‘Alicia Alonso o la eternidad de Giselle’, de Mayda Bustamante

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El Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge este lunes 28 de octubre (a las 13 horas) un pequeño homenaje a Alicia Alonso, con motivo del 65 aniversario del Ballet Nacional de Cuba y los 70 años desde que por primera vez ella bailó “Giselle”. En el acto, la poeta y escritora Marifé Santiago Bolaños presentará el libro «Alicia Alonso o la eternidad de Giselle», de Mayda Bustamante, publicado en 2013 por Ediciones Cumbres. Reproducimos aquí el texto de la presentación:

Por MARIFÉ SANTIAGO BOLAÑOS

Empiezo por una tarde de septiembre. Es 2013. El Ballet Nacional de Cuba, de gira por España, estrena “Coppélia” en Madrid cuando se está celebrando, en todo el mundo, el 65 aniversario de la fundación de tan emblemática compañía de danza.

Entre el público, Alicia Alonso. Al entrar en la sala del brazo de su esposo, Pedro Simón, los espectadores se levantan, aplauden. El Arte y sus símbolos, cuando lo son verdaderamente, cuando traen su indicio y el profundo estado de las cosas que nacen, obra así. La ceremonia exige comenzar en pie y festejando la entrada de esa mujer, cuyo secreto se halla depositado en eso que el cuerpo anuncia y está más allá del cuerpo, en la imagen que la memoria retiene solo para sí cuando la belleza se adentra en el oscuro musgo de las cosas. El oscuro musgo de las cosas es la lenta y definitiva sedimentación de la semilla que es flor cuando los pies o los dedos de la mano obran el milagro de la suspensión del tiempo.

En esa tarde que menciono, en el lugar desde el que me sitúo rememorando sensaciones para tratar de escribir lo que ahora escribo, cuando la sacerdotisa Alicia Alonso tome asiento, cuando la luz se hace tenue anunciando la aparición de la vida, una voz informa de que el doctor Coppélius será interpretado, en tan especial ocasión, por el maestro Adolfo Roval. Me emociona el momento extendido desde mi espalda (noto la poderosa sombra de Alicia Alonso detrás) a mis ojos.

Los nombres tienen poder, como lo tiene el gesto cuando regresa de habitar el otro lado. El nombre, Adolfo Roval, que ese día cumple años, levanta el velo que cubre la semilla desde la que da comienzo el mundo, apenas la roza y ya respira, germina, se despierta de su aguardar el acontecimiento. A partir de aquí, todo lo que ocurre va a desarrollarse en el camino sólidamente transparente y cómplice que parte de Alicia Alonso y llega hasta Roval: un hilo sutilísimo que envuelve la forma de todos los que –agradezcámoselo a la suerte– nos hemos reunido allí esa tarde, desde el azar de una elección que acaso no lo sea más que en nuestra creencia. Digamos que la dulzura de ese hilo, como es propio de los hilos mistéricos de los que mitos y otros saberes dan testimonio, acaba enredándonos en experiencias compartidas donde se pone en cuestión cierta lógica insolvente para los asuntos del espíritu. Mientras que en el templo-escenario un científico soñador sueña con darle vida a un pedazo inerte de materia, y la juventud confunde el juego con el sueño, quienes asistimos al rito de tales delicados deseos también hemos suspendido, sin proponérnoslo quizás, el discurrir de las horas, la agenda de cada biografía, elevándonos y también hundiéndonos –por qué no aceptarlo– hasta y en lugares para los que la racionalidad vulgar no tiene planos, a pesar de que es en ellos donde empiezan todos los mapas que le darán sentido al universo.

Una vez Alicia Alonso soñó este momento, lo entregó tras bailarlo. El momento retorna. El ovillo es de Alonso –señora de la miel y el laberinto como lo fue Ariadna– y lo devana el maestro Roval, que es un pedazo de historia en este día eterno. Bailarines y bailarinas se entregan a la consumación benévola del fuego capaz de desterrar a la vulgaridad yerma para darle cabida y palabra a la casa del hoy y del mañana. Es un fuego sagrado con el poder de marchitar el miedo y la desesperanza. En jornadas extremas como esta, la danza convoca los más hermosos fantasmas para que regresen a sellar años y placeres, genio, proyectos y flores. Los fantasmas acuden, disciplinados, invaden de sabiduría las butacas ocupadas por los espectadores, ceden su peso a nuestras manos y algo semejante a la savia de los árboles circula en el teatro.

Hay instantes que dan dignidad a la existencia, señalan rincones sucios y derrotan a la deshonestidad y el egoísmo. La Belleza, escribe el poeta Antonio Gamoneda, no es un lugar al que van a parar los cobardes… Tales instantes, como los regalos que se hacen con amor, no deben olvidarse nunca. Y para que eso sea un hecho han de quedar depositados en un libro.

Esa tarde, decía, hay un hilo mágico que se desliza alrededor de todos los corazones. Con tal clase de latidos ha escrito Mayda Bustamante Alicia Alonso o la eternidad de Giselle. No sé contarles de otro modo qué significan el rigor y el talento ofrecidos al magisterio y la amistad. No sé empezar más que narrándoles esta experiencia porque las páginas que ustedes gozarán, como las hemos gozado sus ya lectores, son parte de esa madeja que comenzaba en los dedos míticos de Alicia Alonso. Una vez, hace este 70 años, de nuevo una necesidad disfrazada, para no violentar, de coincidencia hizo que una muchacha cubana llena de luz y duende cambiara el curso de una historia subiéndose a un escenario para darle cuerpo y alma a la campesina Giselle. Fue tanto el respeto que su danza demostró a aquella joven ingenua engañada en el amor pero capaz, por amor precisamente, de ofrecer su perdón, que Giselle, como se ha dicho, ya nunca moriría porque allí estaba Alicia Alonso para impedirlo. El cuidado de Mayda Bustamante, como autora y como editora de Ediciones Cumbres, de este Alicia Alonso o la eternidad de Giselle, permite cercar ese instante inabarcable en el que se desencadena un proceso creativo que acabará, reitero, revelando la infinita posibilidad de los trayectos que conducen al claro del bosque donde una actitud puede cambiar el mundo, como escribiera María Zambrano.

Alicia Alonso se dejó ser Giselle, se hicieron ambas inseparables compañeras, hasta ser una sola. Recorren juntas, desde hace 70 años, la vasta extensión de la Tierra que, al final, tiene el tamaño del corazón poético. Alonso ha ayudado a Giselle a comprender ciertas mezquindades humanas sin renunciar a la justicia. Por eso es tan conmovedor verla bailar esa danza que, exhausta, la llevará a la muerte, desde donde salvará, sin embargo, a quienes aun creen estar vivos.

Alicia Alonso es más que una soberbia bailarina, más que un modelo mítico de voluntad y arrojo, más que una indiscutible maestra. Es la artífice de un modo de estar en el mundo al que llamamos “Ballet Nacional de Cuba”, una actitud, la Escuela Cubana, cuya aportación a la danza ha merecido, entre otros, el reconocimiento de UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Este libro ha querido contarlo, ha querido señalar, con una forma de estudio erudito que, verdaderamente, lo es, algo que atañe al pensamiento sintiente, a la razón poética: arte para vivir. Fotografías, críticas valiosísimas, estudios e investigaciones académicas, textos de una altura digna de sus autores; no sé, Dulce María Loynaz, Alejo Carpentier o… No, mejor lean el libro, sean parte de él, mézclense con los insignes partenaires de Alicia Alonso, observen sus cuerpos pensantes, recorran con las puntas de los dedos del alma estas páginas y guarden, después, el aroma en los bolsillos del corazón. Siéntense ante ese recorrido que contiene el DVD que el libro incluye. Sean viajeros en esta aventura que dio comienzo hace 70 años, cuando la sibila Alicia Alonso auguró a Giselle, recibió a Giselle por primera vez, fue recibida por Giselle… Todo eso está aquí, en este libro-tesoro al que no podemos más que desearle un día más que la eternidad.

Mis palabras comenzaban con el hilo exquisito que se tendía del pasado al porvenir con serenidad presente. Aquella muchachita cubana de asombroso talento recorría el hilo con la seguridad del funámbulo que, de tanto empeño, es premiado con alas de pájaro o de ángel. Hoy es la hermosa mujer que deja un rastro luminoso a su paso, como cuentan los relatos alegóricos que hacen las estrellas ante las que los poetas alzamos la cabeza en señal de agradecimiento.

Mayda Bustamante ha puesto profesionalidad y alegría a la disposición de cuantos amamos el ballet. También ha invitado, con la amabilidad de la anfitriona inteligente y sensible que es, a cuantos aun no tengan entre sus necesidades básicas e innegociables al Arte de la Belleza hacedora de forma en movimiento. Refiriéndose a su vinculación con Alicia Alonso dice:

Los treinta y ochos años que me han unido a ella en lo profesional, sobre todo en lo humano, constituyen en mi existencia no solo un aprendizaje, sino también una inspiración.

Pides, Mayda, merecer ser considerada una buena discípula. Haber permitido el nacimiento de este libro lo manifiesta.

Acabo con las palabras de la autora de este libro en el mismo: mucha vida para la artista. Alicia Alonso: gracias por existir.

El Espinar, otoño de 2013

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2 Comments

  1. Marifé, no sólo es hermoso sino que compromete mi vida profesional. Después de leerte no podría nunca no estar a la altura de lo que dices de mí.
    Y gracias en nombre de Alicia por todo lo que te provocó esa mágica noche. Estar cerca de ella permite entender la magia en un sentido más real, cercano incluso, pero magia.
    Agradecida por tu comentario a mi libro, un libro que constituye uno de los más importantes actos de amor de mi vida.
    Lo compartiré en cuanto lo leas mañana.
    Mayda, que también fue tu alumna y de la que también desea haber sido una alumna aventajada, puede asegurarte que me has abierto en el terreno intelectual, muchos caminos iluminados por tu sabiduría.
    Mi admiración, y cariño,

    Mayda Bustamante

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  2. Excelente artículo. Gracias Marifé, por esa mirada profunda que va más allá del espejo. Merecido homenaje a quien aún, “en tiempos difíciles» como diría Brecht, apuesta por el conocimiento del arte y su difusión, por la calidad y el rigor de una editorial que debió nacer hace mucho tiempo, pero que ha llegado para quedarse entre nosotros. Larga a vida a Ediciones Cumbres y a su creadora.

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