Monarquía, plan renove

'Queensday'. Foto: Marta de Celis.

‘Queensday’. Foto: Marta de Celis.

Por MARTA DE CELIS

Son tiempos de crisis para la marca España. El marketing es importante para cualquier institución pública. En nuestro país estamos aprendiendo a base de bastantes engaños y toreadas por parte de nuestros representantes públicos lo importante que es tener una impecable o no demasiado turbia imagen pública de cara a la ciudadanía. O al menos no tener a un extesorero con ganas de repasar cuentas desde la cárcel.

Porque sí, la imagen de una marca, y una marca puede ser un Gobierno, por ejemplo, es la imagen mental que tienen los consumidores, en este caso los ciudadanos, sobre ella. Y cada vez que yo veo a Rajoy poner caras raras por la CNN, que son las noticias que veo desde mi pueblecito holandés, me santiguo varias veces y sigo preparando mi sándwich para comer en la universidad. Que ya me llevaré todos los malos tragos juntos de vacaciones de vuelta a casa.

Con el tema de la monarquía es un poco más de lo mismo. Todo ello aparte de opiniones de si es una institución desfasada, no acorde con los tiempos… ya que ahora nos tendríamos que preguntar si todo lo demás de la separación de poderes y etcétera que veíamos moderno, sigue desempeñando su trabajo. La verdad es que a la monarquía, nosotros los españoles y todos los países que la tienen, les pagamos, por lo tanto, nos han de prestar un servicio según el concepto de mercado que es el que realmente reina ahora mundialmente.

En el Título II de la Constitución Española, quedan claros todos los servicios que nos ofrecen el Rey y su familia. Sobre el papel no queda del todo mal. Una ganga. En definitiva, para resumir, nos dice que la Corona es un símbolo, es decir, que representa a todos los españoles, sobre todo, y en esto hace hincapié la Carta Magna, en materia de relaciones internacionales.

Holanda también tiene monarquía. De hecho, todo el paripé de si nuestro Rey abdicaba viendo todo el panorama que se le echaba encima, con el asunto del caso Noos y sus propios desmanes, viene porque el pasado abril, la reina Beatriz pasó el testigo al frente de la jefatura del Estado a su hijo Guillermo Alejandro. Me hace gracia ver que en Bélgica, también va a haber abdicación este mes, y también con varios escándalos de fondo.

El business de la Corona

Y ahí entra el marketing. La reina Beatriz, representante de una monarquía parlamentaria con prácticamente las mismas funciones que la española, era apoyada por un 80% de la ciudadanía holandesa. No tuvo que esperar a que se le rompieran huesos, que le pillaran de caza en Botswana, o que alguno de sus hijos se metiera en algún lío. Ella, con 75 años a sus espaldas, los mismos que Juan Carlos I, decidió que ya no podía realizar esas labores que en la Constitución Holandesa, su contrato de trabajo, dice que tiene que hacer. Anunció su decisión y juntó la coronación de su hijo con la fiesta que la monarquía holandesa realiza todos los años con la participación de todos los ciudadanos, el día de la Reina “Koninginnedag” que en España conocemos como ‘Queensday’.

Así que ese día, todos, holandeses y extranjeros, nos vestimos de naranja, color nacional, y celebramos ese gran día con la Familia Real. La coronación fue televisada y había pantallas gigantes en las plazas centrales de todas las grandes urbes holandesas. Ámsterdam fue el centro de la celebración, donde además de celebrarse la ceremonia, se realizó un gran concierto conmemorativo al que asistieron los nuevos reyes, Guillermo y Máxima. Máxima, la argentina que ha ganado el corazón del país, fue la más aclamada durante todo el día. Los holandeses incluso crearon y cantaron una canción de la que personalmente no pude entender gran cosa, pero que ella escuchaba encantada.

La pregunta que nos hacíamos todos los españoles presentes, o por lo menos la que nos hicimos varios en mi grupo, fue si eso sería posible en nuestro país. Por supuesto la respuesta fue no. Primero porque la historia de la monarquía española y la holandesa, en la que no voy a entrar, es muy diferente. El papel que han decidido ambas también es muy diferente, por ejemplo el día de la Reina se empezó a celebrar hace más de un siglo para promover la unidad nacional.

El Queensday es la gran campaña publicitaria de la monarquía holandesa ante sus ciudadanos y el mundo. Todo eso hay que acompañarlo con una buena actuación en sus demás deberes, y a pie de calle, para los holandeses, su monarquía vale lo que pagan y más. El rey Guillermo Alejandro, por si acaso, ha tirado de promociones o de rebajas en crisis, y ya ha dicho que no le importaría bajarse el sueldo si fuese necesario.

Volviendo a la marca patria, pasando del naranja al rojo vivo en el que está España tanto por calor como por cabreo, la monarquía pasa horas bajas y Juan Carlos se agarra al bastón de mando como si fuera una de sus muletas. Las ventas de la monarquía han bajado, la confianza ha disminuido, y no hay campaña publicitaria ni promociones en tienda ni relaciones públicas y ni siquiera un pequeño “Kingsday” para arreglar el cacao formado. La situación de los españoles, sus clientes, está cambiando. Pero el discurso de los que ofrecen el servicio no cambia. Porque no son las instituciones las que quedan obsoletas, sino la manera de hacer las cosas. Algunos deberían cambiar el chip y darse cuenta que la manera de hacer las cosas ahora es el marketing…

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