Stanley Kubrick. “La historia de Mickey, el limpiabotas”

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Por JOSÉ RAMÓN VEGA

Poca gente conoce el pasado fotográfico de Stanley Kubrick, su posterior y genial cinematografía eclipsó para algunos sus primeros años como fotógrafo trabajando fundamentalmente  para la revista LOOK entre 1946 y 1951. Durante ese periodo, Kubrick se hizo un sitio entre los mejores reporteros gráficos del país y sin duda afinó muchas de sus obsesiones por el mimo fotográfico que posteriormente podemos ver en sus filmes.

Todos tenemos en la cabeza alguna instantánea de rodaje de Kubrick, encuadrando la escena a través de la cámara, subido en la grúa, probando diferentes ópticas, preocupado hasta lo inimaginable por la iluminación. Seguro que más de uno conoce la historia del rodaje de Barry Lyndon en donde en su deseo de no utilizar otra luz que no fuese la natural y la procedente de las velas que iluminaban muchas de las escenas de interior, hizo adaptar un mítico Zeiss Planar 50mm f/0,7 que la NASA había desarrollado para el programa espacial Apollo. Ese objetivo tenía que ser el copón bendito, cuántas veces habremos hablado sobre él entre aficionados, solamente el pronunciar su diafragma nos hace salivar con fruición. A lo que vamos, muchas de esas fijaciones y de ese afán de perfección en cuanto a la imagen que desarrolló en su obra posterior, se tuvieron que fraguar en esos primeros años de búsqueda, de intentar sintetizar  en una toma las múltiples formas de abordar una escena que una cámara fotográfica en las manos nos proporciona.

Kubrick era muy joven entonces, apenas 17 años, pero la técnica, la concepción visual del momento fotográfico, el instinto natural de reportero y de cazador gráfico estaban ya sin duda de su lado. Durante esos años llevó a cabo numerosos reportajes sobre la vida urbana de Chicago y New York, el mundo del circo, el  cabaret, los clubs de jazz, el boxeo, etc. Su deseo por acercarse a las historias era tal que disimulaba la cámara siempre que podía, podía estar días seguidos en el metro haciendo la misma línea o frecuentando incansablemente un escenario cualquiera hasta que encontraba su momento y disparaba. Sus fotos documentan como pocas los años de la posguerra y los personajes retratados emanan una veracidad incuestionable.

Una de mis  series preferida es la historia de Mickey, un rubiales  de 12 años que se ganaba la vida como limpiabotas a 10 centavos de dólar. Le vemos en varios momentos de su actividad diaria, tengo leído que Kubrick le siguió durante días a sol y a sombra, lustrando calzado, silbando apoyado en la pared, jugando con sus amigos, saltando una verja, llevando la colada de la familia a la lavandería, posando con sus nueve hermanos, practicando boxeo o mostrando sus queridas palomas en una azotea de Brooklyn. Es una crónica preciosa y precisa de un ser anónimo, uno más de los muchos que este genio de la imagen nos legó.

A sus pies, maestro.

Fotografías de José Ramón VEGA en:
maqroll.shutterchance.com/photoblog

Un Comentario

  1. Me parece fantástico este artículo. No conocía su faceta como fotógrafo. Y en efecto, el reportaje es absolutamente entrañable. Gracias.

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