judíos ultraortodoxos contra el servicio militar israelí. (Haz click para ver la fuente).
Manifestación de judíos ultraortodoxos contra el servicio militar israelí. (Haz click para ver la fuente).

Por ANTONIO BERMEJO PORTO

Aquí, en Camelot, las pinturas en movimiento que Merlín trajo del futuro han caído en cierto desuso. De hecho, de la televisión apenas si vemos los informativos del siglo XXI, alguna película del XX y ciertas justas y torneos denominados deportes, en especial las hazañas de los aurigas de los carros sin caballos y el noble arte de pegarle patadas al cuero, donde el viernes nuestro equipo favorito pareció creer que jugaba al cricket y no paró de golpear los palos con la pelota.

En los informativos, el heraldo que más gusta es sin duda Piqueras que comienza cada bando como si fuera a ser el último. Aún se recuerda aquel en que abrió con el pavoroso incendio de una cabina telefónica en un pueblo de Málaga donde los vecinos pasaron la noche fuera de sus casas por temor a que el fuerte viento pudiera propagar el incendio a unos depósitos de CAMPSA a tan solo cuarenta kilómetros de la localidad. Todos sufrimos una gran decepción cuando supimos lo que era una cabina de teléfonos y un kilómetro.

Hace un par de días, vi medio adormilado dos noticias seguidas en las que hombres de negro con gorro a juego, luengas barbas y tirabuzones atacaban sin tregua a manifestantes y soldados. Todos eran religiosos. Rusos ortodoxos los que portaban iconos de vírgenes y judíos ultraortodoxos los de los tirabuzones. Los primeros apedreaban una manifestación por la no discriminación de los homosexuales, los segundos la emprendían a trompazos con la policía para evitar ser llamados a filas. Seguro que si ambos grupos se encontraran unirían sus fuerzas frente al gay y se darían de bofetadas en nombre de sus respectivos superseres.

Que los curas rusos se manifiesten en contra de la homosexualidad parece consecuencia natural de su postura oficial de no jugar pero querer dictar las reglas del juego, en cambio, lo de los integristas judíos insumisos resulta sorprendente. Desde la Yihad a las Cruzadas se ha teorizado sobre la necesidad de una violencia religiosa para el triunfo de Dios. Los ultraortodoxos judíos no creen en ese método, lo cual les honra, lástima que rematen la faena considerando al ejército israelí un gran prostíbulo para las mujeres alistadas. Así unos de sus diputados declaró que “si 603 soldados israelíes murieron durante la guerra del Líbano, ello se debió a la conducta sexual licenciosa de las mujeres soldado”. En ambos casos el negro parece ser símbolo del luto por la inteligencia.

Es curioso pero todas las religiones comienzan con la palabra amor y acaban a hostias, en algunos casos literal y figuradamente. Yo personalmente me fío poco de los hombres de negro –salvo que sean jueces o men in black– y menos aún de los tíos barbudos con tirabuzones y gorro, salvo que sea Santa Claus y los clones que le ayudan en el reparto.

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