Lou Reed y Manolo Escobar: insatisfacción y felicidad

Por CARLOS DEL RIEGO

La muerte visitó a dos cantantes con escasas horas de diferencia. Uno siempre aparentaba alegría, el otro siempre parecía triste y disgustado; la producción artística de uno y otro es fiel reflejo de dos trayectorias vitales absolutamente opuestas.

Separados por apenas unos días se han ido dos cantantes, dos hombres que dedicaron prácticamente toda su vida a la música, el estadounidense Lou Reed y el español Manolo Escobar. Tienen eso en común, pero si se profundiza un poco en una y otra personalidad, en una y otra obra, se deduce fácilmente que uno era las antípodas de otro, y no sólo en el aspecto artístico.

Lou nació en la capital del mundo, en una Nueva York donde bullían vanguardias artísticas de todo tipo y donde la experimentación era un valor; junto a ello, la decadencia, las drogas, la sexualidad exacerbada y desinhibida…, en fin, la búsqueda del lado salvaje. Manolo era de Almería y nunca se preocupó por existencialismos ni filosofías, celebraba la vida en cada canción y su máxima causa de inquietud es que su novia fuera a los toros en minifalda. El neoyorquino representaba la rebeldía, el inconformismo, la protesta, la denuncia, la angustia, la letra profunda y doliente, mientras el andaluz se expresaba despreocupado, sonriente, contento, agradecido y transmitiendo mensajes optimistas, banales y con poca enjundia.

La infancia de Manolo, aunque fuera en aquellos oscuros y menesterosos años (nació unos meses después que la II República), parece haber sido razonablemente feliz, por el contrario, la de Lou no debió ser tanto, a juzgar por los esfuerzos que hizo su padre para ‘curarle’ su presunta bisexualidad. Tal vez ahí radique el comienzo de la disparidad, la base de tan distintas formas de afrontar la vida y la música. Luego está, claro, el entorno; en aquella España hubiera sido impensable la protesta y la denuncia, la vanguardia elegante y multicolor, la desinhibición sexual o la experimentación. En Nueva York estaba Andy Warhol y su cohorte marcando los ritmos coloreados de las modas plásticas y musicales; en España resultaba difícil salirse del gris uniforme. Tal vez por eso puede resultar contradictorio que allí donde no había cortapisa para expresión artística y vital, Lou Reed siempre mantuviera tonos pesimistas en sus partituras, y que aquí, donde todo tenía horizontes más cercanos y había que tener cuidado con lo que se decía o cantaba, la melodía casi siempre sonaba dichosa y con escaso pesar más allá del amoroso. Por si fuera poco y para abonar más su tendencia al pesimismo, el autor de Perfect day jamás gozó de reconocimiento en su país. Y la otra cara: como otro factor de su sempiterno buen humor, el que cantaba Viva el vino y las mujeres (su máximo de drogas y sexo) disfrutó el éxito masivo casi desde el primer día.

Echando un vistazo a los títulos y temáticas de Lou Reed se comprueba que el tipo estaba siempre triste, insatisfecho, infeliz, atormentado: Caminando por el lado salvaje, Vicious, HeroinEsperando a mi hombre (camello), Canción triste, Mata a tus hijos… Por contra, Manolo Escobar trinaba con el intrascendente Porompompero, ensalzaba la maternidad con Madrecita María del Carmen, celebraba españolismo con Y viva España y, en fin, contaba con orgullo cómo tenía de reluciente su desaparecido carro; poco existencialismo metafísico, escasa angustia vital, nada de oscurantismos o caídas por el tobogán de la perversión o el vicio. ¿Sería posible imaginar a Manolo Escobar cantando con una mueca de disgusto y a Lou Reed con gesto de alegría?

Al final, ¿cuál de los dos artistas vivió más feliz y satisfactoriamente? Al de Almería se le recordará con una enorme sonrisa en su cara, mientras que es prácticamente imposible ver una foto de Lou Reed en la que esté sonriendo. Cierto que hay mucha gente en el mundo que vibra con el Rock & roll animal o el Transformer y que se horroriza al oír Mi reina gitana (aunque también habrá quien encuentre insufrible al neoyorquino y disfrute con el español), pero música aparte, ¿cuál de los dos pasó una vida más grata y amable?, ¿qué trayectoria por este mundo es más deseable, la del infeliz y atormentado gran creador o la del siempre dichoso e intrascendente intérprete?

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