Mi amiga Pong Pong

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El arte se democratiza, aparentemente. Las leyes ponen alfombra al principio de igualdad de oportunidades, pero el hombre sigue siendo el rey… Desgraciadamente, la mujer que quiere abrirse camino en las artes escénicas todavía tiene que ponerse el casco de aguerrida luchadora. Aquí y en Taiwán.

Por LUCÍA MIRANDA

Pong Pong tiene treinta años, como yo. Bueno, en realidad no se llama Pong Pong, ese es el nombre que se ha inventado para que los occidentales lo podamos pronunciar. Yo me llamo Lucía, pero en verdad ella me llama Lu Lu.

Pong Pong dirige una compañía de teatro, como yo. Dice que en su país el teatro es un mundo de hombres, donde la mayoría de los centros públicos están dirigidos por hombres. En el mío, le digo, ocurre un poco lo mismo, también.

Ser directora de escena en su país es raro, lo común es que cuando dice que trabaja en el teatro, le pregunten ¿actriz? y ella diga que no, que directora. Con mucho pudor, como con vergüenza. Yo le digo que a mí me sucede lo mismo y que en mi país hay muchas directoras de escena, yo al menos conozco muchas, pero que a veces no sé dónde se meten. Nuestro Centro Dramático Nacional, por ejemplo, programó el año pasado 4 obras dirigidas por mujeres de un total de 28 puestas en escena (2 de ellas eran extranjeras). Este año son cuatro de veinticinco, y una extranjera. En otras profesiones, como la dramaturgia, vamos un poquito mejor.

Pong Pong quiere tener hijos, pero no sabe cómo va a seguir con la compañía, con los viajes, con las jornadas de 14 horas, sin vacaciones y sin fines de semana. Llevándonos a los niños a los ensayos y con un hombre bueno al lado que entienda esta profesión, le digo yo. “Un hombre bueno es difícil de encontrar” decía Flannery O´Connor, pero se encuentra, se encuentra. Yo conozco, le digo, una directora rumana amiga mía, que lleva la niña colgada como un koala en los ensayos y que hace la pausa cuando tiene que dar a la cría de mamar.

Pon Pong me cuenta lo difícil que resulta trabajar con actores hombres, que a veces la toman por el pito de un sereno por ser mujer y ser joven. Yo tengo la suerte de estar rodeada de un equipo de hombres maravillosos, pero sé de qué habla porque acostumbro, cuando trabajo con un equipo que no es el mío, a no decir mi edad hasta que no me conozcan un poco, por si aca…

Pong Pong es de Taiwán. Y yo soy de España.

Y a las dos se nos enrojecen los ojos hablando de estas cosas.

— — —
*Lucía Miranda
es directora de la compañía The Cross Border Project.

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