Cámara en mano o cámara temblorosa

Actividades extraescolares: Paranormalidad

Por CARLOS TRIGUEROS

Aunque ahora resulta muy cotidiano la técnica de grabar cámara en mano, el shaky cinema, tal y como se denomina en el circuito audiovisual, cuenta ya con más de medio siglo de rodaje. Una de las precursoras en utilizar esta técnica fue Marie Menken, a finales de la década de los años cuarenta y Jonas Mekas y Stan Brakhage siguieron esta estela. Dos películas inscritas en este género, la mítica Holocausto Caníbal y ya más recientemente El proyecto de la bruja de Blair, llenaron las salas de cine.

Tras tragarme, una detrás de otra, las películas de la saga Paranormal Activity —ya van cuatro: 2009, 2010, 2011 y 2012— he de constatar que actualmente lo que era un mero recurso audiovisual se ha acabado convirtiendo en género (o está en ello). La técnica shaky camera —cámara en mano o cámara temblorosa— es ahora un género conocido con el nombre de shaky cinema (sic). La generalización de la práctica de cámara en mano tuvo lugar cuando ésta redujo peso y tamaño pudiendo ser sujetada y trasladada cómodamente por una sola persona. Se suele datar a finales de los años cincuenta, cuando se redescubre la cámara portátil de 16 mm., y aparece una película más luminosa, dando lugar a dos escuelas de cine documental basadas en la captación verdadera de la realidad: el direct cinema en Estados Unidos y el cinéma verité en Francia.

Aunque ideal para el documental también se adoptó este procedimiento para el experimental, propagándose en el cine underground. Marie Menken es una de las precursoras al utilizar la cámara como una extensión de su cuerpo desde finales de los cuarenta. Pero los desarrolladores, o quienes consolidaron este recurso a través de sus trabajos experimentales, fueron Jonas Mekas y Stan Brakhage, éste último también con súper8.

Tras el impulso dado por el cine marginal —sobre todo en los diarios filmados— y trasladándose al vídeo, a partir de los años noventa se comienza a utilizar en el audiovisual comercial. Y es que el cine de ficción comercial se ha ido separando, cada vez más, de la realidad a través de la ascensión digital, películas hiper espectaculares generadas en su mayoría con ordenador donde la actuación se desarrolla ante el espacio verde del chroma. Lógico es, como ante cualquier movimiento innovador en la cultura, que aparezca su contrapartida. Ante la tecnologización el naturalismo.

Pero, ¿cuáles son las claves del shaky cinema? Sobre todo conseguir que la película tenga una apariencia doméstica, como si a cualquiera de los espectadores pudiese haberle sucedido. De este modo se copian los «fallos» habituales de cuando se graba un vídeo casero, sobre todo aplicando los siete pecados capitales de la grabación doméstica: como el abuso del zoom, el centrar la cabeza en la imagen, cerrar frontalmente el cuadro al detalle sin ver el fondo, apoyar la cámara en cualquier lugar, las tomas muy breves, buscar con la cámara —como si fuese el ojo— en movimientos rápidos. Y, finalmente, nombrando al género, la cámara temblorosa por el pulso o al andar, la shaky camera, efecto o fallo también llamado handholding o jogging. ¿Qué se consigue con esta adaptación del estilo anti norma? Ante todo una identificación sensible. Al parecer que es una película doméstica el espectador lo ve como algo cotidiano, familiar. Aunque su acentuación puede expresar nerviosismo o celeridad también puede marear al contemplarse en la gran pantalla. Una vez conseguida esa identificación, el espectador es arrebatado hacia el interior de la trama y se le hace afectivamente partícipe de los sucesos.

"Holocausto canibal"

“Holocausto canibal”

Se considera una de las primeras películas de ficción shaky a la mítica Holocausto Caníbal de 1980. Película que generó una gran controversia (y fue censurada en varios países), derivando en leyenda urbana, en torno a si era cierto o no que unos documentalistas fuesen devorados por una tribu africana mientras la cámara seguía filmando.

Wim Wenders realizaría un guiño a la muerte del cámara rodada por su herramienta en el final de su El estado de las cosas de 1982. Saltamos diez años a la divertida película belga Ocurrió cerca de su casa que hace una parodia de cinéma verité cuando un equipo de documentalistas sigue a un asesino en serie y éstos acaban animándose con la faena. En éstas más que la empatía del espectador buscan dar una credibilidad veraz al relato.

Pocos años después varios directores daneses firmaron el manifiesto Dogma 95 reivindicando estar en contra de los efectos especiales y a favor de la pureza tradicional en la grabación como nueva cinematografía. Movimiento con ideales naturalistas que nada tiene que ver con el desarrollo posterior del shaky cinema. Cuando realmente se hace famoso este recurso es con la saga de películas El proyecto de la bruja de Blair (1999, 2000 y 2012) dando ya la pauta principal de uso de este recurso en torno al terror. Por ese motivo se busca la identificación del espectador con quien porta la cámara, y con sus peripecias. Si bien en El proyecto de la bruja de Blair es una adhesión traicionada, ya que en diversos momentos aparecen otros puntos de vista —de cámara no doméstica— que deshacen la ilusión, problemas que no ocurren en la magnífica Chronicle (2012), uno de los pocos ejemplos de shaky cinema que no es de terror. No hay que confundir este género con el found footage  [metraje encontrado], como sucede en distintas reseñas, ya que lo de las cintas encontradas es un argumento de guión, tanto como que en cierto momento se tropiecen o griten, y no un recurso propio de la confección fílmica. Distinto es cuando realmente la película se construye o participa de ella metraje rodado por otros previamente y ajenos al film.

Enumerar ejemplos más o menos actuales abarcaría un listado de casi 100 películas. Algunas de sus pautas se pueden observar en la popular saga Paranormal Activity. Como serie es muy interesante por coherencia y trabajo de guión, que se retroalimenta y complejiza con cada entrega. Quizá la segunda es mejor que la primera —para gustos los colores—, aunque uno de sus atractivos es que no siguen un orden cronológico, aportando dinamismo y datos nuevos al total. La primera sucede Inmediatamente después de la segunda, la tercera casi veinte años antes de estas dos y la cuarta acontece cinco años después de la primera. En conjunto dan una visión de la evolución de los distintos medios de grabación caseros en vídeo. La evolución de los aparatos comienza en la tercera con el VHS semi profesional —el patriarca lleva una productora de vídeos de bodas y otras festividades— armándose de un talento para el bricolaje al emular el movimiento de las cámaras de vigilancia a partir del soporte de un ventilador. En la primera la cámara es de un video aficionado que adquiere todos los apliques de foco, micrófono y trípodes. En la tercera se combina la grabación doméstica con los circuitos de vigilancia casera —que no son «temblorosos» pero que habitualmente se incluyen en esta categoría, aunque no se debería— y en la cuarta el circuito es completamente casero ya que, además de una cámara en mano, la grabación es a través de las distintas web cams que poseen los ordenadores de cada miembro de la familia. Supongo que la quinta, si la hacen, será con teléfonos móviles.

Esta disparidad de medios audiovisuales en el hogar permiten la flexibilidad de identificar la mirada de la cámara con la de el que mira a través de ella, la identidad total con la persona a la que le sucederá algo. Pero, a su vez, oculta todo lo de alrededor, el llamado fuera de campo —lugar total donde sucede la acción esté o no en pantalla— es mayor, todo el espacio que no cubre la cámara —y es ahí donde siempre se esconde el peligro—. La tensión se incrementa ya que sólo hay un punto de vista. A su vez, la imagen proveniente de dispositivos fijos (como cámaras de vigilancias o web cams) es una imagen estática, casi la misma de un escenario teatral. Espacios que habitualmente están vacíos, o con una persona estática (porque está durmiendo, viendo la tele, etc.) y el tiempo transcurre sin que suceda nada, hasta que se cae un libro o se mueve una cortina. Un acto minúsculo produce el mayor de los sustos, casi más que un grito o un descuartizamiento.

Ante las imágenes estáticas el espectador constantemente recorre con la mirada todos los puntos del escenario, porque nunca se sabe de donde va a venir el percance, una tensión que poco a poco se va condensando hasta que sucede (y se da un brinco). Sin embargo el miedo producido por la cámara shacky es el de la empatía, el de la persona que recorre un pasillo oscuro y de repente es atacada. Un tipo de terror visceral y efectivo no utilizado hasta el desarrollo de la shaky camera para la ficción. Un nuevo modelo de cinematografía, más humano, que aparentemente rehúye de la alambicada tecnología 3D (aparentemente, ya que los efectos especiales en estas películas también se realizan con ordenador). Un cine que no sólo permite una mayor identificación del espectador con los personajes sino, también, la ilusión de que cualquiera con sus propios medios podría haberlo hecho.

Un Comentario

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